El palacio de Náchod

Palacio de Náchod, foto: Archivo de Radio Praga

Si nos fiamos de lo que el historiador Agustín Sedlácek escribió en su monumental obra sobre los castillos y palacios de Bohemia, para llegar al bello palacio de Náchod partiendo de la Plaza Mayor de esa ciudad tendremos que salvar 298 empinados escalones de piedra en medio de un parque natural.

Sólo después de superarlos y llegar al nivel del primer patio seremos capaces de reconocer la grandiosidad del edificio y la magnificencia de su arquitectura, resultado de cinco siglos de estilos artísticos.

Palacio de Náchod, foto: Archivo de Radio Praga
Para proteger el territorio norteño de Bohemia por el que pasaba la ruta comercial que unía a Praga con Polonia, el caballero Hron, de la familia de Naceradec, a mediados del siglo XIII fundó un castillo y simultáneamente la ciudad de Náchod.

Con los siglos el castillo fue cambiando no sólo de propietario sino también de aspecto. La original fortaleza con empalizadas se transformó en una fortificación monumental.

Pero como la imponente sede medieval ya no podía satisfacer las exigencias de la poderosa y rica familia Smirický de Smirice, a la que Náchod había pasado a pertenecer en 1544, de 1566 a 1614 el castillo fue transformado en un cómodo y lujoso palacio de estilo Renacimiento.

Pero poco les duraron la comodidad y el lujo: a causa de la participación de los Smirický en el levantamiento de los estamentos protestantes checos contra el poder imperial en 1620, el emperador Fernando II de Habsburgo confiscó todos los bienes de la familia.

Muy beneficiada de aquella coyuntura histórica salió la noble checa María Magdalena de Lobkowitz: por una suma irrisoria se hizo con el feudo de Náchod en 1623 en favor de su hijo Adam, allegado colaborador del generalísimo de las tropas imperiales, Alberto de Wallenstein.

Pero tampoco a esta familia le duraría la felicidad: cuando Alberto de Wallenstein fue asesinado en 1634 por traicionar al emperador Fernando II, Adam fue asesinado con él. De nuevo el feudo de Náchod fue confiscado.

Por su fidelidad y lealtad a Fernando II durante la Guerra de los Treinta Años, el aristócrata y general italiano Ottavio Piccolomini, duque de Amalfi, recibe de regalo del emperador el feudo de Náchod. De incrementar la capacidad defensiva del palacio con bastiones y de multiplicar su lujo y belleza en estilo barroco se encargan los constructores y arquitectos Giovanni Pieroni y Carlo Lurago, tan famosos y solicitados por entonces en Praga.

Cuando en 1783 se extinguió la familia Piccolomini, Náchod fue heredado por los Desfours y vendido a Petr Biron, duque de Curlandia y de Sagan, personaje al que la escritoria checa Bo"ena Nemcová atribuye la paternidad de la princesa de su famoso libro "Abuelita".

Fueron los Schaumburgo los últimos propietarios de Náchod, y ello desde mediados del siglo XIX hasta 1945, año en que el palacio fue nacionalizado.

El palacio de Náchod, que sigue formando parte del patrimonio del Estado Checo, sirve de sede a varias instituciones culturales de la región de Bohemia Oriental y también con fines turísticos.

De las exposiciones que atesoran los interiores de Náchod cabe decir que son un testimonio fiel del desarrollo de las artes plásticas y del "modus vivendi" de la Europa de los siglos XVII y XVIII. El núcleo de las exposiciones lo integran el mobiliario, las pinturas y tapices oriundos, en su mayoría, de la época de los Piccolomini.

Es una pena que la mayor parte de las piezas que integraban el mobiliario renacentista del palacio original desapareciera sin dejar huellas cuando la primera confiscación del feudo de Náchod a raíz del levantamiento de protestantes bohemios en la Montaña Blanca, en 1620, durante la Guerra de los Treinta Años.

Y precisamente ya al inicio de nuestro recorrido por los recintos del palacio, de recordarnos la trágica época de la Guerra de los Treinta Años se encargan un retrato anónimo del príncipe Ottavio I Piccolomini, de mediados del siglo XVII, y un cuadro con escenas de batallas campales de esa guerra.

Valiosas colecciones de armas blancas y de fuego de los siglos XVI y XVII, así como magníficos grabados holandeses complementan la descripción histórica de aquella época en la que toda Europa guerreaba. Otra de las colecciones de armas expuestas en el palacio de Náchod nos familiariza con la tradicional afición de la nobleza por las partidas de caza.

En los libreros con magníficas taraceas que cubren las paredes de la biblioteca palaciega encontramos centenares de volúmenes de literatura italiana, en su mayoría históricos y de los años 1524 a 1656, llevados a Náchod por el príncipe Ottavio I Piccolomini. Impresionante es también la decoración pictórica del recinto.

Una de las mejores colecciones del palacio la encontramos en su pinacoteca: la integran retratos de los Piccolomini del siglo XVII, que reflejan muy bien la alta posición social de esa familia emparentada con la más alta jerarquía religiosa y secular de Europa.

Pero de los mumentos culturales que se han conservado en el palacio checo de Náchod los más valiosos son las dos series de tapices de Bruselas, del siglo XVII. Ambas series corresponden al ciclo titulado "La vida en una mansión campestre".

De la época en que Piccolomini amplió y reconstruyó el palacio en estilo barroco para convertirlo en una digna sede de su familia y de su numerosa corte en la segunda mitad del siglo XVII, data el ala palaciega destinada a los aposentos y a la capilla familiar.

Pero el salón más hermoso e imponente de todo el palacio de Náchod es la Sala Española, amueblada y decorada en estilo rococó, con fantásticos estucos y un monumental fresco del pintor Scheffler que describe la triunfal entrada del príncipe Ottavio I Piccolomini al Olimpo acompañado por el dios de la guerra.

Y precisamente en la Sala Española concluye nuestra visita del palacio de Náchod, en Bohemia Oriental.

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Autor: Mónica Villegas Gallego
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