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13) Václav Havel, el líder del teatro del absurdo

Václav Havel, photo: ČT

Aunque se lo conoce principalmente por ser una de las personalidades más destacadas de la historia checa y el primer presidente de la democracia, no todos saben que Havel desarrolló también una muy importante carrera como dramaturgo. Sus obras, que siguen la línea del teatro del absurdo y fueron traducidas al español, tuvieron una consagración internacional ya en épocas del comunismo y aún hoy se siguen representando

El aeropuerto de Václav Havel en Praga

Entre todos los homenajes y menciones que de manera habitual se le suelen rendir a su figura, quizás baste con decir que el aeropuerto más importante de Chequia lleva su nombre. Todo un símbolo si se tiene en cuenta que Václav Havel es una figura imprescindible de la historia checa, casi tan reconocido a nivel internacional como dentro del país.

Sin embargo, es posible que la mayoría de la gente lo recuerde, sobre todo, por su actividad política: fue uno de los grandes artífices de la disidencia anticomunista, con iniciativas como la de Carta 77, y también el primer presidente de la democracia luego de la Revolución de Terciopelo.
Según la periodista y difusora de la literatura checa Karolína Meixnerová tiene sentido que toda esa labor haya eclipsado un poco su carrera en el mundo teatral.

Karolína Meixnerová, foto: twitter de Karolína Meixnerová

“Es absolutamente lógica esa percepción porque fue en dos oportunidades nuestro presidente, la persona más importante de la política checa y alguien muy querido en todo el país. Durante mucho tiempo su importancia política ensombreció su obra, rescatada sobre todo por algunos intelectuales y literatos. Sin embargo, hoy su legado es tan importante a nivel político como teatral, y también quedan las ideas de sus ensayos”.

Afortunadamente, muchos de sus ensayos fueron traducidos al español como es el caso de El poder de los sin poder, su libro más programático, Sea breve por favor y Meditaciones estivales, escrito poco después de recuperada la democracia. Pero además pueden conseguirse las Cartas a Olga y la mayoría de sus obras teatrales.

Fuente: Atlantis

Karolína Meixnerová realiza un podcast llamado Literární hysterie (Histeria Literaria) sobre grandes autores checos. Hace poco le dedicaron un programa a las obras teatrales de Václav Havel que, tal como explica, cuentan con un lugar destacado en la literatura checa.

“Las obras de Václav Havel son muy interesantes porque llegaron a consagrarse en el extranjero durante la época del comunismo y además son representadas hoy en día, es decir que se trata de obras de verdadera calidad que, dentro de nuestra literatura, tienen mucha importancia”.

Lo que es interesante es que tratándose de un hombre tan ligado a la política y, por ende, a la toma de decisiones se haya destacado justamente en el teatro, tal vez el género literario más afín al plano de las acciones. En efecto, según Meixnerová, una de las características del teatro de Havel es que termina de valorarse en toda su dimensión no tanto cuando se lo lee sino más bien cuando se asiste a su representación.

El manuscrito de 'Las letras a Olga' (Dopisy Olze), foto: Biblioteca de Václav Havel

“No deberíamos leer sus obras para relajarnos antes de ir a dormir, en su teatro resultan muy importantes los actores que representan sus obras porque cada uno añade algo y le da su propia interpretación. A mí me gusta mucho la versión de la obra Audiencia, realizada por el propio Havel junto a Pavel Landovský, que se puede ver en Youtube y recomiendo, y también Vernisagge, que es de la misma época, esas son mis obras preferidas”.

Otra de las particularidades del teatro de Havel es que está muy impregnado por la estética del absurdo. De hecho, algunas de sus grandes influencias fueron Eugène Ionesco y Franz Kafka, un autor por el que sentía gran debilidad.

Foto: Archivo de la Fundación Vize 97

“Está claro que Václav Havel fue un dramaturgo muy importante que se dedicó, sobre todo, a explorar el drama absurdo: amaba a Kafka y en los años sesenta tuvo acceso a las obras de Ionesco que también ejerció mucha influencia en él, a tal punto que decidió seguir esa línea del absurdo”.

El autor rumano inspiró en Havel ese estilo absurdo evidente en algunas de sus obras más famosas, como “Las sillas” o “El rinoceronte”. De El proceso y El castillo de Kafka parece haber tomado, según Meixnerová, la idea de esos protagonistas que deben defenderse de las amenazas del sistema. Algo de eso se traslada a las obras de Havel: sus personajes suelen lidiar contra el absurdo del régimen que, si bien se puede interpretar como comunismo, Havel no lo menciona explícitamente.
Pero además hay una estrecha relación entre sus obras y su propia experiencia de vida, tal como muestra la película Havel que, estrenada hace apenas un mes con dirección de Slávek Horák cuenta, por el momento, con buenas críticas.

La película 'Havel' de Slávek Horák, foto: Bontonfilm

“Sí, Havel usó con frecuencia al personaje de Ferdinand Vaněk en sus obras. Y aunque se lo suele considerar su alter ego, tiene algunos rasgos que lo diferencian. Digamos que Vaněk es algo así como la encarnación de la utopía de Havel, la idealización que hace de sí mismo. Vaněk es Havel pero en un mundo utópico”.

Meixnerová dice que donde mejor puede verse esa relación es también en “Audiencia”, en la que Vaněk trabaja (al igual que Havel) en una cervecería. Y durante una reunión que mantiene con su jefe, él le pide que escriba informes para la policía secreta. Algo que le conviene hacer para satisfacer a las autoridades pero que, pese al enojo de su superior, él rechaza por no querer contribuir ni en lo más mínimo con un régimen que considera tan injusto como absurdo.
Por otro lado, si bien Havel pretendía ejercer ambas actividades a la par, no siempre la política le dejó tiempo y energía para poder dedicarse al teatro.

Audience, Václav Havel y Pvel Landovský, foto: BONTON

“Yo creo que Havel prefería ser dramaturgo, quería escribir, y eso también aparece en la película pero la situación lo fue llevando a aceptar el rol político aunque hay bastantes indicios de que se sentía mejor en la piel del escritor de teatro”.

Václav Havel, foto: Miloň Novotný

Si bien explica que como, todo film, se trata de una construcción, Meixnerová señala que en la película se observa muy bien el contraste con su amigo, el actor Pavel Landovský, alguien en un principio mucho más resuelto en cuanto a la actividad política, que también se destacó como uno de los grandes representantes de Carta 77.

Pero Meixnerová aclara que esa preferencia corresponde sobre todo a la época de la primavera de Praga en 1968 y la posterior invasión soviética. Entiende que es probable que las prioridades fueran cambiando con el correr de los años.

Aunque está bastante convencida de que el rol como dramaturgo de Havel era mucho más inherente a su deseo, mientras que su carrera como político fue algo que terminó adquiriendo por necesidad histórica y también por pedido de sus pares.

Václav Havel, foto: Jiří Jiroutek, CC BY-SA 3.0
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