Jawa, motos con vida propia y alma de leyenda

Javier Parica y Adrián Gagliano, foto: Archivo personal de Javier Parica

Fundada en 1929, la nobleza de sus materiales y probada resistencia condensa lo mejor de la industria checoslovaca. Con los años, Jawa se convirtió en una marca de culto a nivel mundial. Incluso en tiempos en que redujo notablemente la producción, sus clásicas motocicletas aun circulan en carreteras de todo el mundo manteniendo intacta la llama sagrada de una marca que es también un mito. 

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Si existe una compañía checa que alcanzó el estatuto de leyenda es, sin lugar a dudas, Jawa: hace varias décadas se hizo célebre a nivel mundial y continúa siendo una marca de culto en diversos países, aun cuando su fabricación actual se redujo en forma más que considerable.

Javier Parica en pleno trabajo,  foto: Archivo personal de Javier Parica

Javier Parica, un argentino enamorado de las motocicletas de esa empresa y especialista en electricidad, considera que el gran éxito de las Jawa quizás comience, precisamente, con su nombre.

“Bueno, la empresa empezó con František Janeček, de donde viene ‘Ja’, y él se había juntado con un alemán de apellido Wanderer, que le dio el ‘Wa’, y de la unión de esas dos sílabas quedó el nombre Jawa”.

Además de reparar circuitos eléctricos de motos Jawa, Parica es propietario de tres motos ČZ (Česká Zbrojovka) y una Jawa que mantiene totalmente activas. Cuenta que el primer contacto que tuvo con una Jawa fue gracias a su hermano y, desde el principio, quedó tan fascinado con esa moto que, poco a poco, empezó a buscar la mayor cantidad posible de información: al principio leyendo traducciones, pero luego directamente en checo por lo que su interés en las Jawa lo impulsó a aprender un idioma que, se sabe, no se caracteriza por su simpleza.

Javier Parica reparando una Jawa,  foto: Archivo personal de Javier Parica

“Había mucha bibliografía en internet, muchos manuales que estaban subidos en la web y en checo, obviamente. Además, yo tengo raíces eslavas y tenía una deuda con aprender una lengua eslava, entonces se dio que todo me llevó a estudiar checo para poder leer esa bibliografía, manuales y muchas cosas de Jawa en su idioma original porque hay cosas traducidas al inglés, pero muchas otras no”.

Como en una época viajaba mucho, Parica llegó a utilizar tanto la moto que decidió leer todo sobre su funcionamiento eléctrico para entenderla y mantenerla lo mejor posible. Asegura que algunos manuales antiguos constituyen una verdadera biblia que explican a la perfección cómo controlar cada pieza. Pero durante esas investigaciones aprendió también mucho sobre la historia de la marca y de su creador, el ingeniero František Janeček, que tenía una fábrica de armas y había desarrollado la granada de mano, pero para abrirse a otros mercados decidió involucrarse también en el negocio de las motocicletas. Parica está al tanto de que en la mítica fábrica de Tynec nad Sázavou se siguen haciendo algunas motos y repuestos, pero en una escala mucho menor, a tal punto que la empresa india Mahindra continúa el riquísimo legado de la marca respetando su antiguo estilo, pero con tecnología actual.

Jawa 250 Pérák,  foto: Patrik Veltruský / CC BY 2.0

“Para mí hay dos modelos muy famosos en la historia: uno es la Pérák y en el otro lugar pondría a la 634, que es la moto que salió en los setenta, ya con una forma recta y más grande, fue una de las que más fabricaron y exportaron a muchos países”.

Explica Parica que Pérák es el primer modelo puramente Jawa y tiene la particularidad de que se trabajó en secreto durante la ocupación nazi, incluso llegaron a camuflarla con insignias del ejército alemán para poder probarla y recién una vez finalizada la guerra salió al mercado y ganó una medalla de oro en Salón del Automóvil de París. Asegura que fue la primera moto con suspensión trasera en la historia y para la época era una moto muy avanzada y liviana.

