El Viernes Santo sigue siendo un día normal y corriente en la República Checa. Por ahora.

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La República Checa está entre los pocos países europeos que hasta el presente no han incluido el Viernes Santo entre sus días festivos, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos años por algunos senadores y diferentes iniciativas religiosas. En este A Toda Marcha conversamos sobre el tema con tres ciudadanos, residentes de Praga.

El Viernes Santo ocupa un lugar destacado en el calendario litúrgico. Los cristianos de todo el mundo conmemoran ese día la crucifixión y muerte de Jesucristo. Por eso, muchos países, entre ellos, España y Portugal, han optado por proclamarlo día de fiesta.

En la República Checa es diferente. El Viernes Santo es día laborable, mientras que el Lunes Santo no se trabaja. El Senado checo presentó al Gobierno su propuesta de incluir el Viernes Santo entre los días festivos ya en tres ocasiones. Hasta el momento, sin éxito.

Los promotores de esta idea argumentan que proclamando el Viernes Santo día de fiesta contribuirá a recuperar los valores religiosos perturbados por la larga opresión del régimen comunista.

A pesar de no creer en Dios, Kateřina, una joven praguense, opina que el Viernes Santo es parte inseparable de las Pascuas y como tal debería ser festivo.

“Considerando que el Lunes Santo es día de fiesta en la República Checa, me parece ilógico que el Viernes Santo no lo sea, ya que también forma parte de las Pascuas y, encima, es más importante desde el punto de vista religioso”, señala Kateřina.

La propuesta de los senadores de ampliar con el Viernes Santo la lista de las fiestas nacionales no ha logrado el apoyo suficiente en la Cámara Baja por dos motivos principales.

Algunos diputados objetan que el país no se puede permitir otro día de fiesta porque perjudicaría la economía nacional. Sin embargo, este argumento es muy relativo.

La República Checa, con 13 días festivos al año, está entre las naciones más trabajadoras de Europa. Por ejemplo, los españoles cuentan con 18 fiestas anuales y los noruegos, con 19.

Además, dos fiestas, el Día del Surgimiento del Estado Checo Independiente y el Año Nuevo, se celebran el mismo día, el 1 de enero. De esta manera, los checos tienen en realidad sólo 12 días no laborables al año.

Un argumento mucho más fuerte es que la mayoría de la población checa no se considera creyente y percibe la Semana Santa como una fiesta de bienvenida para la primavera. Hay quienes sostienen que por eso no existe ningún motivo para proclamar el Viernes Santo fiesta nacional. Como por ejemplo Petr, otro joven de Praga.

“No estoy de acuerdo con que se incluya el Viernes Santo entre las fiestas nacionales. No se trata de una fiesta nacional, sino religiosa. Y puesto que la mayoría de los ciudadanos checos no son creyentes activos, no veo motivo ninguno para proclamarlo día festivo”, subraya Petr.

Georgina, una mexicana que desde hace muchos años vive en Praga, se muestra aún más radical con este respecto.

“Siendo la cultura checa tan escéptica sobre las creencias, pienso que la gente ni se interesaría por qué se les da el día libre. Simplemente lo tomarían con gusto, adultos, jóvenes, niños. No creo que tuvieran un interés específico en saber qué es lo que se celebra y hasta, tal vez, se burlarían de lo que celebramos en otros países con creencias”, dice Georgina.

A pesar de su agnosticismo, la mayoría de los checos, un 60 por ciento, se pronunciarían a favor de proclamar el Viernes Santo día de fiesta, según se desprende de un sondeo realizado recientemente por la agencia Median. La triste realidad es que sólo la mitad de los encuestados supo responder correctamente la pregunta de qué precisamente se celebra ese día.

El Senado presentó al Gobierno su última propuesta de la enmienda a la Ley sobre Fiestas Nacionales a principios de este año. El Gabinete no se ha expresado ni a favor ni en contra. Ahora se espera el veredicto de la Cámara Baja, que sigue posponiendo las deliberaciones sobre el asunto.