Eliška Junková, la leyenda olvidada del automovilismo mundial

Eliška Junková (1926)

La única mujer que ha vencido un Gran Premio en toda la historia del automovilismo es la checa Eliška Junková, de quien ahora se cumplen 30 años de su muerte. Junto al experto Martin Straka recordamos las gestas de una piloto que causó sensación en todo el mundo imponiéndose hace ya casi cien años en un peligroso deporte gracias a un coraje y una personalidad únicas.

Eliška Junková | Foto: Wikimedia Commons,  public domain

Eliška Junková es seguramente uno de los personajes más injustamente olvidados. Se olvidó de ella el mundo del automovilismo, en el que no se deja de hablar de por qué no llegan mujeres a la Fórmula 1, pero no se menciona a esta checa que venció un Gran Premio. Tampoco se habla casi nunca de ella entre las grandes figuras de la historia del deporte checo, a pesar de que gozó de una fama enorme en aquella Primera República de entreguerras. Ni siquiera en su ciudad natal, Olomouc, hay una sola calle o mención a quien fue una auténtica pionera, tanto para el deporte del motor checo, como para el empoderamiento de las mujeres en la sociedad.

El comentarista de deportes de motor, fotógrafo y también historiador del automovilismo checo Martin Straka coincide en que el mundo está un poco en deuda con Eliška Junková, de quien destaca, ante todo, su personalidad.

“Era sencillamente una mujer extraordinaria y una competidora extraordinaria. Su talento era incuestionable, pero a fin de cuentas el talento puede ser algo innato. Yo destacaría, sobre todo, su coraje y voluntad. El coraje para enfrentarse en aquella época a los hombres en las carreras más duras del mundo, el coraje, como mujer, para aguantar todo tipo de comentarios sobre qué pintaba ella en ese mundo de hombres. Pero es que también tuvo que soportar los ataques del movimiento feminista de entonces”.

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Nacida en Olomouc en la familia de un cerrajero en el año 1900, si para algo no estaba predestinada Eliška Junková era para ser piloto de carreras. Ni su extracción social, ni la época apuntaban a ello. Sin embargo, ella siempre fue distinta. Su dominio de varios idiomas y su inteligencia la llevaron a ser secretaria de un banquero en Brno que no tardó en enamorarse de ella. Así se comenzó a escribir una fascinante historia, un romance con todos los ingredientes para una película que nunca se ha hecho.

La pasión por el automovilismo de su marido, Čeněk Junek, la llevó a ella misma a aprender a conducir, lo que para una mujer de su época ya era suficientemente osado. Pero además empezó a hacer de copiloto para Čeněk en competiciones y terminó ella misma corriendo al volante. Y no tardó en vencer a su marido. A pesar de su, en apariencia, frágil complexión, aquella joven sonriente no podía dejar de llamar poderosamente la atención allá por donde pasaba, recuerda Martin Straka.

“Una vez se fue sola conduciendo a Alsacia, a la sede de Bugatti en Molsheim. De Praga a Alsacia, en la década de 1920, con las carreteras de entonces y en aquellas condiciones tremendas, era algo increíble. Cuando corrió su famosa Targa Florio en 1928, también estuvo allí sola en Sicilia sin su marido ya desde tres semanas antes preparando la carrera. Se escribían telegramas, pero estaba allí sola, una mujer pequeña, menuda, y también atractiva, con su fuerza, su coraje y su voluntad”.

Eliška Junková con su marido Čeněk Junek  (1928) | Foto: Magazín Světozor,  public domain

Eliška Junková ganó la mayor parte de las carreras que disputó, aunque, por desgracia, no fueron tantas. No dio tiempo a más. La más famosa de sus victorias es sin duda la del Gran Premio de Alemania en la categoría de dos litros en el estreno del circuito de Nürburgring en 1927. Con su Bugatti privado, mucho menos fiable y afinado que los de los equipos oficiales, se impuso con un ritmo que nadie pudo seguir o aguantar.

Fue tan inesperada aquella victoria de Junková que la banda que tenía que tocar el himno checoslovaco no tenía ni la partitura, y en su honor interpretaron una pieza de la ópera La novia vendida, de Bedřich Smetana.

