El posible vínculo entre la pérdida de olfato debido al COVID y el párkinson

Casi la mitad de los que se contagiaron del coronavirus al inicio de la pandemia sufrieron alteraciones temporales o permanentes del olfato. Los neurólogos temen que estos puedan manifestarse en el futuro en forma de una enfermedad neurodegenerativa como el párkinson.

Foto: Surprising_Shots,  Pixabay,  CC0 1.0 DEED

Mientras que con la variante ómicron la pérdida del gusto o el olfato es menos común, al inicio de la pandemia del coronavirus se trataba de un síntoma bastante frecuente. Se manifestó principalmente una vez que el virus llegó a Europa y América, de acuerdo con Robert Jech, de la Clínica Neurológica de la I Facultad de Medicina de la Universidad Carolina de Praga y el Hospital General Universitario de Praga.

En Asia, desde donde se propagó el virus, el síntoma se registró en solo alrededor del 20% de los contagios. Es posible que la diferencia geográfica tenga que ver con la sensibilidad de la población y también la mutación del coronavirus. Estas difieren en su capacidad de unirse con proteínas y, en consecuencia, de penetrar en diferentes tipos de células.

Robert Jech | Foto: Marián Vojtek,  Český rozhlas

Jech explicó a la Radio Checa que la pérdida del olfato ocasionada por el Covid es diferente a la que sucede cuando uno tiene gripe, por ejemplo.

“Al principio se suponía que la pérdida del olfato durante el contagio de coronavirus era como cualquier otra gripe, cuando obstáculos en la nariz simplemente impiden que el olor llegue hasta el epitelio. Pero resulta que es un poco más complicado. Al parecer, el virus penetra en las llamadas células de soporte, o sustentaculares, que apoyan a las células del olfato. Estas después desaparecen de manera masiva, pero al mismo tiempo cuentan con una capacidad bastante buena de regeneración. Esta, no obstante, sucede a un ritmo diferente para cada persona”.

Jech explica que el sentido del olfato suele volver a la normalidad en un plazo de seis meses tras la enfermedad. No obstante, en algunos casos, las personas no recuperan plenamente la capacidad de oler ni después de un año.

“Nos preocupa que esto podría ser un problema en el futuro que posiblemente tendría forma de una enfermedad neurodegenerativa como el mal de Parkinson. Porque el párkinson se manifiesta, entre los primeros síntomas, mediante la pérdida del olfato, es decir hay una similitud evidente con el COVID-19”.

El fenómeno ha llamado la atención de los científicos. Un estudio extenso ha sido llevado a cabo, por ejemplo, en el Instituto Karolinska, a las afueras de Estocolmo.

De acuerdo con Jech, hace falta monitorear a los pacientes que perdieron el sentido del olfato durante la primera ola de la pandemia. Se están realizando varios estudios prospectivos a largo plazo cuyo objetivo es descubrir si los pacientes sufren de algunas enfermedades y, en caso de que sí, si hay algún denominador común.

El interés de la comunidad científica se desprende principalmente del hecho de que, en teoría, a través de las células, el coronavirus puede llegar hasta el cerebro. Aunque esto no suceda de manera masiva, los expertos temen lo que el fenómeno podría significar dentro de algunos años, explica Jech.

“Nos preocupa que esto podría ser un problema en el futuro que posiblemente tendría forma de una enfermedad neurodegenerativa como el mal de Parkinson. Porque el párkinson se manifiesta, entre los primeros síntomas, mediante la pérdida del olfato, es decir hay una similitud evidente con el COVID-19”.

Jech hace referencia asimismo a un paralelismo histórico. Después de la mal llamada gripe española, una de las pandemias globales más letales que azotó al mundo a principios del siglo XX, se registró una epidemia de la enfermedad de Parkinson. Esta se suele clasificar como un trastorno del movimiento que, no obstante, también desencadena problemas cognitivos o alteraciones en la función del sistema nervioso.

El médico enfatiza en que, de momento, los expertos no tienen ni idea si algo similar podría volver a ocurrir, pero destaca que, solo por la mera posibilidad, hace falta que la comunidad científica se mantenga alerta.

Autores: Renata Kropáčková , Romana Marksová
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