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7) Grandes y pequeños se divierten en el Museo de Marionetas de Pilsen

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Pilsen no es solo la capital checa de la cerveza, sino también de los títeres. La fascinante historia de este arte, representado principalmente por Josef Skupa y Jiří Trnka, la cuenta el Museo de Marionetas de la ciudad, que invita a los visitantes a dar rienda suelta a su imaginación y montar sus propias piezas teatrales.

El Museo de Marionetas de Pilsen | Foto: Ondřej Tomšů,  Radio Prague International

El Museo de Marionetas forma parte del Museo de Bohemia Occidental y se encuentra en el mismo centro de Pilsen. La institución abrió sus puertas en 2009, en una casa burguesa de la Edad Media con fachada renacentista que antiguamente albergó un balneario.

Hoy la habitan casi 200 títeres, tanto antiguos como contemporáneos. Veronika Plachá, la comisaria de la parte moderna de la muestra, nos acompaña en un recorrido por la planta baja.

Jana Košová y Veronika Plachá

“La exposición empieza con la historia más antigua del arte titiritero en Pilsen. Tenemos paneles con ejemplos de marionetistas populares y también un ejemplar único: una versión reanimada del teatro del fabricante de galletas de jengibre Čeněk Škoda de finales del siglo XIX, que fue el primer teatro de títeres permanente en la ciudad. Se trata de un modelo creado en base a un negativo que se conservó”.

The Puppet Museum Pilsen

Durante el verano, Čeněk Škoda andaba de feria en feria y en invierno organizaba funciones de teatro. Construyó la escena en la parte trasera de su casa y los niños adoraban las piezas porque actuaba con títeres de medio metro capaces de caminar y también usaba pirotecnia y otros efectos.

Teatro de Čeněk Škoda | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

El teatro incluye las figuras del rey, la reina, un caballero y otros personajes que gozaban de gran popularidad a finales del siglo XIX y principios del XX. La pedagoga del museo, Jana Košová, explica que se trata de títeres originales, de hasta cincuenta centímetros de altura y de más de cien ańos de antigüedad.

“Se trata de personajes básicos, porque los titiriteros nómadas de los siglos XVII y XVIII tenían pocas marionetas para interpretar sus piezas. Fabricar una marioneta era complicado y caro, por lo que hacía falta que las figuras fueran neutrales, con expresiones universales, para que los marionetistas pudieran cambiarles de vestuario y de rol. Una marioneta femenina podía representar una princesa, una reina, una sirvienta o una bruja, por ejemplo”.

Teatro de Čeněk Škoda | Foto: Kateřina Dobrovolná,  Český rozhlas

Según cuenta Košová, estas marionetas de tres dimensiones eran las que los titiriteros preferían, aunque llevaban también títeres planos. Las marionetas se fabricaban de madera de tilo, porque era suave y fácil de tallar. En la cabeza se insertaba un alambre que, a su vez estaba conectado a una barra de control de madera, que se utiliza para manejar la marioneta. De ella salían hilos que estaban conectados a las manos y pies de la figura, de manera que esta podía moverse y contar historias.

Otra parte de la exposición está dedicada a teatros de títeres caseros de principios del siglo XX. Junto a ellos el museo expone una de sus mayores atracciones, el recién restaurado diorama “La boda de las luciérnagas”.

Las luciérnagas | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

El titiritero de fama mundial Jiří Trnka lo creó a sus 27 años con motivo de la Exposición General de Nueva York de 1939. No obstante, debido a la situación política en la Checoslovaquia de entonces, la obra nunca llegó a Estados Unidos.

Jana Košová describe el extraordinario diorama.

Las luciérnagas | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

“Jiří Trnka se inspiró en el libro de Jan Karafiát Las luciérnagas (Broučci). Había ilustrado el libro y el motivo simplemente le encantó. El diorama se llama La boda de las luciérnagas, pero en realidad es una boda de mariquitas. La obra se compone de 57 títeres. Además de mariquitas hay también caracoles, chapulines, plantas… El caso de la plantas es interesante, porque algunas se conservaron en su estado original, así que tenemos aquí plantas y pasto seco de 1939. Otras flores son artificiales, Jiří Trnka las creó en colaboración con una empresa que fabricaba sombreros y tenía experiencia en la creación de decoraciones florales”.

El arte de Karel Novák

Karel Novák | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

Otra de las personalidades importantes del arte titiritero en Pilsen fue Karel Novák, director de un teatro de marionetas que encandiló a multitudes entre 1913 y 1935, según cuenta Košová.

“Pilsen era una ciudad industrial bastante contaminada. Las maestras querían organizar para los niños estancias de recuperación durante las vacaciones y se dirigieron a los marionetistas y actores con la idea de organizar un espectáculo, que ayudara a financiar estas estancias”.

La iniciativa tuvo un gran éxito y como efecto secundario contribuyó a que el teatro de marionetas ganara aún más popularidad. Se sumó también Karel Novák, originalmente un titiritero nómada, con un espectáculo en el que participó toda su familia. Novák se asentó en Pilsen de manera permanente y las funciones de su compañía gozaban de mucha gloria, también porque aparecían en ellas toda una serie títeres diferentes.

Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

El museo cuenta con un modelo mecánico de gran escala del teatro de Karel Novák. En checo se llama ‘Loutkomat’, o máquina de títeres, y ofrece a los visitantes la posibilidad de disfrutar de partes de tres espectáculos, según cuenta Košová.

Jana Košová

“Primero se presentan marionetas de personajes que encontraríamos en un un mercado oriental: encantadores de serpientes, tragasables y tragafuegos. Los títeres eran bastante grandes, medían entre 50 y 80 centímetros para que el público, a menudo de campo, los viera bien. Hoy las marionetas se fabrican de diferentes materiales, pero en ese entonces eran casi siempre de madera, por lo que pesaban mucho”.

Después aparece el buen soldado Švejk, icónico personaje de toda la cultura checa. La pieza, basada en la novela de Jaroslav Hašek, cosechó un gran éxito en el teatro de Karel Novák. Además del héroe principal salen a la escena el emperador Francisco José I de Austria y el capellán castrense Katz.

En la última muestra, el público puede apreciar otras marionetas de varieté como un malabarista y un forzudo con pesas.

Loutkomat | Foto: Martin Pecuch,  Magistrát města Plzně

Karel Novák contaba con un equipo de tallistas que le fabricaban los títeres. Uno de sus integrantes fue Allesi, un checo de origen italiano, conocido por tallar incluso el cabello y la barba de las figuras, elementos que otros talladores preferían pegar. Según cuenta Košová, en aquel entonces aún no existían materiales artificiales, así que se usaba pelo humano o animal.

En el museo de pueden apreciar también otras marionetas de las obras de Karel Novák, como el demonio Beliál que, con 200 años, es uno de los títeres más antiguos de la exposición, o los personajes históricos de Jan Hus y Jan Žižka.

Los icónicos Spejbl y Hurvínek

Josef Skupa | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

En el teatro de Karel Novák empezó alrededor del año 1917 su carrera el talento polifacético de Josef Skupa, quien destacó como artista plástico, director, actor de títeres y autor de marionetas checas tan famosas como Spejbl y Hurvínek, que dirigió y a las que también otorgó su voz.

La comisaria Veronika Plachá contó a Radio Praga Internacional las circunstancias de su nacimiento.

“A finales de 1919 y principios de 1920 apareció en la escena por primera vez la figura de Spejbl. La talló Karel Nosek, siguiendo el diseño de Skupa. Unos seis años más tarde, otro tallista renombrado, Gustav Nosek, creó la marioneta de Hurvínek por propia iniciativa. La pareja se ganó una enorme popularidad. Cuando Josef Skupa abrió su propia escena de marionetas alrededor de 1930, Spejbl y Hurvínek se convirtieron en sus principales estrellas. Las conocían hasta en el extranjero”.

Spejbl y Hurvínek | Foto: Ondřej Tomšů,  Radio Prague International

Después de la guerra, Josef Skupa se mudó a Praga donde fundó el Teatro de Spejbl y Hurvínek, que existe hasta el día de hoy, ofreciendo piezas con la legendaria pareja en la escena.

Cabeza calva, orejas grandes, vestido de frac y con zuecos, la marioneta del extraño payaso Spejbl, totalmente original, apareció primero en cabarets para adultos. Más tarde, Spejbl se convirtió en el padre del travieso Hurvínek. La marioneta del niño además contaba y cuenta con un mecanismo en la cabeza que le permite darle la vuelta a los ojos.

Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

Mientras que de los personajes de Spejbl y Hurvínek sabemos bastante, las propias marionetas son un tema más complicado, dado que, a lo largo de los años, surgió un gran número de copias que aparecieron en el teatro y la televisión. En Pilsen, donde fueron concebidas, no se exponen los originales, sino copias de los años 30 y 40, explica Jana Košová.

“Tenemos en el museo las segundas copias de Spejbl y Hurvínek. No se sabe dónde están los originales. Al principio, Spejbl actuaba en el teatro con papeles más pequeños y a menudo aparecía en escena junto a un perro de verdad, que le saltaba encima y lo desgarraba. Así que la marioneta tuvo que rehacerse varias veces y se desconoce dónde acabó la original. Con Hurvínek es aún más complicado. Supuestamente, el tallista Gustav Nosek se la regaló a alguien y dicen que es posible que haya llegado hasta Moscú”.

Spejbl y Hurvínek | Foto: Magdalena Hrozínková,  Radio Prague International

De acuerdo con Košová es un tema que sigue vivo y si alguien encontrara las marionetas originales, se trataría del descubrimiento del siglo.

La exposición del Museo de Marionetas concluye en la segunda planta, dedicada al arte titiritero contemporáneo, principalmente al teatro Alfa de Pilsen. Los visitantes no solo pueden tocar las marionetas, sino incluso ponerlas en movimiento y ponerse en la piel de los maestros titiriteros.

Según explica Jana Košová, muchos visitantes creen que allí termina el recorrido pero, de hecho, es muchas veces donde empieza. Se trata de la parte más alegre e interactiva del museo, donde los interesados pueden dar paso a su imaginación y montar sus propias historias en los escenarios. Tienen a su disposición diferentes tipos de figuras, desde marionetas clásicas, títeres de guantes u otros modelos. Y pueden quedarse todo el tiempo que quieran, oportunidad que aprovechan con gusto los pequeños al igual que los mayores.

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