Max Bahnson, el filósofo cervecero

Max Bahnson
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Max llegó hace siete años a la República Checa, y quizás fue el ambiente cervecero de este país lo que le hizo enamorarse de la bebida nacional. Ahora la Cerveza, con mayúscula, se ha convertido en la principal afición de este argentino, y posiblemente en el futuro, también su trabajo.

Al principio su afición por la cerveza era como la del consumidor ordinario, pero en los últimos cinco años se ha afinado hasta hacer de Max un sibarita que dispone incluso de su propio blog, El filósofo cervecero. Allí publica desde hace dos años críticas gastronómicas y análisis detallados de las diversas cervezas checas. Puede sonar gracioso que alguien sea experto en cerveza, pero realmente la cata de este oro líquido rivaliza incluso con el prestigio del vino, como nos cuenta Max.

“La cerveza, para mí, como bebida es más compleja que el vino. Su proceso de producción es más complejo que el del vino. Y la cerveza tiene una gama de sabores y aromas comparables con los del vino si no más complejos también”.

Según nos cuenta Max, la cerveza checa es líder mundial en calidad, al menos en la variedad Lager rubia, conocida también como tipo Pilsen. Nada que ver con su Argentina natal, donde hace 30 años la cerveza era una bebida minoritaria. Hablando de la tradición cervecera checa, Max nos cuenta que precisamente si no fuera por la cerveza, la identidad checa no se habría preservado hasta hoy.

“De una manera indirecta ayudó a preservar el idioma checo durante los años del Imperio Austro-húngaro. La fe husita y la hospoda eran donde se hablaba checo. El resto, lo que era el Gobierno, la clase alta, las escuelas, se ensenaba y se hablaba alemán. O sea el idioma checo se mantuvo en esos dos lugares: en la familias husitas, que ejercían su fe en secreto, y en las hospodas, las tabernas, donde la gente de clase baja tomaba cerveza y hablaba checo. La gente de clase alta tomaba vino, café y licores”.

La pregunta obligada, que se estarán preguntando nuestros lectores es la siguiente. ¿Qué aconsejaría a quien desee emprender un safari cervecero en la República Checa como turista?

“Yo le aconsejaría que empiece por las dos marcas más conocidas: por Pilsen Urquell y Budvar, por los lugares donde las sirven sin pasteurizar: la stankova. Y a partir de ahí que empiece a explorar, que vaya a una marca que no ha visto nunca, y que se meta en ese lugar y las pruebe. Y que vaya a las microcervecerías, y pruebe lo que es una cerveza absolutamente natural”.

Pero no es bueno que la cerveza esté sola, no sea que se aburra. ¿Y como acompañante?

“Depende de qué tipo de cerveza. La cerveza puede ser tan buen maridaje para comidas como el vino, o incluso mejor en algunos casos. Depende de qué platos estemos hablando. Una cerveza tipo pilsen, lager, světlý ležák, va muy bien con pescados, aves a la parrilla, conejo, o con el clásico plato checo svičková nada se lleva mejor que una cerveza. La comida checa, en general, la tradicional comida checa, va mejor con cerveza”.

Y para terminar, otra pregunta de rigor. ¿Qué cervezas no faltan nunca en el frigorífico del filósofo cervecero?

“Si estamos hablando de cerveza fuerte, me gusta mucho la Pardubický Porter, pero como una cerveza de invierno, la tomo a temperatura ambiente. En casa tengo siempre Svijanský Rytíř o Rohozec. Pero también me gusta tomar Primátor de trigo o Primátor Stout, me gusta la variedad”.

Max Bahnson, aunque actualmente enseña español e inglés, espera poder vivir muy pronto solo de la cerveza. Recientemente ha iniciado la exportación de pequeñas marcas checas a una cadena de cervecerías española y hace poco ha comenzado a organizar degustaciones y recorridos por las principales cervecerías para grupos reducidos de turistas.

Pueden consultar su blog en http://www.filosofo-cervecero.com/