Una escuela agrícola paraguaya que es un pasaporte para salir de la pobreza

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La Escuela Agrícola San Francisco de Asís, en Cerrito, Paraguay, es una escuela-empresa que combina la teoría con la práctica. El pasado mes de marzo la República Checa, representada por su embajador en Argentina, Štěpán Zajac, firmó un convenio de cooperación en el marco del cual facilitará a este centro de enseñanza secundaria una contribución financiera de 20.800 dólares.

Luis Fernando Sanabri y Štěpán Zajac, foto: www.mzv.cz
El dinero se utilizará para comprar vacas lecheras, mejorar las tecnologías de la planta láctea de la escuela y fortalecer la comercialización de los productos fabricados por los propios estudiantes. Para algunos checos la escuela agrícola paraguaya no es una desconocida. Desde hace más de un año estudian allí dos alumnas de la etnia Chamacoco, descendientes del explorador checo Alberto Vojtěch Frič. Sus estudios son apoyados por la Asociación Checomacoco y sus amigos. Más en la entrevista con Martín Burt, director ejecutivo de la Fundación Paraguaya, que administra la Escuela Agrícola San Francisco de Asís.

¿Cuáles son las condiciones de ingreso para los alumnos?

“Nosotros tenemos una opción preferencial por los pobres. Es decir, admitimos a jóvenes, de muy bajos ingresos, generalmente de menos de dos dólares al día en ingresos familiares, y que tengan vocación para ser emprendedores rurales. Estamos queriendo impulsar el espíritu emprendedor juvenil, pero con los conocimientos y el capital suficiente para que ellos puedan permanecer en las áreas rurales y no venir a las villas miserias y a los asentamientos urbanos precarios. Entonces, las condiciones son venir de familias muy pobres, tener ganas de trabajar en el campo y tener ganas de vivir en un régimen de internado con otros chicos, lejos de la casa, y estar interesados en tener un régimen de estudios que es mitad teoría y mitad práctica”.

Aulas

¿Siguen la carrera de sus alumnos después de que terminen los estudios?

“Nosotros estamos haciendo seguimiento a nuestros graduados. Hemos hecho incluso una asociación de ex alumnos y estamos encontrando casi un 100 por ciento de empleabilidad después de cuatro meses de graduarse de la escuela. Y los chicos que se gradúan de nuestras escuelas agrícolas generalmente tienen cinco destinos. O vuelven a la finca familiar hacer un emprendimiento con sus padres. O son contratados por empresas agrícolas. O van a la universidad, algunos pocos. Otros son contratados como extensionistas agrícolas del gobierno, y otros, finalmente, son contratados como instructores en otras escuelas agrícolas”.

¿Cuántos alumnos han pasado por su escuela hasta el momento?

“Tenemos graduados aproximadamente 500 alumnos, de 50 alumnos por año. Ahora ya obviamente nuestra escuela no puede tomar a todos los chicos de Paraguay. Entonces, nuestro objetivo es desarrollar un modelo fácil de replicar con una metodología transferible para que otras escuelas agrícolas de Paraguay, y de América Latina y África puedan copiar y replicar el modelo. Nosotros tenemos la esperanza de que vamos a tener dentro de poco estas experiencias desarrollándose en unos 50 países de todo el mundo que va a permitir a organismos internacionales a financiar un cambio de paradigma en la educación porque la educación en los países pobres es de muy baja calidad. Y entonces los graduados de las escuelas tradicionales no tienen las capacidades o las destrezas para obtener empleo.

Pabellón de Aulas
Se nos da la paradoja en nuestros países de que hay muchas empresas que no pueden conseguir personal calificado y hay muchísimos jóvenes que no pueden conseguir empleo. Entonces necesitamos resolver ese problema de desempleo crónico. Y esperamos de poder incorporar a personas jóvenes que han sido excluidas del sistema, son las mujeres y los indígenas. Entonces, tenemos alumnos de la parcialidad Chamacoco, también de los Toba-Kom, Nivaclés, Chulupíes, Aché, y se muestra que todos los jóvenes son iguales. Por supuesto que cada uno tiene su cultura, sus valores familiares, y sociales, pero en principio nos encontramos de que uno puede tomar cualquier joven de 15 años, de cualquier nacionalidad, de cualquier grupo social, y tienen el espíritu emprendedor, tienen ganas de progresar, tienen fantasías e ilusiones de superación y nosotros apelamos a ese espíritu dentro de la personas para salir adelante”.

¿Hay mucho interés por su escuela entre los chicos paraguayos, también indígenas?

