El curioso Museo de Gas de Praga

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Inaugurado en 1999 y con el extraño detalle de que visitarlo requiere una cita previa, el Museo de Gas de Praga es único en su especie en todo el país y reúne una notable colección de objetos y electrodomésticos que muestran cómo fue cambiando el uso del gas a lo largo de la historia. En esta entrevista, su director Jan Žákovec recorre con nosotros cada rincón del sitio y nos detalla algunas de sus joyas más notables.

Director del Museo del Gas, Jan Žákovec, foto: Juan Pablo Bertazza

Ubicado en el distrito de Michle, en una pequeña sala del predio de la Compañía de Gas de Praga, ya en la puerta de ese enorme edificio se erige una estatua que, por sí sola, justifica la visita: creada por Ladislav Šaloun, nada menos que el autor de la escultura de Jan Hus en la Plaza de la Ciudad Vieja, muestra a un minero y a una mujer que, mediante el conocimiento científico, logra transformar el carbón en una llama de fuego que, debido al alto consumo que exige, solo se enciende durante algunos días festivos. Pero además el Museo de Gas de Praga tiene la particularidad de que abre solo algunos días y para visitarlo es necesario concertar antes una cita con su director Jan Žákovec, quien trabaja en la compañía realizando otras actividades vinculadas con los nuevos usos tecnológicos del gas.

“El Museo Nacional de Gas es el único en República Checa y en general cada país de Europa tiene uno: en Alemania, Polonia y Eslovaquia (Bratislava), en España (Barcelona) que está en Sabadell, también hay uno en Inglaterra, y un museo y depósito de gas en Francia (París), incluso en Dinamarca (en la ciudad de Hobro), mientas que República Checa lo tiene en Praga”.

Jan Žákovec, foto: Juan Pablo Bertazza

Durante los días de adviento, Žákovec aprovecha su altura de más de dos metros para encender de manera manual los faroles a gas del Puente de Carlos, un ritual que cada año llama la atención de muchos locales y turistas, ya que para hacerlo utiliza la misma indumentaria que usaban los antiguos empleados a cargo del encendido. Sin embargo reconoce que este sitio aún no es muy conocido ni siquiera por los checos. Tal vez porque no lleva tantos años abierto al público y, quizás debido a que Praga cuenta con numerosos museos.

“Este museo abrió en 1999, no es muy viejo, y es un museo mediano como el del agua y el del tratamiento del agua, recibe alrededor de tres mil visitantes por año, sobre todo de escuelas, universidades y países extranjeros, y además somos miembros de la Noche de los museos de Praga”.

El material exhibido proviene, sobre todo, de bazares, negocios de antigüedades, distintas donaciones de trabajadores de empresas de gas y algunos productos incluso fueron comprados por ebay.

Jan Žákovec, foto: Juan Pablo Bertazza

Y es precisamente durante la Noche de los museos cuando suele registrarse el pico de interés: alrededor de 500 visitantes tienen que entrar en varios turnos ya que la capacidad máxima del lugar es de 30 personas. Además de abrir sus puertas, esa noche el equipo de Žákovec ofrece también una experiencia interactiva para que la gente pueda probar alguno de los antiguos electrodomésticos que hoy pueden seguir en contacto con el público gracias a esta exposición que cuenta con una estructura muy clara.

“El museo tiene dos partes: una nacional sobre la historia de la industria del gas en República Checa y la otra es la parte técnica que trata sobre la producción, distribución y depósito del gas, pero también sobre su uso: tenemos muchas calderas, planchas, motores y mucho más”.

Pero para transmitir mejor la historia el museo se apoya además en interesantes maquetas a medida, líneas cronológicas, cuadros y pinturas.

Depósito del Museo del Gas, foto: Juan Pablo Bertazza

Según Žákovec lo importante es tener en claro que la industria tiene dos grandes padres: el francés Philippe Lebon y el escocés William Murdoch quienes se las ingeniaron para producir gas a nivel industrial casi al mismo tiempo, en el año 1782. El primero a partir de la madera y el segundo usando carbón.