Tocó con los dedos la victoria en la durísima Targa Florio

Pero seguramente la mayor de sus gestas se produjo un año después en la Targa Florio que mencionaba Martin Straka, la prueba más dura de la época, de más de 500 kilómetros en un circuito de 108 kilómetros en el que se enlazaban horrorosas carreteras de montaña, muchas sin asfaltar. Eliška, de nuevo con un frágil bólido privado del que tenía que vigilar en todo momento que no se sobrecalentara, llegó a ir líder de la carrera incluso sin saberlo, después de adelantar en pista a todo un ídolo de la época como el francés Albert Divo. Además, Junková competía con un vehículo de cilindrada inferior, pero entró en la quinta y última vuelta a solo un minuto del primero. En esa última vuelta, unas piedras imposibles de ver a la salida de una curva y que no estaban antes, le hicieron perder una barbaridad de minutos para cambiar una rueda destrozada. Al final, después de siete horas de carrera, llegó en quinta posición de la general, a solo nueve minutos del ganador, el propio Divo, que alabó a la checa y aseguró que había sido intentando vencerla que había logrado ir tan rápido. Junková tuvo que contentarse con vencer “solo” en la categoría de privados y con el premio por haber sido la más veloz en la segunda vuelta de la carrera.

Eliška Junková,  Targa Florio 1928 | Foto: e-Sbírky,  Národní muzeum,  CC BY-NC-ND 4.0 DEED

Su relato de aquella vibrante participación en la Targa Florio es uno de los capítulos principales de su libro de memorias, titulado Mi recuerdo es Bugatti, que, por desgracia, no está traducido al español. Martin Straka lo cita como uno de libros de referencia.

“Es uno de mi libros básicos sobre automovilismo. Está muy bien escrito, con muy buen estilo, se lee muy bien, y, al mismo tiempo, es como una gran ‘factografía’, por ejemplo, cuando Eliška describe su famosa participación en la Targa Florio. ¿Qué le telegrafiaba su marido Čeněk? ¿Cuándo se debía tomar un vaso de leche? ¿Cuándo debía irse a dormir? ¿Y levantarse? ¿Cómo tenía que entrenar exactamente para conocer ese larguísimo y difícil circuito de Sicilia? Porque en su minuciosa preparación física y técnica, el matrimonio Junek era muy avanzado. En aquella época, eso era algo que estaba aún en pañales. Muchos de los pilotos tenían un claro sobrepeso, no prestaban ninguna atención a eso, se sentaban al volante y aceleraban sin más. Sin duda, en esto Čeněk y Eliška iban muy por delante del resto”.

Eliška Junková antes del inicio de la carrera internacional Zbraslav-Jíloviště  (1930) | Foto: Wikimedia Commons,  public domain

Pero no eran excepcionales solo en eso. Ya era bastante llamativo que hace cien años, el marido no solo animase a su mujer a conducir y competir, sino que aceptase con total normalidad que la gran protagonista terminase siendo precisamente ella.

“Era una pareja fuera de lo normal. El dinero para correr salía todo de Čeněk. Era un gran terrateniente y banquero y cuando vio que Eliška era buena, la apoyó incondicionalmente. Hay que destacar que es algo muy bonito dentro de lo que es la relación entre un hombre y una mujer, pero hay que pensar en lo que eso suponía en el contexto de aquella época. Me imagino cómo debían ser las cosas entonces. Por no hablar del hecho de que Eliška era una gran atracción allá donde fueran para todos los demás pilotos, todos hombres, que se quedaban pasmados con ella, todos la adoraban. Así que creo que Čeněk debía de ser un tipo realmente hecho y derecho para saber llevarlo todo de esa forma y ayudarla tanto siempre”.

