Israel Galván trae a Praga su metamorfosis flamenca

Israel Galván, foto: Tanec Praha

‘La Curva’, del bailaor de flamenco-fusión Israel Galván, es la obra elegida este año por el festival de danza contemporánea Tanec Praha para culminar el evento. La pieza es según Galván, una especie de Metamorfosis kafkiana, una metáfora de la transformación interior.

Póster de Tanec Praha 2016
El plato fuerte de la actual edición del festival de danza Tanec Praha tiene sabor flamenco. El bailaor español Israel Galván pone punto final al evento con dos representaciones consecutivas, este miércoles y este jueves, de su obra ‘La Curva’, en las que mostrará al público praguense su particular flamenco free-style, combinación del estilo más ortodoxo con elementos coreográficos y escénicos más propios de la danza contemporánea.

En la pieza, toda una fusión de géneros y lenguajes, Galván combina baile flamenco con gestos fragmentados, silencios, teatralidad y movimientos de origen vanguardista, inspirados por el flamenco cubista de Vicente Escudero. El acompañamiento musical corre a cargo de la cantaora Inés Bacán, el palmero Bobote y la pianista suiza Sylvie Courvoisier.

Vista desde la distancia, y aprovechando su presentación en la ciudad de Franz Kafka, Galván se da cuenta de que ‘La Curva’ habla de una metamorfosis y que su historia es paralela a la del famoso cuento del autor checo.

“La obra se hizo en el 2010, la hice con otro cuerpo y con otra mente. Y ahora con los años me doy cuenta de que soy en el escenario Gregor Samsa de ‘La Metamorfosis’. Soy el bailaor que quiere metamorfosearse y la familia, digamos, no quiere ver cómo baila. Mi madre, personalmente, y esto es la realidad, no la obra, se tapa la cara. En este caso la familia la representan Bogote e Inés, que son como mi raíz. Por ejemplo Inés me hace bailar más lento, me hace conectar más con abajo, con el mundo. Y Sylvie es mi hermana, que es la que me quiere enseñar el mundo volando”.

 Israel Galván,  foto: Tanec Praha
‘La Curva’ se centra así en las tensiones que se generan entre varios polos. Una de ellas es la surgida de la confrontación entre lo castizo del cante jondo y la universalidad del piano de Courvoisier. La música, afincada en Nueva York, se encontró con el flamenco por primera vez gracias a esta obra, y tanto en estilo como en influencias, es completamente ajena al género, explica.

“Creo que uso mi propio lenguaje, hay muchas inspiraciones, desde Stravinski a Debussy, toco jazz, improviso un montón. Únicamente intento mantenerme al tanto del compás que van siguiendo, de los diferentes compases. A veces hago algunas acotaciones con sabor a flamenco, pero es todo mi propia visión. Sigo la melodía de Inés cuando me uno a ella, pero no intento tocar flamenco”.

El otro foco de tensión es la relación familiar, la necesidad del bailarín de independizarse del entorno familiar pero al mismo tiempo la inevitabilidad de ser quién es debido a sus orígenes. Al igual que Gregor Samsa, transformado en escarabajo, tuvo que sufrir la incomprensión de su familia, Israel Galván, hijo de bailaores y criado en una visión ortodoxa del género, tuvo que enfrentarse a su propio legado cuando optó por abrir su forma de bailar a otros estilos.

“Yo bailo desde muy chico con una familia flamenca muy flamenca, con la que tienes prohibido salirte de los esquemas, es como una religión. Entonces en un momento de mi vida dije que ya no me apetecía bailar ‘bien’, porque tenía la presión siempre de bailar ‘bien’. Y eso me quitó un peso de lo alto: ‘tienes que bailar clásico, tienes que bailar bien, flamenco’. Esto era un peso… que no podía bailar. Entonces decidí bailar por libre, yo mismo. Yo cuando bailo no quiero hacer flamenco, o danza, yo soy tal como soy”.

Flamenco sui generis

Las referencias a ‘La Metamorfosis’ no son casuales. La identificación con el surrealista cuento de Kafka llevó a Galván a realizar en 2000 una pieza del mismo nombre en colaboración con Enrique y Estrella Morente y con la banda de rock Lagartija Nick.