Huerta
“Sí, tenemos mucho interés. Tal es así que tenemos una gran lista de espera de más de 250 chicos cada año que aspiran a entrar en los 50 lugares que hay para alumnos del primer año. Hay una creciente reputación en nuestra escuela, lo cual se traduce en que tenemos buenos profesores, tenemos alumnos de buena calidad, tenemos chicos de otras escuelas donde hay escuelas agrícolas públicas que también quieren venir a nuestra escuela. Nuestra escuela no recibe ningún subsidio de nadie. Es una escuela 100 por ciento autosuficiente. La escuela tiene un presupuesto de 300.000 dólares al año, y esos 300.000 dólares al año son generados en el campus de la escuela por profesores y alumnos en proyectos didáctico-productivos. Es algo novedoso porque las prácticas son con orientación hacia el mercado. Es decir, no es que los chicos aprenden a hacer queso o a hacer yogurt. Además de aprender ellos venden a los supermercados, entonces aprenden técnicas de comercialización y márketing, técnicas de fijación de precio, técnicas de control de calidad, lo cual hace que cuando se gradúen estos chicos tengan una gran experiencia práctica, además de conocimientos teóricos que les permiten conseguir su primer empleo”.

¿Les ha afectado ahora la crisis económica y financiera?

Vivera

“Un poquito. Porque nosotros vendemos al mercado local entonces nuestros clientes... La escuela agrícola en el Paraguay tiene 15 microempresas en el campus. Una microempresa de vacas lecheras, otra de cabras, otra de tilapias de peces, de cerdos, tenemos producción de miel de abeja, tenemos conejos, una huerta orgánica, frutas, plantaciones se sésamo, de caña de azúcar, de mandioca, de maíz, tenemos una tienda, un pequeño supermercado, un hotelito donde hacemos prácticas de turismo rural. Entonces, esas quince empresas son las que generan los ingresos para que la escuela pueda generar 300.000 al año. Esta independencia del financiamiento estatal ha convertido a la escuela agrícola de Paraguay en escuela emprendedora y empresarial y no una escuela dependiente del presupuesto del Estado”.

¿Me podría explicar qué significa una huerta orgánica?

Estanque de Tilapias

“Nosotros usamos la agricultura orgánica y no la basada en productos químicos, fertilizantes o insecticidas. De esa manera los alumnos aprenden primero a hacer compost. Generalmente la cultura paraguaya es de hacer fuego todas las tardes y quemar toda la materia orgánica que ellos consideraban antes basura, las hojas de los árboles, los restos de comida. Nosotros les enseñamos a los chicos a que todo en la materia orgánica de la escuela se recicla, se composta y sirve como fertilizante para la huerta. De esa manera no usamos fertilizantes químicos, que son caros y potencialmente dañinos sino que usamos fertilizantes naturales. Para resolver el problema de los insectos, de las hormigas, usamos insecticidas naturales que repelen a los insectos dañinos. Eso hace que el chico aprenda a comer bien, no le tenga miedo a la agricultura orgánica y pueda producir algo que en el supermercado tiene un valor superior a un producto no orgánico. Entonces los chicos salen con mucha autoconfianza”.

Cuando los chicos llegan luego a casa y lo explican a sus padres ¿logran convencerlos de que se puede cultivar de otra manera de lo que estaban acostumbrados? ¿Cuál es su experiencia con ello?

Área Administrativa
“Tenemos una buena experiencia con la reinserción de los chicos a sus fincas familiares por dos motivos: Primero que vienen con buenos conocimientos, segundo que vienen con un plan de negocios, un business plan, que ellos elaboraron en su últimos año. Tercero vienen con un préstamo, con una línea de crédito, y cuarto vienen con conocimientos para ganar más dinero. No es que él viene para ocasionar más gastos a la familia, él viene por ejemplo a decirle al papá que con una hectárea de chile picante puede producir más dinero que diez hectáreas de algodón. Y que el truco está en la colocación del chile picante previamente secado al sol en los supermercados y no la venta de algodón a un intermediario que no le va a dar ningún dinero. Esos conocimientos de márketing, esos conocimientos empresariales combinados con conocimientos teóricos es lo que hace el chico contrariamente a lo que sucede en la mayoría de los casos donde hay un rechazo por parte de la agricultura familiar tradicional, hace que los padres acepten a los chicos. Eso nos lleva a nosotros a replantear un viejo mito que hay en el desarrollo: que los chicos pro ser pobres abandonan la escuela. Nosotros creemos que no es así. Estamos viendo que los adolescentes abandonan la escuela no porque son pobres sino porque la escuela es pobre y no enseña nada”.

Más información en www.fundacionparaguaya.org.py