“La ‘tercera vía’ es la vía más rápida al Tercer Mundo III”

r_2100x1400_radio_praha.png

Con este espacio, "Del Totalitarismo a la Democracia", Radio Praga trata de ofrecer un vistazo sobre lo que ha representado el proceso de transición en la República Checa. Este espacio está dedicado a todas las personas interesadas en conocer detalles sobre la transformación checa desde la dictadura comunista hasta la democracia, por lo que creemos que encontraremos muchos radioescuchas en Cuba, donde importantes sectores de la población se preparan también para un proceso de cambio pacífico en la Isla.

Los países que quitaron los obstáculos a la libertad económica de sus ciudadanos también lo solieron hacer para los inversionistas extranjeros. Todos los gobiernos de Europa del Este en principio le daban la bienvenida a la inversión extranjera, aunque varios de ellos rehusaban implementar las reformas que alentarían dicha inversión. En el génesis de las reformas post-comunistas, inversionistas extranjeros desde un comienzo opinaban muy favorablemente sobre la República Checa en lo particular, pero también sobre Polonia y Hungría.

El entusiasmo polaco se capturó en la frase del Presidente Wałęsa: “Quiero que Estados Unidos me mande sus mejores generales: General Electric, General Motors y General Mills”. En 1993, una encuesta de presidentes de grandes corporaciones occidentales reveló lo siguiente: Fuente: Frederick Kempe y Cecilie Rohwedder, “Top Executives Name Czech Republic Most Attractive for Future Investments”, Wall Street Journal, 7 de septiembre de 1993. Los datos se basan en una encuesta del MPG International de altos ejecutivos asistiendo el European Chairmen’s Symposium en Berlín en 1993.

Sin embargo, a pesar de las faltas de libertades económicas, varias compañías internacionales se alinearon para invertir en lugares ricos en hidrocarburos tales como Kazajstán, Azerbaiyán, Rusia y Turkmenistán. Las reformas que se adoptan para atraer inversión extranjera específicamente, incluyen: Posibilidad de invertir directamente, sin necesidad de establecer una empresa colectiva (joint venture) con empresas nacionales; Libertad de repatriar las ganancias; Igualdad ante la ley para los inversionistas extranjeros, incluso de comprar propiedades; Libertad de poder vender localmente los bienes producidos en el país; Plena convertibilidad monetaria Adicionalmente, varios países en vías de desarrollo, incluso los post-comunistas, eximen del pago de impuestos a los inversionistas extranjeros por algún período de tiempo de impuestos.

En Polonia, dichas exenciones se aplican a extranjeros que invierten en regiones deprimidas, que introducen nuevas tecnologías, o que exporten más del 20% de su producción. Los reformadores también entendían que la propiedad privada y las compañías privadas son más eficientes que las estatales, y se comprometieron a un programa de privatización de la vasta economía estatizada que heredaron. Algunos también solían argüir que cuanto más privatizada esté la economía, más difícil será que retorne el comunismo.

Pero, ¿cómo se privatiza una economía tan estatizada? La experiencia histórica de otros países no servía de guía ya que ningún caso partió de las condiciones en las que se encontraban estos países post-comunistas. El Reino Unido bajo Thatcher había sido uno de los más radicales privatizadores en esas fechas, pero el monto de las empresas que ellos vendieron fue poco más de ochenta. En Checoslovaquia, por ejemplo, hubo más de 6.000 empresas grandes para privatizarse. Mientras la estabilización económica y la liberalización se pueden hacer “de un plumazo”, la privatización es algo que toma varios años de planeación, y aun más de ejecución.

Los reformadores sabían que se enfrentaban a ciertos dilemas y constreñimientos en la privatización. Tenían que encontrar un balance entre varias variables: gobernabilidad corporativa, rapidez, acceso a capital, ingreso para el gobierno y justicia para la población. Por varias razones (tanto ideológicas, políticas como prácticas), los diferentes gobiernos terminaron por escoger diferentes programas de privatización.

La estrategia de privatización fue determinada en gran parte por las condiciones iniciales. Donde la dictadura comunista había sido centralizada, como en Checoslovaquia, los reformadores tenían más opciones de adoptar un programa centralizado para privatizar, y ejecutarlo sin mayores obstáculos. Donde el régimen había sido menos centralizado y había una historia de falta de control, como en Polonia, los reformadores se vieron más limitados a implementar una estrategia central, teniendo en vez que negociar con los diferentes actores sociales y económicos tales como sindicatos, gerentes de paraestatales, gobiernos locales, etc.

