Jan Hus, el hombre que quiso reformar la Iglesia

Hace 605 años, Jan Hus fue quemado en la hoguera por defender sus ideales religiosos y morales. Su legado influyó considerablemente en la historia checa y europea.

Jan Hus, fuente: public domain

A pesar de que las Tierras Checas pasaban por uno de sus mejores periodos en el siglo XIV y Praga florecía bajo el reinado del emperador romano germánico Carlos IV, la Iglesia Católica atravesaba una profunda crisis que se agudizó con el cisma papal de 1378. Cuando además el sucesor de Carlos IV, Segismundo, dispuso en 1403 que los cristianos europeos no obedecieran bula papal alguna, se creó un ambiente que impulsó los movimientos reformistas.

A nivel europeo, los esfuerzos por la reforma de la Iglesia Católica suelen asociarse sobre todo con el célebre teólogo alemán Martín Lutero. En Chequia, el que marcó la historia fue Jan Hus, cronológicamente un precursor de Martín Lutero.

Jan Hus llegó a Praga en el año 1391, cuando Bohemia era gobernada por Venceslao IV, hijo del famoso rey checo y emperador romano Carlos IV. A sus 20 años, Hus tenía bastante clara su futura carrera profesional: quería ser sacerdote. Para alcanzar su meta, Hus comenzó a estudiar en la Facultad de Artes Libres de la Universidad Carolina. Ya en 1393 consiguió el título de bachiller en teología y tres años más tarde se licenció en artes libres.

Alrededor de 1400 fue ordenado sacerdote y se convirtió en un predicador popular, efectuando sus discursos sobre todo en la Capilla de Belén en Praga. Predicaba en el idioma checo para estar más cerca de sus seguidores. Hus era un personaje carismático que se sabía ganar las simpatías del público y no temía criticar duramente la situación en la Iglesia.

La Capilla de Belén, Praga, foto: Wolfgang Sauber CC BY-SA 3.0
La Capilla de Belén, Praga, foto: Kristýna Maková

En sus ideas reformistas, Hus se oponía a la acumulación de bienes materiales por parte del clero, así como a su influencia en la política. Sus discursos atraían a la gente sencilla al igual que a la aristocracia. Entre los que acudían con regularidad a la Capilla de Belén estaba también la reina Sofía, esposa de Venceslao IV.

Hus reprochaba a los representantes eclesiásticos su manera de comportarse y su baja moral. Se oponía a la supuesta omnipotencia de los sacerdotes que consistía en el derecho de otorgar la absolución de los pecados. Argumentaba que tal derecho sólo lo tenía Cristo. En su obra escrita más famosa 'De Eclessia' incluso advierte a los creyentes que la cabeza de la Iglesia es Jesucristo y que no hay que obedecer al Papa si sus órdenes contradicen la Biblia.

Aparte de estas ideas bastante provocadoras, propuso privar a la Iglesia de sus bienes y repartirlos entre los que más ayuda necesitaban, o sea, utilizarlos para fines caritativos, auspiciados por el mismo monarca y la alta aristocracia.

El año 1408 supuso un gran cambio en la hasta entonces tranquila vida de Jan Hus. En vista de la crisis por la que atravesaba la Iglesia Católica, el Papa editó una bula que prohibía las ideas de John Wycliff, del que Hus se inspiraba en gran medida.

Hus decidió no respetar la orden y siguió difundiendo las tesis del reformador británico, aún después de que el Sumo Pontífice publicara en 1409 otra bula que prohibiera predicar en capillas privadas, como era la Capilla de Belén.

La crisis en torno a Hus culminó en otoño de 1412, cuando el Papa lanzó un interdicto sobre Praga que prohibía la celebración de oficios durante la presencia de Hus en la ciudad. Ante tal medida, Hus se trasladó al campo, concretamente a Kozí Hrádek, en Bohemia del Sur. Mientras Hus permanecía allí, la Facultad Teológica de Praga lo calificó como hereje. Los profesores que antes habían sido sus amigos le acusaron de oponerse a las autoridades eclesiásticas y apoyaron la decisión del emperador greco-romano Segismundo de someterlo a juicio en el Concilio de Constanza.

Jan Hus en Constanza, fuente: la pintura de Václav Brožík

Jan Hus llegó a Constanza con el fin de defender sus ideas, de disputar con los sacerdotes e imponer su verdad, pero fue detenido y encarcelado. Los sacerdotes insistían en que renunciara a sus tesis, pero Hus lo rechazó. El tribunal de Constanza quemó varios de sus libros como símbolo de ‘archiherejía’ y Hus fue condenado a muerte.

El 6 de julio de 1415, Jan Hus fue quemado vivo y sus cenizas fueron arrojadas al río Rin para asegurar que no se conservara ni la mínima huella de su herejía en el Sacro Imperio Romano Germánico.

La Iglesia sostuvo que con la muerte de Hus la situación en el país se estabilizaría. Sucedió todo lo contrario, y la muerte de Jan Hus no hizo morir sus ideas. Su terrible y conmovedor fallecimiento impulsó el surgimiento del movimiento revolucionario de los husitas.

Las luchas de los husitas, que compartían las ideas fundamentales de Hus, mancharon de sangre todo el siglo XVI. Aunque el movimiento de los husitas se fue descomponiendo poco a poco tanto por desacuerdos internos como por intervenciones de sus enemigos, sus actividades e ideales influyeron el curso de la historia en el país y, de cierto modo, también en una considerable parte de Europa.

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