El trágico final de un cuento de hadas

Homenaje a Eliška Junková | Foto: Barbora Němcová,  Radio Prague International

Tras su actuación en la Targa Florio, la fama de Eliška Junková era máxima no solo en Checoslovaquia. Sin embargo, su carrera iba terminar de repente solo un mes después de la manera más trágica posible. De nuevo en Nürburgring, era Čeněk el que competía ese día. Eliška esperaba en boxes que pasara por meta su marido, pero este se retrasaba ya demasiado. Finalmente fue otro corredor checo el que detuvo su coche frente a ella para decirle que Čeněk había tenido un accidente y había muerto ahí mismo. Čeněk Junek fue la primera de las muchas víctimas mortales del circuito de Nürburgring, no en vano llamado el ‘infierno verde’, donde casi se deja la vida también Niki Lauda muchos años después.

A Eliška no se le pasó por la cabeza volver a competir sin su marido, a pesar de que ofertas de equipos no le faltaron. Sin esta tragedia, no duda Martin Straka que Junková habría logrado muchos más éxitos para seguir haciendo historia en el deporte checo, pero también en el deporte femenino.

Un hito del deporte

Eliška Junková  (1934) | Foto: Magazin Letem světem,  Vol. 8,  No. 21,  6. 3. 1934/Wikimedia Commons,  public domain

Pero le basta con lo que sí que consiguió para ser tratada como una de las grandes. Straka la coloca, junto a Zdeněk Vojtěch, como los dos grandes pioneros y personalidades del automovilismo checo, pero también en cuanto a nivel junto a Tomáš Enge, el único piloto checo que ha competido en Fórmula 1 o las 500 Millas de Indianápolis.

En lo que se refiere a la historia del automovilismo femenino, según Straka, el lugar de Eliška Junková está junto al de Maria Teresa de Filippis, la primera mujer en correr en Fórmula 1; Lella Lombardi, también italiana y la única mujer que ha puntuado en Fórmula 1; y, la que seguramente ha sido la mejor mujer piloto de la historia, la subcampeona del mundo de rallies de 1982, la francesa Michèle Mouton, que de todas ellas es, junto a Eliška, la única que supo lo que es vencer una competición automovilística del máximo nivel.

Bugatti T43 | Foto: Jan Polák,  Wikimedia Commons,  CC BY-SA 3.0

En lo que son pruebas en circuitos de velocidad, la gesta de Eliška Junková venciendo el Gran Premio de Alemania solo fue de alguna forma igualada por la victoria de Danica Patrick en el óvalo de Motegi, en el campeonato estadounidense de Indycar de 2008.

La carrera de Junková terminó en 1928, pero también fue excepcional rehaciendo su vida tras la tragedia. O cuando el régimen comunista la condenó prácticamente al olvido como un famoso miembro de la antigua burguesía. A pesar de que el resto del mundo sí la recordaba y era invitada a toda clase de eventos y grandes premios de Fórmula 1, a Eliška no la dejaban salir del país. Pero toda adversidad, también el suicidio de su hermano, por ejemplo, lo llevó con la mejor de las actitudes, destaca Straka.

Eliška Junková | Foto: Sláva vítězům/Česká televize

“Para mí en este sentido es un ejemplo como persona, dejando a un lado lo que son las carreras. Mi madre era parecida, pero en Eliška esto era algo muy fuerte. Tras la tragedia de su marido y su decisión firme e inmediata de dejar de correr, es como si ella se parase para tomar aire y seguir viviendo a tope. Fue embajadora de Bugatti por todo el mundo, colaboró con la empresa Baťa, hizo de todo y siempre siguió siendo una hermosa dama menuda que llegaba con una sonrisa, con su elegancia y su inteligencia. En el mundo del deporte siempre la quisieron mucho, porque no se convirtió en una señora quejumbrosa de mal carácter, sino que fue siempre una mujer fuerte en todos los aspectos. Y yo creo que, o al menos así me lo parece, este tipo de personas, si no se encuentran con una enfermedad o algo, realmente viven muchos años. Ella llegó a unos bonitos 93 años. La suya es una gran, gran historia”.

Tumba de Eliška Junková y Čeněk Junek en el Cementerio de Vinohrady,  en Praga | Foto: Daniel Ordóñez,  Radio Prague International

En su ático en la casa del barrio de Hradčany que hoy en día es la Embajada de Suecia, con una de las mejores vistas que existen sobre Praga, falleció Eliška Junková hace ahora 30 años, el 5 de enero de 1994.

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