Stalin y Beneš: el juego del gato con un ratón

Stalin

Les invitamos a trasladarse imaginariamente a finales de 1943 cuando faltaba un año y medio para la derrota de Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Los políticos del bando antinazi ya discutían el ordenamiento posbélico de Europa. El presidente checoslovaco en exilio, Dr.Edvard Beneš, veía la garantía del futuro posbélico de su país en una estrecha alianza con la Unión Soviética. Una alianza política, militar y económica.

Por eso Beneš viajó en 1943 a Moscú donde ofreció a los dirigentes soviéticos, entre otras cosas, adaptar el futuro plan de la producción industrial de Checoslovaquia a las necesidades de la Unión Soviética. Propuso también coordinar la fabricación de armamentos para que ambos Ejércitos tuvieran idénticos arsenales.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Checoslovaquia tenía sus aliados en Occidente. Su principal socio era Francia. ¿Por qué deseaba el presidente Beneš que Checoslovaquia se orientase en la posguerra a la alianza con la Unión Soviética?

El mandatario pensaba que Moscú sería el mejor garante de la seguridad de Checoslovaquia en caso de que en el futuro renaciese el expansionismo alemán.

En este aspecto las potencias occidentales, Francia y Gran Bretaña, fallaron estrepitosamente en otoño de 1938 cuando sus representantes suscribieron el Tratado de Múnich, entregando Checoslovaquia a merced de Hitler.

Adolf Hitler
Durante la Segunda Guerra Mundial el territorio checo estaba ocupado por la Alemania nazi. En Eslovaquia gobernaba un Ejecutivo fantoche bajo el patrocinio de Hitler.

El presidente Beneš consideraba que la mejor prevención para que esto no se repitiera sería aliarse a la gran potencia eslava, la Unión Soviética.

Su líder Stalin le parecía a Beneš en 1943 un político confiable. Además, el presidente checoslovaco esperaba que el comunismo soviético se hiciera menos rígido bajo la oleada del patriotismo ruso, renacido en la lucha sin cuartel contra el agresor nazi.

Así, Beneš creía que después de la guerra se implantaría en la Unión Soviética una forma más libre del socialismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Beneš y el gobierno checoslovaco en exilio tenían su sede en Londres. Para evitar un ataque de la aviación nazi, Beneš tuvo que viajar a Moscú a través de África del Norte, Irak y el Azerbayán soviético, desde cuya capital Baku se trasladó a Moscú en tren.

Beneš fue recibido en la capital soviética el 11 de diciembre de 1943 con los mayores honores. Por la noche se celebró un banquete en el Kremlin donde volvió a encontrarse con Stalin después de ocho años.

El líder soviético se acercó a Beneš con una jovial sonrisa y se puso a bromear. En aquel momento nada revelaba en él al dictador que aniquilaba implacablemente a sus colaboradores y que dejó morir en hambrunas a millones de personas

El dictador soviético sabía hacerse afable y gracioso cuando quería captar las simpatías de su interlocutor y así lograr más fácilmente sus objetivos. Utilizó con éxito sus artimañas al negociar con los líderes de la coalición antihitleriana Franklin Delano Roosevelt y Winston Churchill.

Si los dos políticos occidentales más poderosos sucumbieron al encanto de Stalin, lo mismo le pasó a Beneš, con consecuencias nefastas para el futuro de Checoslovaquia.

Beneš se entrevistó con Stalin poco después del encuentro que el líder soviético había mantenido en Teherán con Roosevelt y Churchill. El dirigente soviético no desperdició una sola ocasión para presumir ante el presidente checoslovaco de sus magníficas relaciones con ambos líderes occidentales.

Stalin
Beneš sacó de las palabras de Stalin la conclusión de que el encuentro de la “gran tróika” sentó sólidos cimientos para una cooperación entre Occidente y el Este.

Estaba sinceramente convencido de que nada impedía que se hallase una razonable forma de coexistencia entre el comunismo soviético y las democracias occidentales, a pesar de las diferencias entre sus sistemas e ideologías.

