Checos confían en alimentos ecológicos

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La producción nacional de alimentos ecológicos, también conocidos como bioalimentos, ha crecido el año pasado en un cien por ciento. Cada año sube también el número de los consumidores de estos productos ecológicos. Sin embargo, la oferta aún es reducida y los compradores están poco informados.

La feria de productos alimenticios Salima, celebrada recientemente en Brno, confirmó que el sector de los bioalimentos es el que más ha crecido en la producción agrícola nacional. En 2007 se duplicaron las fincas ecológicas que suministran mercado estos alimentos, cultivados sin sustancias químicas. Sin embargo, los bioalimentos aún escasean en las tiendas checas y según opina la maestra de yoga, Markéta Kombercová, son demasiado caros.

“Los bioalimentos me gustan en lo que se refiere a sus bonitos embalajes, pero no a sus precios que son demasiado elevados. Sin embargo, trato de incluirlos en mi dieta porque creo que están producidos sin sustancias químicas, por vía natural. Por lo menos lo creo, nunca lo he verificado”, dice Markéta Kombercová.

Para recibir la denominación oficial bio, producto de agricultura ecológica, que es la única en el país, el agricultor tiene que seguir las normas rigurosas de la producción ecológica, controladas por el Estado. Sin embargo, la palabra bio en los títulos de productos a veces confunde al consumidor. La maestra de yoga pertenece a la mayoría de los checos que no controlan el origen de los artículos que compran.

“Nunca he verificado si las marcas bio garantizan los productos ecológicos. En principio, confío en que alguien inspecciona los productos y otorga sellos bio. Tampoco he visitado a alguna de las fincas ecológicas, pero me interesaría mucho”, dice Markéta.

Sin embargo, cada año aparecen nuevas tiendas especializadas que garantizan el origen ecológico de los alimentos. Allí suele hacer sus compras la arquitecta Sandra Špačková, porque estos negocios ofrecen una gama de productos diferentes a los de los supermercados comunes, sobre todo la carne ecológica.

“Suelo comprar la carne de bioproducción. Es agradable para mí saber que los animales creados en las fincas ecológicas pueden moverse libremente, que su alimentación son productos naturales y no químicos. Creo que la carne debería ser lo más saludable y con eso me refiero tanto la salud de los consumidores, como a la de los animales”, dice Sandra Špačková.

Según indica la empresa TopBio, que investiga el sector desde el año 2003, la demanda por los bioalimentos crece anualmente, pero la oferta no la consigue satisfacer. El mercado de bioalimentos en la República Checa es fragmentario y en los supermercados, donde la mayoría de los checos suele hacer sus compras, la oferta es muy reducida y el número de tiendas especializadas tampoco es suficiente, según Markéta Kombercová.

“Yo combino los dos tipos de alimentos, bio y no bio. Sin embargo, con mi empleo cuando corro de un lado de la ciudad a otro a veces es difícil pensar donde puedo comprar los alimentos bio y si está en el camino. Preferiría que hubiera más tiendas bio”, opina Markéta.

En comparación con los países de Europa Occidental, la mayoría de los checos aún no conoce las ventajas del consumo de los bioalimentos y no los exige, por ejemplo, en guarderías o escuelas, como ocurre en Italia, donde existe hasta una ley que ordena utilizar los alimentos ecológicos en los comedores escolares. También en Austria es natural preferir estos productos, el 85 por ciento de las austriacos los compra. En la República Checa todavía el grupo de consumidores es pequeño, las estadísticas demuestran que en 2007 cada ciudadano checo gastó en alimentos ecológicos solamente 74 coronas, es decir menos de tres euros. Sin embargo, según los expertos de la empresa TopBio el consumo de los bioalimentos creció en 2007 casi en un 50 por ciento y se supone que la tendencia se mantendrá.

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