Hasta siempre y muchas gracias por todo, querido profesor
Cuando ayer comenzó a circular la noticia de su fallecimiento, quienes forman parte de la comunidad hispana en Praga empezaron a darse mutuo consuelo a través de redes sociales y grupos privados. Este gesto demostró, una vez más, que el legado del hispanista e historiador Josef Opatrný no solo reside en sus extraordinarios logros académicos, autorales y docentes, sino, sobre todo, en su calidad humana, que dejó una huella imborrable en quienes lo conocieron.
Desde el momento fatídico en el que, en el día de ayer, comenzó a circular la noticia del fallecimiento el martes pasado de Josef Opatrný a los setenta y nueve años de edad, con esa típica mezcla de incredulidad y certeza —un último intento de negar lo inevitable— con que suelen recibirse esas informaciones, quedó en evidencia la fuerza de los lazos que unen a la comunidad hispana en Praga.
Lazos que trascienden banderas, idiomas y posturas ideológicas, e incluyen, naturalmente, a numerosos checos. A medida que la Universidad Carolina de Praga y el Instituto Cervantes enfrentaban el nudo en la garganta que supone dar semejante noticia, comenzó a ocurrir lo que suele suceder cada vez que una comunidad pierde a un referente: estudiantes que hoy también son docentes, amigos, familiares, conocidos, lectores y admiradores comenzaron a encontrar consuelo en el apoyo mutuo y recíproco.
El agradecimiento en medio de la tristeza
Entre los numerosos reconocimientos y distinciones que recibió Josef Opatrný se destacan la Orden de Isabel la Católica, otorgada en 2002 por el rey Juan Carlos I de España en reconocimiento a su contribución a la difusión de las relaciones culturales; la prestigiosa Orden del Águila, concedida en 2018 por el gobierno mexicano; el Premio Gratias Agit, con el que ese mismo año fue distinguido por el Ministro de Asuntos Exteriores checo por su labor representando al país en el extranjero; y la medalla de plata, entregada en 2020 por la Universidad Carolina, en reconocimiento a su destacada trayectoria en los estudios iberoamericanos. Sin embargo, quizá el más valioso galardón de este brillante hispanista que logró adentrarse en la realidad e historia de prácticamente cada país latinoamericano, sea el profundo espíritu de gratitud con el que sus queridos estudiantes, como Michal Zourek, intentan sostenerse en este momento de tanta tristeza.
“La noticia me golpeó profundamente, todavía no me lo creo. Dejando a un lado a mi familia, Josef Opatrný fue una de las personas que más influyó en mi vida. Gracias a su carisma y actitud me involucré en América Latina, lo que en los años siguientes tuvo un profundo impacto en mi vida profesional y familiar. Durante la dirección de mi tesis y disertación, siempre hizo hincapié en la investigación original de archivos, me ayudó a publicar mi primer libro e incluso escribimos juntos el segundo”.
Es extraño y paradójico pero se trata de un tipo de tristeza no exenta, en algún punto, de alegría, la alegría de haber contado todos estos años con la dedicación y generosidad de un verdadero maestro que también se ocupó de formar y dejar una huella indeleble en muchos extranjeros, como es el caso de Sigfrido Vázquez, un historiador español que se considera abiertamente su discípulo.
“La desaparición del profesor Opatrný para mí es mucho más que la pérdida de uno de los más importantes especialistas en la historia de América, no solo checo, sino uno de los más importantes a nivel mundial y especialmente en los temas referidos al nacionalismo. No es algo que diga yo solamente, así lo constatan los numerosos reconocimientos que ha tenido; pero para mí es mucho más, es la pérdida no solo de un amigo: como siempre decía, medio en broma, medio en serio, el profesor Josef es para mí como mi padre checo”.
Una analogía familiar semejante propone también la hispanista y profesora de español Ivana Kudrnová.