Otro año importante es 1805, cuando se funda la primera compañía de gas en Londres, Inglaterra, y dos años después se instala el primer alumbrado público en la calle londinense de Pall Mall. Luego se irían sumando ciudades como París, Hamburgo y Viena. Y recién en 1847 se creó la primera industria de gas en las afueras de Praga, en Karlín, cerca del actual Hotel Hilton. Por ese entonces la producción de gas se destinaba, sobre todo, a la iluminación de las calles.

Cafetera a gas, foto: Juan Pablo Bertazza

“Y cuando abrió esta fábrica de gas, se colocaron doscientas lámparas a gas en el centro de la ciudad, y hubo una gran celebración porque hasta entonces solo se usaban lámparas de aceite pero las lámparas a gas eran mejores”.

Proyector Linterna Mágica a gas, foto: Juan Pablo Bertazza

Después surgieron otras compañías tanto en la capital checa como en el resto del país. Eran bastante pequeñas y se instalaron en barrios como Žižkov y Holešovice (que aún mantiene su calle Plynární). Pero no tardaron en cerrar cuando, entre 1925 y 1927, se construyó la mucho más grande y evolucionada fábrica de Michle, en su momento una de las más sofisticadas de Europa.

Žákovec explica que así como la producción de gas fue cambiando a lo largo de la historia también es posible encontrar muchas diferencias a lo largo y ancho del mundo.

“Porque el consumo de gas durante el año en cada lugar del mundo es distinto: en Europa, por ejemplo, el mayor porcentaje de consumo tiene lugar en invierno porque el gas se utiliza sobre todo para calefacción pero por ejemplo en Florida el pico puede darse en verano ya que se utiliza, sobre todo, para climatizar”.

Afirma Žákovec que hoy el consumo diario en Praga es de siete millones de metros cúbicos y, si por alguna razón se interrumpiera la entrega de gas, el país contaría aún con tres o cuatro meses de consumo extra gracias a los depósitos bajo tierra que existen, sobre todo, en la región de Moravia.

Estatua en la entrada del Museo del Gas, foto: Juan Pablo Bertazza

Según su relato, el uso doméstico del gas se empezó a expandir en los albores del siglo XX, cuando comenzaba a utilizarse no solo para iluminar calles o activar globos aerostáticos sino también para usar los primeros electrodomésticos y calefactores que, a nivel nacional, producía la empresa Karma.

Y tal como demuestran las vitrinas del museo, uno de los objetos a gas más frecuentes en aquel entonces eran las planchas. Žákovec asegura que había, por lo menos, tres tipos: una con calentador externo, la segunda con quemador interno que requería una conexión de gas a la plancha y la tercera era muy pesada porque estaba íntegramente hecha de metal y se usaba sobre todo en tintorerías profesionales.

Otra curiosidad de la exposición es un enorme lavarropas que, en realidad, trabajaba con una combinación de electricidad para hacer rotar el tambor y gas para calentar el agua.

Y, por último pero no menos importante, un proyector a gas utilizado a fines del siglo XIX, artefacto conocido en el país como “Linterna Mágica”, nombre con el que Josef Svoboda bautizaría a su mítica compañía teatral creada en 1958.

“El problema es que al principio el proyector funcionaba con luz a vela, luego fue a gas y ahora se usa con bombilla eléctrica. Tenían una chimenea pero el contacto entre la placa y la cinta fílmica era muy peligroso”.

Para no tener que concluir el recorrido, Jan Žákovec nos invita a visitar también la biblioteca sobre el gas que, aunque dispuesta en otra sala distinta, depende también del museo. Luego propone conocer el depósito plagado de objetos históricos en refacción para concluir la entrevista en su propio despacho dentro de la empresa, donde además de recomendar enfáticamente una visita a un negocio parisino que se dedica a vender antigüedades relacionadas con esta temática, Žákovec nos muestra una asombrosa máquina a gas que permite hacer café y chocolate y, por supuesto, funciona a la perfección.