En 1968, los reformistas prometieron a los ciudadanos libertades inéditas en un país comunista

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Al hacerse en 1948 con el poder en Checoslovaquia, el Partido Comunista suprimió la libertad de expresión. La prensa escrita, la radio y posteriormente la televisión, los libros, las obras teatrales, los guiones de las películas y hasta las letras de las canciones pop se sometían a una censura previa. Veinte años después se impuso en la dirección del partido la facción reformista, empeñada en la democratización del país. En febrero de 1968 fue eliminada la censura previa. Con esta medida, inédita en un país comunista, empezó la Primavera de Praga para la ciudadanía.

La supresión de la censura previa en febrero del 68 fue entendida por la mayoría de los ciudadanos como la señal de que la nueva dirección del Partido Comunista, encabezada por Alexander Dubček, pensaba en serio lo de las reformas. Los ciudanos perdieron el miedo.

Bajo la presión de la sociedad civil, los dirigentes del Partido Comunista asumieron en abril del 68 en su Programa de Acción el compromiso de otorgar a los ciudadanos libertades y derechos inimaginables en un país comunista.

El documento destacaba la necesidad de superar la crisis social, provocada por la "inconsecuente y lenta eliminación de los errores y de los métodos de los años cincuenta”.

El Programa de Acción estipulaba que el Partido Comunista mantendría el papel rector en la sociedad pero éste se basaría en lo adelante en el apoyo voluntario del pueblo. El partido no impondría su autoridad y su línea política por el método de “ordeno y mando”.

El Partido Comunista de Checoslovaquia manifestaba en abril del 68 que ya no quería ser administrador universal de la sociedad, dirigir y controlar todo, “gobernar desde cima a la sociedad”, como decía su Programa de Acción.

El documento enfatizaba que la política del partido no debía conducir a que los ciudadanos no comunistas tuvieran la sensación de ser limitados en sus derechos por el papel rector del partido. Por el contrario, “en la actividad del Partido Comunista debían ver la garantía de sus derechos, libertades e intereses”.

El Programa de Acción prometía eliminar la discriminación profesional de los no militantes. Hasta entonces sólo los comunistas podían ocupar ciertos cargos y ejercer ciertas profesiones. Se eliminaría también la discriminación de los sin partido en el acceso a la enseñanza superior.

El Partido Comunista asumía el compromiso de garantizar a los ciudadanos el derecho de expresión y el derecho de viajar libremente al extranjero.

El programa del proceso democratizador, aprobado por iniciativa de los comunistas reformistas en abril del 68, debía implementarse en los próximos dieciocho meses.

Por la amplitud de las reformas que proponía, el Programa de Acción era un proyecto sin precedentes en los países comunistas. Pero sus autores no se atrevieron a dar el último paso:proponer la convocatoria de elecciones libres.

Cabe recordar que bajo el régimen comunista jamás se celebraron en Checoslovaquia elecciones democráticas. Todos los candidatos que figuraban en las listas electorales en el período posterior a 1948 eran previamente aprobados por el Partido Comunista.

Tampoco durante la Primavera de Praga la cúpula comunista estaba dispuesta a arriesgar su papel rector en unos comicios democráticos. Zdeněk Mlynář relata en su libro “El frío viene del Kremlin” que ya en marzo del 68 los dirigentes comunistas discutieron la cuestión de las elecciones. Todos los participantes del debate coincidieron en que no era viable celebrar comicios en que se presentaran con listas independientes formaciones no comunistas.

Entretanto, algunos militantes de base del Partido Comunista de Checoslovaquia tenían una fe idealista en el potencial reformista de su formación política y en su capacidad de imponerse en la competencia política. Uno de ellos confesaría años más tarde:

”Lamentablemente, yo era tan ingenuo que creía que el Partido Comunista podría con el Programa de Acción conservar su papel rector incluso en un sistema pluralista, que podría ganar unas elecciones regulares”.

Zdeněk Mlynář, destacado comunista reformista, confiesa en su libro que se oponía a la convocatoria de elecciones libres. Las razones que aduce en apoyo de su postura, son de peso.