“El profesor Opatrný fue para mí como un abuelito mágico: lo conozco desde que era muy pequeña. Mi propio abuelo me lo presentó hace años en la sociedad iberoamericana en Praga, a donde me llevaba como acompañante. Le tenía mucho cariño por su amabilidad y humanidad, con las que siempre me rodeaba: como cuando me aceptó en Ibero, cuando me examinaba, cuando me entregó el diploma y me dijo que mi abuelo estaría orgulloso”.
El lugar más asombroso de Praga
Así como hubo mucha coherencia en la vida y el abordaje con que Opatrný ponía su lupa en la historia de países como Cuba, México y Argentina; y en las interacciones entre América Latina y Europa, también existen muchas similitudes entre lo que van contando las personas que tuvieron el privilegio de conocerlo y aprender con su ejemplo: las menciones que más se repiten son, nada menos, que sobre su calidad humana, su capacidad extraordinaria de trabajo, su aliento, su generosidad, pero incluso también su perseverancia a la hora de mantener charlas por correo electrónico y la dimensión casi mitológica de su despacho atestado de libros en el Centro de Estudios Ibero-Americanos de la Universidad Carolina de Praga, segundo piso, puerta 207.
“Pero sobre todo me influyó como persona, me encantaba visitar su emblemático despacho que yo consideraba el lugar más asombroso de Praga, debatíamos de muchas cosas, especialmente sobre la actualidad política latinoamericana de la que él tenía un extraordinario conocimiento. Yo admiraba en él una gran pasión por la causa, una abnegación que casi no se ve en los académicos de hoy”.
Agrega Ivana Kudrnová que Opatrný era de esas personas que, lejos de clausurar los vínculos una vez que terminaban los estudios en cuestión, siempre sacaba tiempo de la galera para seguir fomentando las relaciones humanas contra todas las rutinas, obligaciones y compromisos diarios.
“Cada año me enviaba un correo muy amable y algunas veces conversábamos en su despacho que era el mejor del mundo, entre tantos libros y tesoros no había ni dónde sentarse y casi ni se le veía”.
La parte insustituible
Afirma Sigfrido Vásquez que la obra de Opatrný, conformada por libros, escritos, numerosos artículos y entrevistas se conservarán y perdurán en el tiempo, al igual que los proyectos hoy consolidados que él ayudó a crear en el ámbito de los estudios iberoamericanos; todo eso quedará como legado. Sin embargo, considera Sigfrido que la pérdida pasa, en realidad, por otro lado: aquello que, lamentablemente, es insustituible.
“Y lo que hizo conmigo el tiempo en el que viví en Praga, la manera en la que se comportó conmigo, cómo me trató, cómo me cuidó en lo personal también es algo que sé que lo hizo con bastantes personas porque yo creo que lo más destacable, y creo que es la pérdida más significativa, es el valor humano enorme que tenía, su forma de ser, la forma en que nos trataba a sus jóvenes discípulos, la forma de tratar a sus colegas, poniendo siempre a la persona por delante”.
En ese sentido, asegura Sigfrido que, en su opinión, la gran enseñanza de Opatrný fue mostrar una perspectiva totalmente personal del trabajo del historiador, pero también del académico en general, del docente, del colega y del amigo.
Tal vez por ese mismo, más que aventurarse en los logros concretos de su impresionante trayectoria autoral y docente, la mejor forma de hacer justicia a su inmensa figura sea, precisamente, reflejar el amor con que estos continuadores despiden al maestro.
“Profesor Josef, ha sido para mí un ejemplo en lo personal, en la forma en la que hay que tratar al alumno: siempre con el máximo respeto pero también con el máximo cariño y preocupándonos antes por sus vicisitudes personales antes que la formativa porque, en el fondo, una cosa sin la otra no tenía, no tiene sentido”.
“Gracias de nuevo por todo, profesor, y ha dejado una gran obra y mucha gente que lo recordará siempre y eso es realmente muy hermoso.”
“Le voy a extrañar, profesor. Y aquella conversación pendiente, la tendremos algún día”.
La familia del profesor Josef Opatrný ha anunciado que su despedida tendrá lugar el viernes 25 de abril de 2025 a partir de las 13:00 en la Gran Sala Ceremonial del crematorio de Praga-Strašnice.