Un partido de hockey precipitó la caída de los partidarios del socialismo con cara humana

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El 28 de marzo de 1969 se enfrentaron en el Mundial de hockey sobre hielo, en Estocolmo, las selecciones de Checoslovaquia y de la Unión Soviética. Para la ciudadanía checoslovaca no fue un mero acontecimiento deportivo. Cuando la selección nacional ganó a los soviéticos por 4:3, una marea humana salió a las calles para celebrar la victoria como una revancha por la ocupación del país en agosto de 1968. Moscú y los neoestalinistas checoslovacos se aprovecharon de los incidentes ocurridos en la noche del 28 de marzo para apartar de la vida política a los partidarios del socialismo con cara humana.

Los funerales de Jan Palach,  foto: Miroslav Martinovský
En los primeros meses de 1969 las fuerzas conservadoras que habían invitado a las tropas soviéticas, esperaban la oportunidad de desbancar del poder a los reformistas de la Primavera de Praga y ocupar sus puestos.

Los neoestalinistas controlaban el Ministerio del Interior. Cuando se reunieron en Praga 250 mil personas para asistir a los funerales de Jan Palach, los conservadores pensaron que había llegado su hora.

Esperaban que el acto fúnebre degenerase en una manifestación violenta, que podría servir de pretexto para endurecer el régimen y acabar con los restos de las reformas democratizadoras de la Primavera de Praga.

Los funerales transcurrieron con dignidad y en silencio. Las fuerzas neoestalinistas tuvieron que esperar otra oportunidad.

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Ésta llegó el 28 de marzo de 1969 cuando en el Mundial de hockey sobre hielo, en Estocolmo, Checoslovaquia disputó su segundo duelo con la Unión Soviética. En el primero había derrotado a la selección rusa por 2:0.

El jugador checoslovaco Jaroslav Holík abrió el marcador a los 14 minutos del primer tercio.

A los 19 minutos Václav Nedomanský marcó otro gol checoslovaco. Después del primer tercio Checoslovaquia ganaba a los soviéticos por 2:0.

Jaroslav Holík,  foto: CTK
En las grandes urbes checoslovacas se producían apagones locales porque la red eléctrica no aguantaba tanta demanda. La radio y la televisión pidieron a la audiencia que desconectase los demás electrodomésticos para que pudieran funcionar los receptores.

El duelo ganó todavía más en dramatismo cuando en el segundo tercio marcaron los soviéticos Jarlamov y Firzov.

En el último tercio la selección checoslovaca recuperó el mando del encuentro, marcando dos goles. La Unión Soviética no logró imponerse, a pesar de haber conseguido todavía un gol.Checoslovaquia ganó por 4:3.

Václav Nedomanský,  foto: CTK
Al término del encuentro algunos jugadores checoslovacos se negaron a tender la mano a los soviéticos como protesta contra la ocupación de su país.

Las multitudinarias celebraciones de la victoria sobre la selección soviética se convirtieron en Checoslovaquia en una protesta política. La gente lanzó piedras y coreó lemas antisoviéticos frente a los cuarteles de las tropas de ocupación.

Incidentes de este tipo se registraron no sólo en Praga sino también en Mladá Boleslav, Ústí nad Labem y otras ciudades donde había guarniciones soviéticas.

La mayor concentración popular se produjo en la Plaza de Venceslao, en Praga. La gente desmanteló primero el espacio ajardinado en torno a la estatua de San Venceslao. Las fuerzas de seguridad lo habían plantado con el fin de impedir que los ciudadanos encendieran velas y colocaran flores al pie del monumento, símbolo de la resistencia nacional.

No todos los que celebraban eran aficionados al hockey sobre hielo. Entre la multitud se movían agentes provocadores. František August, oficial del servicio de inteligencia checoslovaco que emigró a Occidente, indica en su libro editado en EE.UU. el nombre concreto de un agente que dirigía la distribución del alcohol entre los manifestantes.

Hacia la medianoche, un grupo de personas empezó a devastar la oficina de la compañía aérea soviética Aeroflot, en la parte baja de la Plaza de Venceslao. Los historiadores consideran muy probable que el saqueo fuera provocado por agentes de la policía secreta checoslovaca en colaboración con los servicios de inteligencia soviéticos.

Los conservadores necesitaban este incidente para forzar la dimisión de Dubček.

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Todas las fuentes destacan un curioso detalle:

En la tarde anterior al encuentro entre las selecciones checoslovaca y soviética, alguien mandó colocar en la acera frente a la oficina de Aeroflot material de construcción:ladrillos, tubos de andamio y adoquines.

Era un material idóneo también para actos de vandalismo.

Es sospechoso igualmente el hecho de que la policía no vigilara la representación de Aeroflot.

¿Y si Checoslovaquia hubiera perdido el partido ante la Unión Soviética? ¿Se habría montado la provocación en torno a Aeroflot?

Probablemente sí. En este caso el saqueo se habría intepretado como una manifestación de rabia por la derrota y por el partido supuestamente amañado.

En toda la noche de frenéticas celebraciones las fuerzas de seguridad no aparecieron en las calles. El momento de apretar las tuercas llegaría en los próximos días.

La cúpula del Partido Comunista de Checoslovaquia se precipitó a condenar en su reunión extraordinaria los sucesos de la noche del 28 al 29 de marzo de 1969.

A pesar de esta manifestación de lealtad a la Unión Soviética, Moscú dio a entender que ya no tenía confianza en Alexander Dubček. Ya que el líder checoslovaco no era capaz de restablecer el orden en su país, el Kremlin no estaba dispuesto a contar más con él.

A Checoslovaquia fueron trasladados nuevos contingentes de soldados soviéticos sin que el Gobierno fuera informado.

Milovice
En la base militar soviética de Milovice, a 30 kilómetros de Praga, aterrizó una delegación de Moscú, encabezada por el ministro de Defensa, el mariscal Grechko. Su llegada era una advertencia de que el Kremlin sería capaz de recurrir a la fuerza militar y de que sus soldados podrían salir de los cuarteles, diseminados por el todo el territorio checoslovaco.

A principios de abril de 1969 los soviéticos mantuvieron conversaciones sobre el relevo de Dubček con el presidente de la República, Ludvík Svoboda,y el político eslovaco, Gustáv Husák. A pesar de haber sido en los años 50 preso político, Husák era un comunista dogmático y autoritario.

Moscú escogió a Husák para reemplazar a Alexander Dubček porque asumió el compromiso de apartar de la vida política de Checoslovaquia a los partidarios del socialismo con cara humana.

Gustáv Husák
En una atmósfera de miedo e histeria, Alexander Dubček fue desbancado del poder el 17 de abril de 1969.

Durante la Primavera de Praga de 1968, el ala reformista del Partido Comunista de Checoslovaquia, encabezada por Dubček, había rechazado, bajo la presión ciudadana, el modelo soviético.

Tras la llegada de Gustáv Husák al poder se restableció una total dependencia de Moscú.Terminó definitivamente el intento de democratizar el sistema comunista.

Husák conservaría el puesto de máximo dirigente checoslovaco hasta la Revolución de Terciopelo de 1989, tiempo durante el que dirigió uno de los regímenes más retrógrados de Europa del Este.

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