Estrella Morente,  foto: YouTube
De hecho, el bailaor dice encontrarse en un continuo proceso de transformación. Según sus palabras, en su interior van muriendo bailaores y naciendo otros.

“Creo que yo necesito, digamos, regenerarme bailando. Yo cambio mucho de forma de bailar. Seguro que los que me veían bailar hace diez años ven que no bailaba como ahora. Es como que para seguir disfrutando del baile paso por varios ciclos de mente y de cuerpo, porque ya no piensa uno igual”.

Autor de siete espectáculos coreográficos desde 2007, todos con amplia resonancia nacional e internacional, y cada uno distinto y original a su manera, Israel Galván conserva sin embargo una firme base de flamenco que da continuidad a todas sus creaciones. Así, la metamorfosis de la que habla no impide que siga siendo quien es, el hijo de los bailaores José Galván y Eugenia de los Reyes.

“El gesto flamenco, el lenguaje flamenco va en mí. Yo quiero pedir algo y la forma de pedirlo es mi forma, mi genética, la forma donde vivo. Entonces al final te sale todo lo que eres. Yo no tengo que luchar por no ser flamenco, me saldrá solo”.

Todo ello a su parecer no entra en contradicción con el espíritu del flamenco, que destaca por la individualidad y el hecho de que cada artista se apropia del género a su manera, lo hace suyo. Siguiendo con las referencias a ‘La Metamorfosis’, Galván ve el flamenco como un terrario poblado de criaturas singulares.

“Por ejemplo Vicente Escudero es una persona que es como otro bicho raro. Yo creo que en el flamenco hay muchos Kafka, en ‘La Metamorfosis’, y creo que Escudero es un insecto palo. A mí me gusta basarme mucho en bailaores y bailaoras que tienen una personalidad de otra manera. Había un bailaor que se llamaba Enrique el Cojo que era jorobado, era sordo, no podía mover el brazo, y yo lo veía como un escarabajo, morfológicamente. Mi maestro era Mario Maya, que era una mantis religiosa”.

Sudando el miedo

El mencionado Mario Maya, y su Compañía Andaluza de Danza, marcaron el inicio de la carrera profesional de Galván cuando este tenía 21 años. El bailaor despegó con una serie de premios en rápida sucesión, que culminaron en 2005 con el Premio Nacional de la Danza, otorgado por el Ministerio de Cultura.

Ha colaborado con figuras como Vicente Amigo, Manuela Carrasco o Gerardo Núñez. Además de sus obras más vanguardistas, que le han valido amplio reconocimiento internacional, destaca por sus arreglos de danza para obras de música clásica española. En 2006 el filósofo Georges Didi-Huberman publicó un libro dedicado a su trabajo, ‘El Bailaor de Soledades’, en el que interpreta filosóficamente sus forma de bailar y de entender la danza y la música.

Su última obra, ‘Lo Real’, estrenada en 2013, generó actitudes contrapuestas en público y crítica. En Madrid fue silbada, en Ámsterdam el público se puso en pie para aplaudirla. Se trata de una coreografía que trata como tema central el holocausto gitano durante la Segunda Guerra Mundial y que, según Galván, fue muy exigente desde el punto de vista emocional.

Exhibición de Jana Drdácká,  foto: Tanec Praha
“Pasé mi ciclo, yo sudaba mis miedos bailando. En este caso a lo mejor en este caso el miedo a la muerte. Y en este caso como la maquinaria del ser humano puede llegar a lo peor de nosotros mismos de una manera fría. De verdad me llamó la frase ‘cómo se puede bailar eso, es una cosa que no se puede bailar’. Yo no quería hacer esa obra porque no podía bailar con mi conciencia con todos esos muertos. No lo quería hacer hasta que me di cuenta de que la única manera que lo podía hacer era siendo feliz bailando, no siendo amargado, sobreviviendo bailando”.

El espectáculo de Galván no es el único flamenco en estos últimos días del festival Tanec Praha. Este miércoles por la tarde, en la Plazzetta del Teatro Nacional habrá una exhibición gratuita de flamenco al aire libre a cargo de Jana Drdácká.

Autor: Carlos Ferrer
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