Los traductores, esos narradores de fondo

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El Centro Literario Checo acoge este mes como residente a la traductora española Patricia Gonzalo de Jesús, que nos contó cómo fueron sus inicios en el estudio de las lenguas eslavas y nos ofreció su punto de vista de la traducción.

Patricia Gonzalo de Jesús, foto: archivo personal de Patricia Gonzalo de Jesús
La trayectoria de Patricia Gonzalo de Jesús incluye grandes autores checos como Arnošt Lustig, Karel Čapek y Jiří Kratochvil. Pero en sus inicios, esta traductora, una de las pocas mujeres que traduce del checo al español en la actualidad, no se adentró en las lenguas eslavas a partir de este idioma.

En Radio Praga Internacional hablamos con Patricia Gonzalo de Jesús, que se encuentra este mes como residente en el Centro Literario Checo.

Licenciada en Filología Eslava por la Universidad Complutense de Madrid en la especialidad de Lengua y literatura checa y eslovaca, Patricia empezó con el ruso, que era el idioma obligatorio. Pero con el tiempo fue aumentando su interés por las lenguas eslavas occidentales, algo que confirmó tras su estancia de Erasmus en Eslovaquia.

“En Filología Eslava en la Universidad Complutense tienes ruso como lengua obligatoria y después tienes que escoger una segunda lengua eslava. En el programa de estudios teóricamente teníamos checo, pero no había profesor en aquel momento. Entonces, las opciones que había eran búlgaro, polaco y eslovaco. Y yo escogí eslovaco, y mi estancia de Erasmus fue en Eslovaquia, en la Universidad de Nitra. Y ahí ya decidí que me especializaba en eslovaco y que el contexto centroeuropeo era el que me interesaba más”.

"Pienso que para ser traductor hay que tener activados al 100 % tu talento lingüístico y creativo, pero desactivado por completo tu ego, en la medida de lo posible".

Durante toda la carrera, estuvo centrada en el eslovaco y el ruso, pero el último año llegó una profesora de checo y decidió probar la asignatura. Su aproximación al idioma checo se volvió más intensa cuando, tras acabar los estudios, obtuvo una beca del Ministerio de Educación de la República Checa para estudiar un año en la Universidad Carolina.

Como señala Patricia Gonzalo, una vez que ya estaba iniciada en el eslovaco, habría sido una pena no adentrarse en la lengua y la literatura de una sociedad tan cercana a la eslovaca.

Una oración por Kateřina Horowitzová de Arnošt Lustig, fuente: Impedimenta
“Yo originariamente soy eslovaquista, lo que pasa es que luego el contexto histórico, social y político es común y me parecía absurdo desaprovechar la oportunidad de conocer ambas lenguas y ambas culturas, si es que podemos decir que son dos culturas distintas, que no estoy segura. Obviamente son dos idiomas y dos tradiciones literarias distintas, pero culturalmente han estado muy unidos, entonces me parecía que tenía sentido intentar conocer los dos”.

Pero a su dedicación final a la traducción también ayudó la coyuntura en la que se encontró al terminar sus estudios. En un principio, Patricia Gonzalo había sentido atracción por la edición, materia sobre la que hizo un máster. Sin embargo, justo en ese momento algunos de los traductores más clásicos del checo al español se estaban alejando de los focos, mientras que la demanda de los editores seguía existiendo.

“Justo se estaban retirando algunas de las traductoras de checo de toda la vida. Monika Zgustová decidió que dejaba de traducir a tiempo completo para dedicarse a su propia obra, Clara Janés estaba con otras cosas, Fernando Valenzuela ya traducía mucho menos. Pero seguía habiendo subvenciones del Centro Literario Checo, seguía habiendo editores interesados en literatura checa”.

"Interpretas doblemente, interpretas la obra, porque tienes que ser el mejor lector posible de esa obra, pero a la vez eres el intérprete al intentar reproducirlo en tu idioma”.

