Lentes de contacto: un invento invisible y esencial para los ojos

Lentes de contacto blandas, inventadas por el químico checo Otto Wichterle, que cambiaron el mundo de la optometría. Foto: Khalil Baalbaki, Radio Checa

Con ideas del mismísimo Leonardo Da Vinci como antecedente, la invención de las lentes de contacto dio prestigio pero no riqueza al químico y profesor checo Otto Wichterle. Aun así, se trata de un invento fundamental del siglo XX a tal punto que, en la actualidad, su creador integra el podio de los científicos más valorados del país.

Ivana Lorencová,  foto: archivo personal

El de las lentes de contacto probablemente sea el invento checo más importante del siglo XX. Sin embargo, tal como explica Ivana Lorencová, directora del Departamento de Historia de la Ciencia del Museo Técnico Nacional, los primeros pasos de este verdadero hallazgo se remontan varios siglos atrás.

“La idea de hacer lentes de contacto tiene varios cientos de años de antigüedad. De hecho, el gran Leonardo Da Vinci fue uno de los pioneros de esta idea ya a principios del siglo XVI”.

Lorencová explica que la intención de Da Vinci, el hombre renacentista por antonomasia, de corregir ciertos problemas del sistema óptico puede verse en algunas obras que escribió entre 1506 y 1509.
Sin embargo, recién en pleno siglo XX, un químico checo llamado Otto Wichterle lograría desarrollar unas lentes de contacto tan eficaces como confortables. Y, sobre todo, muy parecidas a las que usan millones de personas en la actualidad.

“Otto Wichterle logró fabricar lentes de contacto blandas a partir de un hidrogel que proporcionaba una amplia gama de beneficios en comparación con las lentes de contacto duras hechas de vidrio. Es decir que combinó dos tecnologías diferentes: una lente de contacto dióptrica y la producción y procesamiento de hidrogeles que, hasta entonces, no eran para nada utilizados”.

Otto Wichterle,  foto: Archivo de la Academia de Ciencias

En 1960, junto al químico Drahoslav Lím, Wichterle publicó un artículo sobre hidrogeles nada menos que en la prestigiosa revista científica Nature. Los aportes del hidrogel, que tuvo muchas otras aplicaciones en la medicina, eran múltiples: no era alérgico, ofrecía una enorme elasticidad y, por otro lado, podía retener el agua hasta un estado de equilibrio. Todo marchaba muy bien pero aún faltaba resolver dos cuestiones importantes: lograr que los bordes de las lentes de contacto fueran lo suficientemente blandos para no dañar los ojos de los usuarios y encontrar la forma de producir una cantidad suficiente para utilizarlos en forma cotidiana. Otto Wichterle encontró soluciones en un momento muy particular del año y, en parte, gracias a un juguete de su hijo.

“En la víspera de la Navidad de 1961, gracias a las piezas metálicas del Merkur, que es algo así como el Meccano checo, Wichterle logró montar un prototipo de una prensa de fundición centrífuga e hizo las primeras cuatro lentes de contacto enteramente blandas. Este aparato pasó a la historia bajo el nombre de "čočkostroj" ("aparato de lentes"). Wichterle presentó la solicitud de invención apenas tres días después, el 27 de diciembre de 1961”.

'Čočkostroj'  (aparato de lentes) de Otto Wichterle,  foto: archivo Merkur

Asegura Lorencová que, en su libro de memorias, el propio científico cuenta que tomó prestado de sus hijos ese kit de construcción para dar con un nuevo prototipo de un aparato de fundición de lentes, usando una dinamo de bicicleta como fuente de energía. Ya en 1963 el proceso de fabricación de lentes de contacto estaba completamente aceitado.

“El hidrogel original se convirtió, durante muchos años, en el material esencial para la producción y desarrollo de lentes de contacto, y la mayoría de los materiales actuales son simples derivaciones. Hoy en día, gracias a Wichterle, las lentes de contacto se convirtieron en productos de consumo cotidiano”.

Foto: slavoljubovski / Pixabay,  CC0

Hasta el final

Lorencová asegura que el invento de las lentes de contacto le dio mucho prestigio en el campo científico y, de hecho, se convirtió en el director del recién establecido Instituto de Química Macromolecular en Praga. Sin embargo, ese reconocimiento no tuvo un correlato en sus bolsillos.

“Pienso que en cualquier sistema político más o menos normal Wichterle podría haberse hecho rico. Pero el gobierno comunista no supo apreciar la importancia de este descubrimiento. La Academia Checoslovaca de Ciencias vendió las patentes y licencias a un precio muy poco ventajoso y ¡sin su conocimiento! Fue así que Wichterle prácticamente no recibió ningún rédito económico de esa venta”.

Otto Wichterle,  foto: VŠCHT,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0

Para tener una idea de la injusticia cometida contra Wichterle, incluido en la lista negra del régimen, basta decir que, en 1971, cuando se aprobó la comercialización de lentes de contacto en Estados Unidos, la empresa Bausch&Lomb, que logró alquilar la patente, ganó varios millones de dólares con sus ventas. Para peor, otras empresas estadounidenses al percatarse de su enorme potencial violaron la patente. Eso generó arduas disputas legales, muchas de las cuales transcurrían incluso al margen del propio autor del descubrimiento. Al menos, Otto Wichterle tuvo cierto resarcimiento con la llegada de la Revolución de Terciopelo. Desde 1990 a 1993, ocupó el cargo de director de la Academia de Ciencias. Cinco años después, en 1998, fallecía quedando en la historia como el gran inventor de las lentes de contacto.

“En mi opinión, Otto Wichterle y su invención de las lentes de contacto son muy conocidos en nuestra sociedad. En el podio de los más importantes científicos checos, ocupa el lugar más importante junto a Jaroslav Heyrovský y Antonín Holý".

Ivana Lorencová afirma que, a raíz de ese reconocimiento de la sociedad checa, en los últimos años hubo varias exposiciones dedicadas a este gran descubrimiento. En el Museo Técnico Nacional hay, de hecho, una exposición sobre las lentes de contacto que, además de repasar toda la historia, permite conocer varios modelos de lentes de distintos períodos y, por supuesto, una de esas máquinas de lentes como la que, en 1961, fabricó Wichterle a partir de un juguete que terminaría ejerciendo un enorme influjo en la historia de la ciencia.

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