El último samurái bohemio

Katana o espada samurái de Jakub Zeman, foto: Juan Pablo Bertazza
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De chico empezó a practicar artes marciales y, de a poco, se fue interesando en la cultura japonesa: aprendió el idioma y viajó varias veces al país del sol naciente hasta convertirse en un experto en katana, la espada samurái. En esta entrevista, además de transmitir su gran pasión, Jakub Zeman revela el posible origen de un vínculo que une a checos y japoneses.

Portada libro Me despertaré en Shibuya de Anna Cima gentileza editorial Nordica

En 1986, con solo seis años, Jakub Zeman empezó karate y, de a poco, se fue interesando cada vez más en la cultura japonesa: afirma que lleva leídos doscientos cincuenta libros sobre el tema, además de estudiar el idioma en el colegio secundario y luego en la Universidad Carolina de Praga. Sin embargo, no es el único checo apasionado por la cultura nipona. Además de un interés cada vez mayor por la tradicional ceremonia del té, el animé y la caligrafía, hace poco se tradujo al español Me despertaré en Shibuya de la escritora Anna Cima, novela que habla precisamente de la fascinación de una checa por Japón y fue elegido mejor libro del año 2019.

Jakub Zeman afirma que el interés es, en realidad, recíproco: tiene un alto componente cultural y, además, viene de larga data.

Jakub Zeman y su katana,  foto: Juan Pablo Bertazza

“Eso significa que a los japoneses les suele interesar, por ejemplo, la música checa: Smetana, Dvořák, Martinů, Janáček, y también hay muchos checos a los que les gusta la cultura japonesa y algunas tradiciones. Además, a finales del siglo XIX, en tiempos del imperio autrohúngaro, el noble Heinrich Coudenhove-Kalergi se casó con Mitsuko Aoyama, una mujer japonesa, así que hay una larga tradición de acercamiento entre checos y japoneses”.

Geishas en Kyoto,  foto: Juan Pablo Bertazza

En aquella época, por supuesto, ese tipo de unión no era algo usual pero ellos lograron acceder a todos los permisos y terminaron viviendo juntos en el castillo de Poběžovice. Por otro lado, el segundo hijo de ellos, Richard Coudenhove-Kalergi, inspiró la famosa película Casablanca y fue el fundador, en 1923, de la Unión Paneuropea que tenía entre sus miembros a Albert Einstein, Franz Werfel y Thomas Mann, y terminó siendo prohibida por los nazis.
Jakub Zeman está orgulloso de ese legado y asegura que, con los años, lo que era su pasatiempo se terminó convirtiendo en su profesión.

“He trabajado como traductor de japonés al checo y del checo al japonés, y luego también como conferencista y curador de algunas colecciones sobre Japón en la Galería Nacional de Praga”.

Cerezos en flor en Tokyo,  foto: Juan Pablo Bertazza

Además, desde el año 2007, Jakub Zeman se convirtió en guía oficial de la ciudad de Praga en idioma japonés. Y participa con frecuencia en distintos eventos de promoción de la cultura, el arte y la historia de Japón. Sin embargo, entre tantas actividades, pudo encontrar también lo que él considera su gran especialidad.

“Me gusta mucho promover la cultura japonesa en mi país de diversas maneras y tuve varias exposiciones pero la mayoría son sobre katana, la espada samurái, que es mi especialidad y también escribo artículos sobre ese tema. Pero además tratamos de cubrir distintos aspectos de la cultura tradicional japonesa”.

Jakub Zeman,  foto: Juan Pablo Bertazza

En esas muestras que suelen tener lugar, por ejemplo, en el jardín botánico de Praga y también en Brno, Zeman enseña cómo utilizar las espadas samurái pero también es posible aprender caligrafía y algunas danzas típicas de Japón. Zeman tuvo el honor de impartir algunas de esas exposiciones junto a Tetsuro Shimaguchi, coreógrafo de las luchas con espadas en la famosa película Kill Bill de Tarantino. También se dio el gusto de conocer en persona al sensei Ichiro Matsuba Kunimasa, uno de los más destacados fabricantes de katana, que lo invitó a Japón para tomar clases con él. Debido a la pandemia Zeman aun no pudo viajar, pero espera hacerlo pronto. Claro que no sería su primera experiencia ya que estuvo ahí… ¡diecisiete veces!

“Estuve tantas veces porque me casé hace veinte años con una japonesa pero además fui también por otros motivos que tienen que ver con el estudio, el entrenamiento y, por supuesto, el trabajo”.

Haikus de Jakub Zeman,  foto: Juan Pablo Bertazza

El primero de esos viajes lo hizo en el año 2000. Recuerda que como había leído tanto sobre Japón antes de viajar tenía miedo de desilusionarse. Sin embargo, afirma que le sucedió todo lo contrario porque, tal como él mismo dice, en Japón todo el mundo encuentra lo que busca.
Zeman explica que el samurái era un antiguo guerrero japonés de origen noble, aunque lo que más le interesa a él es que la mayoría de ellos eran personas muy versátiles que no solo atendían tareas militares.

“El samurái no era solo un soldado sino que también representaba una cultura muy rica: escribía haikus, practicaba la caligrafía, y muchas cosas más”.

Haikus ilustrados de Jakub Zeman,  foto: Juan Pablo Bertazza

Justamente, Jakub Zeman también es poeta y, desde el año 2000, viene publicando varios libros de haikus, poemas breves de tres versos con métrica fija inspirados en la naturaleza o las estaciones del año. Ahora está terminando su primera novela, una ficción histórica sobre Japón ambientada en el siglo XVII. Y a pesar de que, por supuesto, no le resulta fácil escribirla, asegura que mucho más complicado es crear un buen haiku.

“Personalmente, yo creo que hacer haikus es lo más difícil de la literatura”.

Último libro de haikus de Jakub Zeman,  foto: Juan Pablo Bertazza

La razón, asegura Zeman, es que en muy poco espacio hay que expresar pensamientos muy profundos. De hecho, asegura que algunos grandes autores solo consiguen crear un buen haiku por año y entonces se ponen a escribir novelas para subsistir. Zeman prefiere leer clásicos y no tanto lo que él considera autores de moda como, por ejemplo, Murakami. Afirma que la literatura, como cualquier rama del arte, requiere mucha energía y algunos escritores actuales solo quieren volverse ricos y famosos.
En cuanto al Covid opina que, a pesar de las dificultades que se están viviendo en todo el mundo, la pandemia también ofrece una posibilidad y, por lo tanto, una esperanza: la de hacer todo aquello que antes no hacíamos con la excusa de que no teníamos el tiempo suficiente.