Premysl Pitter salvó muchas vidas infantiles

Jardín infantil para los niños judíos
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En el barrio Zizkov en Praga, al pie de una de las colinas locales transformadas en parque, hay un edificio del que se escuchan voces infantiles. Se trata de un jardín infantil, cuya historia está estrechamente vinculada con Premysl Pitter, gran humanista, pacifista, escritor y educador checo.

En los años 60 y 70 del siglo XX, la abnegada labor del pedagogo checo Premysl Pitter en ayuda a los niños necesitados, fue distinguida por altas condecoraciones estatales de Israel y de la República Federal de Alemania. En la República Checa sus méritos fueron reconocidos recién en los años 90, siéndole otorgada in memoriam la máxima distinción del país, la Orden estatal Tomás Garrigue Masaryk.

Premysl Pitter nació en Praga en el año 1895. Siendo adolescente perdió a sus padres y se vio obligado a afrontar solo la vida. Fue a lo mejor por ello que, poco después de iniciarse la Primera Guerra Mundial, se alistara como voluntario para ir a combatir al frente. Allí, en los frentes ruso e italiano, Pitter fue testigo de los horrores de la guerra, lo que lo impactó. Esas vivencias le llevaron a reflexionar con toda seriedad sobre el precio de la vida, sobre la muerte y sobre el propio sentido de la existencia.

En aquel entonces conoció la obra del escritor ruso León Tolstoi y, a través de ella, algunas citas de la Biblia. Posteriormente estudió profundamente la Biblia, y el evangelio lo marcó para el resto de su vida.

Finalizada la guerra, Premysl Pitter regresa a Praga, siendo ya una persona totalmente distinta. Decide consagrar su vida plenamente al Señor y a los más necesitados e inermes, a los niños.

En los años veinte, Premysl Pitter desarrolla amplias actividades como predicador y educador, realizándose también como escritor de orientación firmemente pacifista. Edita folletos y, posteriormente, crea su propia revista que titula "Fraternidad". Simultáneamente trabaja en organizaciones pacifistas y de defensa de los derechos humanos. En los años treinta Premysl Pitter logra cumplir uno de sus grandes sueños, al crear en Praga la primera casa de refugio para niños y adolescentes. Pronto existirían muchas más.

Con la ocupación de Checoslovaquia por los nazis, a finales de los años 30, comenzó la etapa más difícil de la vida de Premysl Pitter. A diferencia de muchos de sus amigos, se decidió por el camino de una resistencia no violenta contra los ocupantes, lo que más tarde le fue reprochado y le trajo serios problemas.

Durante los difíciles años de la ocupación, Pitter ocultó de los nazis, en sus casas de refugio, a muchos niños de origen judío e incluso a familias judías enteras. Fue perseguido por la Gestapo e interrogado varias veces, pero su ánimo no fue quebrantado.

Al aproximarse el fin de la Segunda Guerra Mundial, Pitter organizó con sus amigos una amplia campaña de ayuda a los niños judíos que regresaban de los campos de concentración nazis tras su liberación y cuidaba de ellos en sus establecimientos. Al mismo tiempo trataba de enterarse del paradero de sus padres u otros parientes.

En esos difíciles tiempos, Pitter brindaba la misma ayuda a los niños alemanes, huérfanos de guerra o que habían pasado por los campos de confinamiento a los que finalizada la guerra eran llevadas familias de origen alemán, sin comprobarse su eventual culpabilidad en los crímenes cometidos durante la conflagración. Así, paradójicamente, en los sanatorios creados por Pitter, llegaban a convivir niños judíos y alemanes.

Esa ayuda se convirtió más tarde en uno de los argumentos para que Pitter fuera acusado de haber colaborado durante la Segunda Guerra Mundial con el enemigo, los alemanes. La labor humanista de Pitter quedó incomprendida, acusándosele incluso de traición a la Patria y de espionaje.

En medio de dramáticas circunstancias, Pitter logró huir de Checoslovaquia y durante algún tiempo trabajó en Alemania como voluntario en los campos de refugiados.

Los últimos 25 años de su vida, Premysl Pitter vivió en Suiza, donde prosiguió sus labores publicitarias y teológicas y simultáneamente cooperaba con organizaciones de exiliados checos en Suiza. También hasta sus últimos días, como humanista convencido, se empeñó por la reconciliación y la convivencia entre checos y alemanes.

Premysl Pitter falleció el 15 de febrero de 1976 en una pequeña ciudad cercana a Zurich. El nombre de ese gran humanista lo recuerda una calle del barrio Zizkov de Praga, cercana a la antigua casa de refugio para niños y adolescentes creada por él y transformada actualmente en jardín infantil.