„La organización de los judíos en Terezín muestra cómo funciona la sociedad humana“

'The Last Ghetto: The Everyday History of Theresienstadt', foto: Oxford University Press

La prestigiosa editorial Oxford University Press acaba de publicar un nuevo libro de la historiadora checa Anna Hájková. En ‘El último gueto: La historia cotidiana de Terezín’, Hájková detalla la estratificación social, étnica y lingüística en el único campo de concentración para judíos en el territorio checo.

La organización del gueto de Terezín era una muestra de cómo funciona la sociedad humana en condiciones extremas. Esa es la conclusión de una investigación minuciosa realizada por la historiadora checa Anna Hájková, radicada en la Universidad de Warwick en Inglaterra.

Hájková se sumergió en incontables documentos provenientes de 99 diferentes archivos de tres continentes. En su nuevo libro, titulado ‘El último gueto: La historia cotidiana de Terezín’, explora los aspectos del día a día en Terezín, una fortaleza y un gueto en el que los nazis internaron a miles de judíos para que realizaran trabajos forzosos antes de deportarlos a los campos de exterminio de Auschwitz, Buchenwald o Mauthausen, entre otros.

Hájková se centró en su libro en los aspectos culturales, sociales, organizativos y de género del “último gueto judío en Europa”, denominado de esta manera por ser el último en ser liberado, en la noche de 8 al 9 de mayo de 1945.

En su obra, Hájková se vio inspirada por las historias que oyó en Israel al visitar a conocidos de sus abuelos, Alena Hájková y Miloš Hájek, ambos reconocidos como Justos Entre las Naciones.

Anna Hájková,  foto: Seed9

“El mundo de Terezín me impresionó verdaderamente en verano de 1999, cuando viajé a Israel por primera vez. Entonces era una joven estudiante y mis abuelos me dieron los contactos de sus antiguos amigos de la resistencia anticomunista. Muchos de ellos fueron deportados a Terezín. Y tomamos algún refresco juntos, comimos humus y hablamos. Personas mayores, pero aún vitales, de 70 u 80 años, me contaron cómo jugaban al fútbol en Terezín, cómo intentaban conquistar a muchachas guapas y qué hacían cuando se acababa el papel higiénico. En ese momento me di cuenta de que en Terezín existía un mundo social que no conocíamos, que nuestro entendimiento del holocausto era demasiado superficial”.

A Hájková le cautivó la posibilidad de poder arrojar luz sobre aspectos menos conocidos de este periodo histórico que marcó las vidas de un sinnúmero de personas. Según contó a Radio Praga Internacional, en 2005 se planteó la pregunta de si quería vivir como ‘una persona normal’ o quizá empezar un doctorado. Terminó eligiendo la segunda opción y se propuso narrar las historias hasta entonces nunca contadas de Terezín.

De acuerdo con Hájková, durante los tres años y medio de existencia del gueto, sus habitantes formaron su propia cultura, sus costumbres, se fueron conociendo y hasta formaron familias.

Las élites checas

Uno de los temas que la historiadora explora en su libro, es la cuestión de las élites, que puede parecer paradójica en un entorno tan sombrío como el de un campo de concentración.

De acuerdo con Hájková, la mayoría del público en general se imagina que en Terezín todos se conocían y vivían más o menos igual. No obstante, aclara que vivían allí entre 30 y 40 mil personas a la vez. Y todos sufrieron hambre y la presencia de chinches. Muchos fueron deportados a campos de exterminio.

Foto: Oxford University Press

No obstante, a pesar de todo esto, Hájková aclara que las condiciones no fueron las mismas para todos. Había ciertos beneficios y maneras que les permitían a ciertos grupos que demostraran su estatus social.

“Disponer de cierto estatus social significaba tener propio alojamiento y poder ser sexualmente activo, incluso con varias mujeres. Para las mujeres se trataba de los vestidos que se ponían y si usaban maquillaje. O si las personas tenían acceso a eventos culturales, por ejemplo. Porque se habla mucho de los eventos culturales en Terezín, pero generalmente no se menciona que eran exclusivos y costosos, y muchas veces la gente no podía conseguir entradas”.