Mlynář argumentaba: Si se anunciara la convocatoria de comicios libres, los funcionarios comunistas conservadores tendrían miedo de que su partido saliera derrotado. Ante la perspectiva del fracaso electoral, ellos se opondrían a todas las reformas. La convocatoria de elecciones en las que el Partido Comunista tuviera que competir con otras fuerzas políticas, frenaría de hecho todo el proceso reformista.

El propio Zdeněk Mlynář opinaba que se requerirían unos diez años para implantar en Checoslovaquia un sistema político pluralista. Entonces sería posible crear otro partido de corte socialista que se enfrentara en las eleciones a los comunistas. Pero los ciudadanos activos no estaban dispuestos a esperar una década para crear formaciones políticas opositoras. Así, durante la Primavera de Praga se intentó, por ejemplo, resucitar al Partido Socialdemócrata.

Este partido, fundado en 1878 en Praga, desapareció del escenario político en 1948, tras la toma del poder por los comunistas. A pesar de la oposición del 65 por ciento de sus militantes, los socialdemócratas tuvieron que fusionarse con los comunistas.

El Partido Comunista de Checoslovaquia nunca soportó la competencia de otra fuerza de izquierda. En los años treinta solía llamar a los socialdemócratas con el apodo denigrante de “socialfascistas”.

También en el 68 se mantenía el rencor hacia los socialdemócratas. Incluso los representantes del ala reformista se oponían rabiosamente al resurgimiento del Partido Socialdemócrata. El dirigente František Kriegel declaró que sería capaz de enviar a las milicias populares a disolver a los socialdemócratas.

Pero no lo hizo. Eran otros los aires que se respiraban durante la Primavera de Praga.

Zdeněk Mlynář en 1968 (Foto: CTK)
Al escribir en los 80 en el exilio su libro ”El frío viene del Kremlin”, Zdeněk Mlynář se daba cuenta de las limitaciones de los reformistas checoslovacos. Y no debe olvidarse que había sido uno de ellos. He aquí su análisis:

”Desde el punto de vista de la democracia política, también el comunismo reformista de los sesenta en Checoslovaquia representa una tendencia que sigue limitando sustancialmente la democracia política. Sin embargo, desde el punto de vista de la evolución real del sistema de la dictadura política totalitaria que aquí existía, el comunismo reformista representaba la principal fuerza política que socavaba este sistema y allanaba el camino hacia la democracia política”.

El problema del proceso democratizador del 68 en Checoslovaquia no estribaba, sin embargo, en las limitaciones ideológicas de sus impulsores. Con el tiempo, los dirigentes reformistas podrían superarlas y convertirse en políticos de corte socialdemócrata. El problema del proceso democratizador de la Primavera de Praga era la hostilidad de la Unión Soviética a las reformas.

El Partido Comunista de Checoslovaquia estaba en 1968 en vías de transformarse en un partido democrático de izquierda. Un antiguo secretario ideológico de un comité distrital del partido recordaría casi cuatro décadas después:

Invasión soviética en agosto de 1968
”Yo era uno de los militantes que confiaban en que alcanzásemos una democracia pluralista, aunque sabía que no lo podíamos pregonar a bombo y platillo para no irritar a nuestros aliados del Pacto de Varsovia. Creíamos que gradualmente podríamos lograr convencerlos de que otra evolución en el socialismo no era posible, que el tipo soviético del socialismo aquí era sencillamente inviable y que era necesario hacer el cambio”.

Sin embargo, los dirigentes soviéticos veían en las más mínimas reformas una amenaza a la estabilidad de todo el bloque comunista. Empezaron a reprochar a los dirigentes checoslovacos que habían perdido el control sobre la situación en su país.

En los meses primaverales del 68 la cúpula del Partido Comunista de Checoslovaquia ya no ejercía un poder férreo sobre la sociedad. Estaba arrastrada por el torrente de sus bases radicalizadas y por las iniciativas de los ciudadanos sin partido. La ciudadanía que se expresaba libremente en los medios de comunicación, iba al frente del proceso democratizador, dejando a la zaga al Partido Comunista. Al calor del sol primaveral y de la libertad recuperada nadie se preocupaba todavía por el Gran Hermano de Moscú.

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