Una visita al reino de las marionetas de Chrudim

Foto: www.puppets.cz

En la ciudad de Chrudim, llena de rincones de especial encanto, destaca por su belleza la casa Mydlář, reconocible por su minarete para todos aquellos que se adentren a pie en su centro histórico. Se trata del marco ideal para el Museo de las Marionetas de Chrudim, el reino mágico de los muñecos que soñaban con ser personas.

Casa de Mydlář, foto: Kristýna Maková
La existencia del Museo de las Marionetas se la debemos al profesor Jan Malík, pedagogo, historiador y una de las grandes figuras del teatro checo de marionetas del siglo XX. Malík puso todo su empeño en los años 60 para que la larga y rica tradición titiritera de las tierras checas se viera dignificada con un museo.

Así, aunque en un principio se barajó Praga, el premio se lo llevó en 1972 esta pequeña ciudad de Bohemia Oriental, como nos cuenta la directora del museo Alena Exnarová.

“En Praga no encontraron sitio, pero en Chrudim se había terminado la restauración de la casa Mydlář y el Ayuntamiento ofreció el edificio para albergar el museo. Y lo hizo porque en Chrudim las marionetas tienen mucha tradición, hay compañías locales y desde 1951 se celebra aquí el festival internacional de titiriteros amateur”.

Los fondos del museo se nutrieron al principio de la colección del propio Malík, y más tarde, de todas las compañías de marionetas checas, con destacables contribuciones de títeres extranjeros. En la actualidad, el Museo de las Marionetas de Chrudim sirve de hogar a más de 8.000 títeres, tantos que muchos no encuentran lugar para ser expuestos.

Casa de Mydlář, foto: Kristýna Maková
La hermosa casa Mydlář cuenta con tres plantas y numerosas dependencias, cada una dedicada a un aspecto diferente del mundo de las marionetas. Recorrerlas supone realizar un paseo por la historia de estos fantásticos muñecos, que en las tierras checas cuentan con una tradición que se remonta al siglo XVII.

Fue en aquella época cuando empezaron a llegar al país titiriteros ambulantes procedentes de Alemania, Italia e Inglaterra para ofrecer a los checos un nuevo tipo de espectáculo. La semilla germinó de forma muy fructífera, como nos cuenta Exnarová.

“El teatro de marionetas llegó con los titiriteros ambulantes extranjeros, que enseguida buscaron ayudantes checos porque en el campo la gente hablaba solo checo. Y de esta manera aparecieron las primeras familias de marionetistas checos”.

Pero aunque el museo cuenta con algunas piezas datadas del siglo XVIII, la colección más antigua, situada en el segundo piso, se dedica principalmente al siglo XIX, marcado por la fama de Matěj Kopecký, el llamado padre del teatro checo de marionetas.

B: Aunque ahora las marionetas están marcadas como espectáculo infantil, ese no era el caso de esta primera época, como nos explica Exnarová.

“Los titiriteros ambulantes actuaban sobre todo para adultos, o para un público general. Y de hecho al principio utilizaban el repertorio teatral clásico, con las obras adaptadas a las marionetas. Pero en el último tercio del siglo XIX este tipo de actuaciones perdió importancia y se redujo al ámbito infantil, y eso perdura hasta ahora”.

Las marionetas que moran en Chrudim redundan en los mismos estereotipos: reyes, príncipes y princesas, demonios y bufones. Precisamente, este último personaje, el bufón, puede considerarse un ejemplo perfecto de cómo el teatro de títeres evolucionó a lo largo del XIX.

“El bufón es un personaje del tipo que también existe en otros universos teatrales de todo el mundo. Se dice que su origen está en la India. El bufón en el teatro de marionetas checos ha experimentado una evolución. Antes era sarcástico e irónico y su forma era la de un hombre adulto, tenía bigote, por ejemplo. Pero al infantilizarse el teatro, el bufón se transformó en un niño”.

En la sala de enfrente nos encontramos con una colección de marionetas esencialmente diferente: los muñecos son más pequeños, más simples, con menos articulaciones, y en muchos casos aparecen expuestos en escenarios de cartón de dimensiones muy modestas.

Se trata de marionetas fabricadas a principios del siglo XX y que, a diferencia de sus predecesoras, podían comprarse en una tienda. La directora del museo, Alena Exnarová nos comenta esta nueva etapa.

“El comienzo del siglo XX supuso un renacimiento del teatro de marionetas en las tierras checas. Había muchas compañías y se representaban muchas obras. Este gran interés llevó a que algunas empresas fabricaran marionetas en serie, que después se usaban no solo en el ámbito familiar, sino también en pequeños teatros”.

Estos títeres, que en realidad eran juguetes, no faltaban en el cuarto de los niños de ninguna familia acomodada y además, por la fascinación que creaban entre los más pequeños, eran usados a menudo en las escuelas con fines pedagógicos.

Sin embargo, como muchas otras cosas, esta situación cambió después de la Segunda Guerra Mundial. Los nuevos hábitos de consumo sacaron a los títeres del ámbito doméstico y las compañías ambulantes tuvieron que enfrentarse a la nueva situación política.

Hasta los años 50 era común disfrutar de las representaciones de marionetas en las plazas de los pueblos. Las compañías de marionetistas eran en su mayoría nómadas y llevaban sus espectáculos por toda Checoslovaquia.

Su estilo de vida terminó poco después de la llegada del régimen comunista. Los titiriteros eran en el fondo entidades privadas, que no tenían cabida en el nuevo modelo de estado que se había creado. Las marionetas tuvieron que quedar confinadas en los teatros.

El cambio, sin embargo, permitió al teatro de marionetas dotarse de una mayor complejidad. Comenzó una época de experimentación en el uso de los recursos de escenificación que permite una sala de teatro profesional. Las extraordinarias piezas expuestas del Teatro Naivní de Liberec, que ocupan toda una sala, son una buena muestra de ello. Además, se pueden ver algunas obras grabadas en vídeo.

Otro cambio, también relacionado, como no, con el comunismo, es la influencia que tuvo en Checoslovaquia la escuela rusa de marionetas, como explica Exnarová.

“Hubo un cambio importante relacionado con la llegada del teatro de Sergéi Obraztsov a nuestra república en 1949. Obraztsov utilizaba títeres de peana, es decir, con palitos para mover los brazos y la cabeza. De esta manera se relegó durante bastante tiempo a las marionetas tradicionales con hilos”.

Otra novedad de esta etapa la tenemos en el tercer piso, en una sala iluminada con luz negra. Se trata del teatro luminescente, inventado por el arquitecto František Tvrdek. Se trata de títeres bidimensionales, pegados a modo de relieve en una superficie, y pintados de manera que con luz negra se tornan fosforescentes.

La escena actual del teatro checo de marionetas se caracteriza por su enorme variedad de técnicas y estilos: títeres de guante, de peana, de hilos, de todos los tamaños, a veces con interacción de actores reales.

Pero el Museo de las Marionetas de Chrudim no se limita a la producción checa. En las últimas salas el visitante puede apreciar el teatro de sombras, típico del Sudeste Asiático, y algunos de los mejores muñecos de la colección internacional del museo, con figuras de prácticamente toda Europa y algunos países africanos y asiáticos.

Pero lo mejor viene al final. Al lado de la salida se encuentra la sala de juegos del museo, un escenario de madera especialmente preparado para que los niños jueguen con las marionetas, aprendan a manejarlas y representen sus propias obras, todo con figuras creadas exclusivamente para el museo. Si hay algo mejor que ver marionetas es manejarlas uno mismo.

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Autor: Carlos Ferrer
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