Vietnamitas, los otros checos

Khanh
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La comunidad vietnamita en la República Checa es una de las más numerosas, pero también la que encuentra más obstáculos para su integración. Pese a todo, poco a poco y con el empuje de la generación más joven, los vietnamitas van logrando introducirse cada vez con mayor normalidad en la sociedad del país.

Khanh
Solo por detrás de ucranianos y eslovacos, los vietnamitas son la tercera comunidad extranjera más numerosa en Chequia. Pero los vietnamitas, a diferencia de los otros dos grupos, también eslavos como los checos y de cultura cercana y lengua parecida, tienen la particularidad de que proceden de un país situado a 12.000 kilómetros de distancia, bañado por el Mar de China. Otro continente y costumbres y mentalidad en ocasionas antagónicas.

En Chequia hay unos sesenta mil vietnamitas registrados, que sumados a los que se piensa que residen ilegalmente en el país, pueden llegar hasta los noventa mil. Pero hay que contar además con otros vietnamitas, como son por ejemplo Khanh, nacido en Vietnam, pero que han pasado la mayor parte de su vida en la República Checa.

Khanh, que trabaja de programador en una multinacional alemana, cree que la integración de los vietnamitas se está produciendo aunque sea más lenta.

“Los vietnamitas que llegaron antes, llegaron para trabajar. Eran mayores y lo tenían difícil para aprender el idioma. Pero lo que son de tercera y cuarta generación ya tienen las mismas oportunidad porque ya pueden hablar muy bien el checo y ya se integran mejor a la sociedad y también su mentalidad es más como la de aquí. Por eso pienso que van a tener las mismas oportunidades que los checos”.

De hecho, Khanh, natural de Hanoi y que logró un gran nivel de castellano mientras estudiaba de intercambio en España y Costa Rica, reconoce que él y otros como él, o su hermana Quynh, que trabaja como traductora e intérprete judicial, tienen ya más relación con checos que con vietnamitas.

“Estamos más integrados con los checos, pasamos más tiempo con ellos que con la gente de Vietman. Pero no es porque tengamos ningún problema, nosotros nos sentimos igual de vietnamitas, pero trabajamos en compañías checas y desde pequeños estudiábamos en escuelas checas y por eso pasamos más tiempo con checos”.

La mayor parte de los vietnamitas que viven en Chequia tienen menos de 15 años, por lo que Khanh ve claro que la integración total es solo una cuestión de tiempo. Aunque por otro lado reconoce que cuando estudió en las Islas Canarias o Costa Rica, tuvo la sensación de que aquellas sociedades trataban mejor a los extranjeros que la checa. En todo caso, Khanh opina que en todas partes sucede que se recela de los inmigrantes.

“Pienso que la televisión y los medios solo muestran los problemas, pero hay mucha gente que también contribuye a la sociedad. Pienso que la mayoría que de la gente que ha venido aquí solo quiere trabajar para que sus hijos y familias tengan un mejor futuro y una vida mejor”.

El año pasado, el Gobierno ofreció la posibilidad a los extranjeros que lo desearan, un billete de avión gratis de vuelta a sus países y una cantidad de dinero para que empezar su vida de nuevo. Los vietnamitas, a quienes la crisis había golpeado duro (en un solo año pasaron de ocupar 16.000 puestos de trabajo legales a tan solo 3.600), sin embargo no respondieron a la propuesta. De los más de 2000 extranjeros que abandonaron así el país, ni siquiera 300 eran vietnamitas. Khanh considera que es parte del carácter de su país de origen.

Khanh y su hermana Quynh
“Eso lo tenemos en gran parte por las guerras, nunca dejamos nada pasar, siempre luchamos hasta el final e intentamos levantarnos para seguir adelante. Y además regresar no es siempre fácil porque tienen deudas muy grandes en Vietnam. Mucha gente de la que está aquí tiene dinero prestado de su familia y es una vergüenza regresar antes de haberlo probado todo. Casi nadie quiere recibir 500 euros y regresar. No es una solución y por el carácter que tenemos, muy poca gente lo aceptaría”.

Khanh sin embargo asegura que es a él a quien en un futuro le gustaría ir a vivir al lugar de donde salió con diez años para ayudar a Vietnam a desarrollarse con la experiencia que está adquiriendo en Europa.

Aunque la integración de los vietnamitas en Chequia esté en marcha, el camino por delante es aún largo. Sin reconocimiento como minoría y sin una mínima representación política, ninguno de ellos duda en afirmarse como vietnamita incluso en los casos de jóvenes que apenas han podido conocer su país en el Sudeste de Asia.