A raíz de esta suposición Beneš trazó su proyecto del futuro de Checoslovaquia como un puente entre el Este y Occidente.

Durante su estancia en Moscú Beneš registró una señal que, aparentemente, apoyaba su tesis de que el sistema soviético estaba cambiando para mejor.

Hasta aquel entonces, la Unión Soviética utilizaba como su himno la Internacional. Durante la visita de Beneš a Moscú el Gobierno soviético anunció que la Internacional sería sustituida por un nuevo himno nacional de carácter patriótico. Según el Ejecutivo, la Internacional ya no reflejaba los cambios sustanciales que se registraban en el país soviético.

Si antes Beneš había tenido algunas dudas sobre las intenciones de los dirigentes soviéticos, las desechó durante su estancia de tres semanas en la URSS. Desde Moscú escribió al político y diplomático checo, Jan Masaryk, que sería un error garrafal considerar como mera táctica los cambios en la política de Moscú, incluido el rumbo a la cooperación con Occidente.

”De la guerra saldrá una nueva Unión Soviética, económica y socialmente un sistema plenamente soviético, pero políticamente totalmente nuevo”, escribió Beneš.

Pocos meses después el mandatario checoslovaco empezaría a descubrir que estaba equivocado tanto sobre la esencia del sistema soviético, como sobre la validez de las promesas de sus dirigentes.

Pero en diciembre de 1943 Beneš tenía todavía plena confianza en Stalin. Así no sospechó trampas en las modificaciones introducidas a petición soviética en el texto del Tratado checoslovaco-soviético sobre la amistad, ayuda mutua y cooperación posbélica. El documento fue suscrito el 12 de diciembre de 1943 en el Kremlin.

A última hora, el Gobierno soviético propuso que la vigencia del Tratado fuese de veinte años, aunque la versión checoslovaca estipulaba sólo el plazo de cinco años.

Winston Churchill
Beneš escribió en sus “Memorias” que no quería prolongar el debate y por eso aceptó la versión soviética. El mandatario no sospechaba que acababa de asumir un compromiso muy oneroso.

En 1947, cuatro años después de la firma de dicho tratado, Stalin invocaría este documento para prohibir a Checoslovaquia la participación en el Plan Marshall para la reconstrucción posbélica de Europa. El dirigente soviético argumentaría que sumarse al plan sería como participar en una coalición dirigida contra su país.

Durante su visita a Moscú, el presidente Beneš consideró oportuno informar a los dirigentes soviéticos sobre sus opiniones acerca del arreglo de los asuntos internos en la Checoslovaquia de posguerra.

Beneš se imaginaba que cuando Stalin y su ministro de RR EE, Viacheslav Molotov, escuchasen que planeaba gestionar Checoslovaquia según los principios socialistas, la Unión Soviética le ayudaría a ajustar cuentas con Alemania y Hungría que se habían apoderado del territorio checoslovaco.

Viacheslav Molotov
Al referirse a la planeada expulsión de los sudetoalemanes de Checoslovaquia, Beneš enfatizaba que este acto sería “ el inicio de una amplia revolución social”, ya que las empresas expropiadas a los alemanes no pasarían a propietarios privados checoslovacos sino que serían nacionalizadas, al igual que las grandes empresas checas y eslovacas.

En el transcurso de las conversaciones, Stalin y Molotov hicieron hincapié en que tales cuestiones no les atañían ya que eran asuntos internos de Checoslovaquia.

Beneš quedó impresionado. Escribió, entusiasmado, a Jan Masaryk que durante las conversaciones no hubo una sola ocasión en que los interlocutores soviéticos no destacasen que no se inmiscuirían en la evolución de la Checoslovaquia posbélica.

De parte de los dirigentes soviéticos fue una farsa. El presidente Beneš se la creyó, lamentablemente. Terminada la guerra, Stalin pisoteó todas las promesas de la no injerencia y transformó Checoslovaquia en un satélite soviético.

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