Tener el encargo de traducir a Karel Čápek no parece la mejor bienvenida para una traductora que estaba empezando, pero en esa situación se vio Patricia en su primera traducción literaria checa. El libro en cuestión era nada más y nada menos que “La Krakatita”, una obra de ciencia ficción llena de referencias tecnológicas.

Otro de los libros que le supusieron un reto fue “En mitad de la noche un canto”, de Jiří Kratochvil, indica Patricia Gonzalo.

“Ya empezar con Čápek, que de por sí tiene un estilo peculiar, y encima con un libro de ciencia ficción con todos esos detalles técnicos y el lenguaje de entreguerras, pues para empezar fue difícil. Luego, como difícil, diría que el libro de Jiří Kratochvil “En mitad de la noche un canto” fue un reto. Como es un libro posmoderno, toda noción de autoría queda descompuesta. Aparte, utiliza un lenguaje bastante peculiar y el dialecto de la ciudad de Brno. Además, está encuadrado en la época a partir de la posguerra hasta los años 60 y 70, así que de nuevo tienes que documentarte sobre la época y sobre el dialecto específico que está utilizando”.

Dejar el ego a un lado

Patricia Gonzalo de Jesús, foto: archivo personal de Patricia Gonzalo de Jesús
En su manera de enfocar el arte de la traducción, Patricia resalta ante todo la generosidad intelectual que supone, ya que el traductor debe dar forma a la obra de otra persona en su idioma al mismo tiempo que interfiere lo menos posible en ella. Hay que ser, asimismo, un buen intérprete, tanto a la hora de leer como a la de reescribir, indica.

“Yo siempre digo que la traducción es una actividad performativa, en el sentido de que tú como traductor eres un poco intérprete. Interpretas doblemente, interpretas la obra, porque tienes que ser el mejor lector posible de esa obra, pero a la vez eres el intérprete al intentar reproducirlo en tu idioma”.

Krakatit de Karel Čapek, fuente: Československý spisovatel
Y muy importante, es necesario ser consciente de que el traductor trabaja para el autor. El ego no debería entrometerse demasiado en la labor de la traducción.

“Pienso que para ser traductor hay que tener activados al 100 % tu talento lingüístico y creativo, pero desactivado por completo tu ego, en la medida de lo posible. Y ser muy consciente de que tú estás ahí como medio para trasladar a tu propio idioma otra voz”.

No obstante, Patricia reconoce que cada traductor tiene un trasfondo diferente y es difícil que su forma de pensar y su forma de hablar no quede plasmada en alguna parte. La clave está en reflejar lo más fielmente posible el pensamiento del autor.

Por otro lado, a las dificultades ya de por sí inherentes a la traducción se suman las propias de cada idioma. El checo, y en gran medida las lenguas eslavas, tienen las suyas y Patricia Gonzalo las conoce de sobra.

En mitad de la noche canto de Jiří Kratochvíl, fuente: Impedimenta
Por ejemplo, en checo existen verbos que manifiestan matices que en español no pueden expresarse con una sola palabra. Entonces, no es de extrañar que las traducciones del checo suelan tener más páginas en español.

“Las formas verbales tienden a ser muy sintéticas, y hay muchos verbos que cuando los traduces al español los tienes que desarrollar en perífrasis o incluso en frases enteras a veces. Hay verbos que por medio de prefijación y sufijación adquieren determinados matices y que eso en español de forma sintética no lo tenemos, con lo cual tienes que buscar la perífrasis verbal o perífrasis general con la que conseguir el mismo significado o el más aproximado”.

Pero al fin y al cabo, estos son los detalles que hacen de esta actividad un arte más, y que requieren de los traductores tener buenos conocimientos lingüísticos al mismo tiempo que ejercitan su capacidad como lectores y como (re)escritores. Pues es su voz la encargada de trasladarnos los pensamientos de otros artistas.

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