La élite en Terezín la formaban, de acuerdo con Hájková, casi exclusivamente los jóvenes judíos checos, tanto hombres como mujeres, porque fueron los primero en llegar al gueto. Y muchas veces se trataba de amigos o miembros de una misma familia que se ayudaban entre sí. Los miembros de esta élite trabajaban como carniceros, panaderos o jefes del servicio sanitario. Estas posiciones les aseguraban un mejor alojamiento y acceso a comida.

También contaban con condiciones de vida bastante buenas los jóvenes judíos alemanes que se convertían en amigos o amantes de las élites de Terezín. Al otro lado quedaban las personas mayores que, por no trabajar, recibían cantidades de comida muy limitadas, cuenta Hájková.

“Los que no trabajaban recibían las raciones más pequeñas, además de  comida menos variada y nutritiva. Básicamente se trataba de puros sacáridos, un mínimo de proteínas y casi ninguna vitamina. Esto conllevó a que la mortandad entre este grupo fuera la más alta. Muchos se enfermaron de enteritis, que era muy común entre todos los habitantes de Terezín. Pero estas personas eran mayores, su sistema inmunitario débil y, además, estaban malnutridas. Su mortandad superaba el 90%.”

Terezín | Foto: United States Holocaust Memorial Museum,  public domain

A pesar del sufrimiento compartido, Hájková afirma que en Terezín nunca se creó una identidad judía común. Lo que contaba era el lugar de origen de las personas. Y muchas veces, a pesar de compartir un destino similar, sus habitantes se juzgaban de igual manera que las personas en una sociedad libre.

“Los judíos checos observaban a los judíos alemanes y debatían si no eran demasiado judíos, o a lo mejor no suficientemente judíos, o posiblemente judíos de un modo incorrecto. Y los judíos de Austria o Alemania miraban a los judíos checos y pensaban que no parecían muy judíos, que eran demasiado esbeltos y atléticos, con cabello rubio y mejillas rosadas. Y entonces otra de las preguntas es: ¿Por qué, si eran todos prisioneros y judíos, estaban obsesionados con el aspecto físico de los demás y hacían este tipo de comentarios racistas?”.

En este caso, Hájková propone tomar en consideración que la etnicidad es un mero constructo. Sugiere que todos los habitantes de Terezín se dieron cuenta de que lo que los unía, no era su origen, sino el hecho de que eran seres humanos.

La ‘Leyenda de Terezín’

Hájková menciona en su libro con frecuencia la llamada ‘Leyenda de Terezín’. No se trata de una historia concreta, sino más bien de una narrativa general de lo que significaba ser prisionero en Terezín, un cierto espíritu en común.

Coincide con la imagen que se forma la mayoría de las personas que han oído hablar del campo de concentración de Terezín. Es la imagen de un lugar donde, a pesar de las adversidades, cuidaban de los niños y gozaban de una vida cultural rica. Y la narrativa es importante, porque los mismos habitantes se adherían a ella. Constituía para ellos lo positivo de ser un judío en el gueto.

Foto: Hans Weingartz / CC BY-SA 2.0 de

No obstante, no todos se conformaron con esta narrativa. Dependió, por ejemplo, del tiempo que las personas pasaban en Terezín. Hájková menciona la historia de los hermanos Herz. La destacada pianista Alice Herz-Sommer pasó varios años en Terezín y durante todo el tiempo pudo tocar el piano, hecho que dio algún sentido y cierta belleza a sus días allí. No obstante, para su hermano Pavel fue muy diferente. Pavel Herz llegó a Terezín mucho más tarde: durante los primeros años del terror nazi lo había protegido su matrimonio mixto.

“Pavel fue deportado a Terezín durante los últimos tres meses de su existencia. Y se preguntaba por qué debería adherirse a la narrativa. Lo habían enviado allí para trabajos forzados y le parecía que la idea era completamente absurda. Por lo que desarmó la narrativa y no se adhirió a ella. ¿Por qué tendría que hacerlo?”.

Esa es una de las preguntas que se plantea en su nuevo libro Anna Hájková. Reconstruye la imagen de Terezín, descubriendo nuevas y menos conocidas facetas de la vida de los judíos en el gueto, por el cual pasaron más de 150 000 personas entre 1940 y 1945. La mayoría fue enviada a campos de exterminio nazis, unas 117 000 no sobrevivieron para ver el final de la guerra.