El gobierno de coalición entre reformadores y comunistas en Polonia también fue un freno en la adopción de una estrategia privatizadora. En Rusia la condición inicial adversa que se percibía era la debilidad de los reformadores y el potencial de que retornaran los comunistas al poder. En Hungría, con sus relativamente grandes deudas externas, la obtención de financiamiento para el gobierno era lo que se percibía como importante.

Vouchers: Los checoslovacos enfatizaron la justicia y en segundo lugar la rapidez. Inventaron un método de privatización rápida que también asegurara la participación de la gente común que no tenía capital para comprar las empresas. En el método de “vouchers” desarrollado por el economista checo-americano Jan Svejnar a cada ciudadano se le otorga un cupón o voucher de cierto valor con el cual puede comprar una acción en cualquier empresa a privatizarse o en los fondos de inversión que a su vez invertían en las empresas.

De este modo, cada ciudadano se convierte automáticamente en accionista y se crea una clase capitalista de la noche a la mañana. Los vouchers se consideran ideales también por ser una vía de gran rapidez para privatizar empresas y porque son un vehículo de intercambio que no afecta las tasas inflacionarias. Klaus no quería que se lo percibiera como un lacayo de los intereses extranjeros ni a su programa de privatización como a una especie de “nacionalismo económico”.

Algunos economistas y asesores occidentales criticaron el modelo checoslovaco 80 ya que predecían que, aunque era más rápido y más justo, podría en un futuro conducir a problemas de “gobernabilidad corporativa” (corporate governance) porque la “propiedad” (ownership) estaría demasiado dispersa entre miles de accionistas y éstos no serían efectivos para controlar a la gerencia de las corporaciones. Dichos dueños tampoco podrían aportar capital y carecían de experiencia. Sin embargo, los proponentes del sistema voucher mantenían que el método de ventas directas sería mucho más lento, ya que cada una de las miles de empresas a privatizarse necesitaba ser evaluada por separado. También se prestaba a oportunidades de corrupción para los burócratas asignados a supervisar las privatizaciones, y los gerentes de dichas paraestatales tendrían más tiempo para el “despojo de activos” de las empresas. Más que nada, sería relativamente injusto, ya que los ciudadanos de estos países no tenían capital con el que comprar las empresas. Inevitablemente, otro método de privatizar, como el húngaro, acabaría por poner a las grandes empresas en manos de extranjeros.

En Lituania, el gobierno de Landsbergis tenía la consigna ideológica de desmantelar el sistema soviético de granjas colectivas y retornar la tierra a los poseedores pre-comunistas o sus descendientes. Ésta posiblemente fue la reforma económica más radical del gobierno de Landsbergis, la restitución de tierras a través de vouchers. La ley de reforma agraria, aprobada por el parlamento en julio de 1991, efectivamente abolió el colectivismo. Más de 350.000 ciudadanos solicitaron obtener parcelas restituidas; 150.000 ya estaban listos para trabajarlas de inmediato. Pero demoras burocráticas y la falta de registros alargaron el tiempo de restitución, y los nuevos agricultores privados de las pequeñas parcelas no tenían ni el equipo ni el capital para poder trabajar la tierra. También se implementó un sistema de vouchers para que la gente pudiera comprar sus departamentos y viviendas.

Privatización espontánea: Los rusos percibían que la rapidez era lo esencial ya que sentían que cuanto más rápido se privatizaran las empresas estatales, menos oportunidades tendrían los comunistas de retornar y reimponer una economía estatizada. Dada esta preocupación por la rapidez, se vieron obligados a permitir que los directores de las empresas estatales se convirtieran en dueños de gran parte de las acciones, y así asegurar que cooperaran en la rápida privatización. Esto se denominó como “privatización espontánea”. Por esto, el proceso ruso de privatizatsiya (privatización) terminó conociéndose sarcásticamente como prijvatizatsiya (algo así como “piratización” ya que jvatat’ quiere decir “arrebatar”).

Rusia sí logró privatizar gran parte de los activos en relativamente poco tiempo pero a cambio de una percepción de injusticia ya que esto se logró esencialmente regalándoselos a los gerentes. El método de privatización en Kyrgyzstán fue parecido a la privatización en Rusia: regalando los activos a los gerentes o a los trabajadores colectivizados, y administrado por la previa elite comunista. En este país centroasiático se hicieron varias “concesiones” cuando empresas lucrativas se privatizaron a una fracción de su costo real a individuos conectados con los agentes de la agencia de privatización, la cual no era independiente de presiones políticas.