Los primeros oyentes tuvieron que abrirse camino a través de una tupida selva burocrática

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Las emisiones regulares de radio se iniciaron en Checoslovaquia el 18 de mayo de 1923. La estación Radiojournal fue la segunda de Europa, después de la BBC, en difundir diariamente sus programas. Su audiencia fue al principio muy escasa porque obtener el permiso para escuchar la radio era más difícil que conseguir de las autoridades una licencia para portar armas.

Las autoridades checoslovacas consideraban la radiotelefonía como una esfera de interés estatal y vigilaban rigurosamente a todas las personas que se interesasen por la transmisión inalámbrica de la voz. La radio era sencillamente un medio de comunicación estratégico desde el punto de vista militar.

Antes de que empezase a transmitir diariamente la estación Radiojournal en mayo de 1923, en el éter ya sonaron voces de militares checoslovacos en emisiones experimentales.

Las emisiones radiales experimentales nacieron en la estación inalámbrica militar de la colina de Petřín, en Praga, instalada un mes después de la proclamación de la Checoslovaquia independiente en octubre de 1918. Al ensamblar la estación, los técnicos militares utilizaron una antena y un equipo de recepción con los que se habían hecho en dramáticas circunstancias en el aeródromo de la ciudad de Cheb, en el extremo occidental de Bohemia.

Los vecinos alemanes de Cheb, que no estaban dispuestos a conformarse con el surgimiento de Checoslovaquia, abrieron fuego a los militares checoslovacos cuando éstos empezaron a desmantelar la antena.

La estación inalámbrica de Petřín servía al principio para la transmisión de señales Morse. Pero, por casualidad, en la misma prestaba servicio militar August Žáček, de 29 años de edad, jefe del laboratorio de Física de la Universidad Carolina, de Praga.

A este cienfítico se le ocurrió incorporar al pequeño emisor de la estación militar un auricular de teléfono. Después se marchó a su laboratorio en la universidad y encendió un rudimentario equipo de recepción. Para su gran satisfacción escuchó el canto de sus colegas, acompañado por un violín. Así se realizó en 1919 la primera transmisión de voz y de música, pero sólo para los militares.

El 28 de octubre de 1920 los oficiales de la estación inalámbrica de Petřín prepararon un programa literario y musical con motivo de la fiesta nacional checoslovaca. El jefe de la estación militar actuó como moderador y un colega suyo tocó al piano. En el programa de una hora se presentaron dos cantantes invitados.

Del programa pudieron disfrutar sólo los militares que estaban de guardia en las estaciones inalámbricas y unos oyentes clandestinos porque la radiotelefonía era todavía algo supersecreto. En una aldea checa los gendarmes llegaron incluso a investigar a un panadero que había intentado captar las emisiones en un aparato de galena.

En 1922, el Ministerio de Defensa checoslovaco decidió finalmente presentar la radiotelefonía al público. Durante la Exposición Agraria, celebrada en Praga, el emisor de Petřín transmitía la actuación de una banda militar y música de discos. La emisión era captada en un pabellón de la muestra por un aparato de galena del cual el sonido pasaba a diez pares de auriculares. Además, los visitantes podían disfrutar de la transmisión difundida por un altavoz.

El 18 de mayo de 1923 empezó el uso civil de la radio en Checoslovaquia. En el éter entró con sus emisiones diarias la estación Radiojournal que transmitía desde el aeródromo de Kbely, en las afueras de Praga.

De la gestión del uso civil de la radio fue encargado el Ministerio de Correos y Telégrafos que lo hizo al principio con criterios militares. Parece que los burócratas ministeriales veían en cada radioescucha un potencial espía, dispuesto a captar en su receptor instrucciones de los servicios secretos extranjeros.

Los trámites para obtener la licencia de radioescucha eran complicadísimos. La solicitud, acompañada por los certificados de domicilio y de antecedentes penales, se entregaba primero a la compañía Radiojournal. Ésta apuntaba qué tipo de receptor se vendería al oyente. Radiojournal tenía el monopolio de venta de radios.

Si el radioescucha quería captar las emisiones en otro tipo de receptor que el oficialmente aprobado, tenía que presentar un plano detallado del edificio en el que estaría instalado el aparato, y de sus alrededores. Obviamente, no podía faltar el esquema del receptor.

La solicitud pasaba de Radiojournal al Ministerio de Correos que verificaba los datos de la misma, incluida la militancia política del solicitante. Los trámites duraban entre dos y tres meses porque las autoridades necesitaban ese tiempo para aquilatar si el solicitante era lo suficientemente confiable como para manejar un aparato que hasta entonces había sido utilizado sólo por militares o por espías.

La licencia de radioescucha era denegada si en el perfil del solicitante aparecía la más pequeña “mancha”. Se registraron casos cuando el Ministerio de Correos canceló una licencia ya concedida porque un vecino había delatado a cierto oyente por una infracción inventada.

Las condiciones de licencia eran tan rigurosas y complicadas que el radioescucha podía fácilmente incurrir en una infracción.

Al solicitar la licencia, el oyente asumía el compromiso de utilizar su aparato de radio sólo para captar los programas de Radiojournal. En caso de recepcionar otras emisoras, al radioescucha estaba prohibido hablar con otras personas sobre el contenido de sus programas.

Las autoridades se arrogaban el derecho de invadir la privacidad del radioescucha ya que podían controlar el aparato de radio en su domicilio. Si se negase a abrir la puerta de su casa, perdería la licencia.

El radioescucha asumía el compromiso de pagar anualmente a la Administración de Correos y Telégrafos una tarifa de 60 coronas. Además, Radiojournal le cobraba cada mes 100 coronas. Eran tarifas prohibitivas. Por la suma abonada mensualmente a Radiojournal podían comprarse cinco kilos de carne.

Debido a las trabas burocráticas que tenía que sortear el futuro radioescucha no extraña que el primer abonado a la radio fuese un jurista.

El consultor jurídico de la Cámara de Comercio de Praga, Dr. Emil Lachout, residente en la localidad suburbana de Řevnice, obtuvo la licencia para instalar y operar un receptor de radio, firmada el 5 de septiembre de 1923 por el ministro de Correos.

El titular de este departamento estampó su firma también en otras seis licencias, otorgadas el 1 de octubre de 1923. En la lista de los primeros siete abonados de la radio había tres dueños de fábrica y dos ingenieros. Uno de ellos era Vladimír Petrof, dueño de la fábrica de pianos de Hradec Králové.

A finales de 1923 había 47 abonados a las emisiones de Radiojournal que pagaban las tarifas requeridas. Pero miles de radioescuchas clandestinos encendían cada noche sus aparatos de galena de construcción casera, aunque una ley estipulaba penas de cárcel y 50 mil coronas de multa por la fabricación o tenencia de un receptor sin permiso oficial.

En 1924 el trato excesivamente riguroso a los radioescuchas empezó a suavizarse. Fue rebajado el abono y el Pte. Tomáš Garrigue Masaryk promulgó amnistía a todos los oyentes clandestinos que matriculasen su receptor de galena casero.

Checoslovaquia decidió seguir el ejemplo de Gran Bretaña que había aumentado espectacularmente el número de oyentes gracias a las solicitudes sencillas y al bajo coste del abono.

A finales de los años treinta la Radio Checoslovaca tendría un millón de abonados que pagarían cada mes sólo diez coronas.