Del centro de Europa al fin del mundo

Adrián Gagliano, un mecánico integral también argentino confirma que el éxito de las Pérák casi no tiene precedentes a nivel mundial. Él se dedica a restaurar motos de dos tiempos, especialmente Jawa, una marca con la que está a tal punto involucrado que, hace unos años, un cliente muy satisfecho con su trabajo le sugirió el actual nombre de su taller: Laboratorio Jawa.
Además, Gagliano también es coleccionista y ya cuenta con más de diez motos Jawa. Y si bien las cuida como si fueran hijos, hay una que es la más especial y marca el comienzo de esta fascinación que, con el tiempo, se convirtió también en su trabajo.

Javier Parica y Adrián Gagliano,  foto: Archivo personal de Javier Parica

“Esto arranca porque mi papá en los años 70 realizó un viaje en una Jawa a Ushuaia, el fin del mundo como se suele conocer a esa ciudad, y a partir de eso se armó una pasión sobre esa moto y cuando yo era chico me contagió todo el amor que tenía por la Jawa y por la industria checoslovaca en ese momento: la calidad, la nobleza y la fiabilidad de los materiales”.

Agrega que, a raíz de la enorme satisfacción que le dio esa moto, su padre que era operario de una fábrica y durante sus tiempos libres se entretenía reparando las motos de sus amigos, empezó a comprar solo productos de industria checoslovaca. Y esa pasión heredada lo llevó a Gagliano a encontrar nada menos que su vocación, reparando aquellas motos similares a las de su padre que, gracias a su trabajo, siguen circulando en buena parte del territorio argentino. Gagliano explica que, muchas veces, los mecánicos o incluso algunos usuarios arruinan distintas piezas o incluso el sistema eléctrico de las Jawa pero no por deficiencias del producto sino por su propia impericia. De hecho, no duda en afirmar que la Jawa es tan noble como el mejor de los amigos, una moto con vida propia y alma de leyenda.

“Es la moto soñada que si tienes idea la puedes mantener y perdura a través de los años y el tiempo y sigue andando y andando y se puede reciclar porque tiene una concepción mecánica de materiales muy nobles, entonces no es una moto descartable que esté pensada para que se rompa y se tire”.

Gagliano cuenta que, en Argentina, existe un foro en el que todos los usuarios de Jawa se ponen en contacto, brindan asistencia y hasta organizan algunos eventos sociales o viajes colectivos. En ese mismo grupo participa Javier Parica que, cuando se le pregunta si tiene algún sueño vinculado a las Jawa, responde que su aspiración es poder fabricar algunos repuestos sencillos y de buena calidad para modelos antiguos que ya no se consiguen. Hasta el momento produjo, por ejemplo, arandelas de seguridad del embrague, cubetas de dirección y pequeños engranajes de velocímetros. Por su parte, Adrián Gagliano afirma que aún tiene una cuenta pendiente.

De la exposición 'El Fenómeno Jawa',  el Museo Técnico Nacional de Praga,  foto: Anaïs Raimbault

“Un sueño lo tengo cumplido que es vivir de lo que me gusta, restaurar y reparar y juntar a los que usan las Jawa y armar un vínculo como si fuera una familia elegida, y el otro sueño que tengo es conocer República Checa: ir a la fábrica para mí es una cuenta pendiente y un gusto que hace mucho me quiero dar, creo que me deslumbra el solo hecho de imaginarme allá y conocer los distintos lugares y el país de origen de la moto que tanto me apasiona”.

Al finalizar la entrevista, Adrián Gagliano muestra su taller: motos en cada rincón, varios afiches de su amada marca y una foto en blanco y negro del ingeniero František Janeček que, desde un pasado remoto, parece mirar a cámara con asombro. Como si no pudiera creer que, casi un siglo después, su invención marcaría para siempre la vida de un hombre del otro lado del planeta, gracias a un viaje iniciático al fin del mundo.

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