De Aconcagua a las tierras polares

Nevado de Colima (Foto: www.garba.cz)
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Hace aproximadamente un año el alpinista Václav Rovenský, de 35 años de edad y de profesión civil abogado, cofundó con sus amigos una asociación cívica que denominaron simplemente "Viajes al Norte". Su objetivo es acercar al público la naturaleza de las zonas del norte de nuestro planeta y el modo de vida de sus habitantes. La meta principal de los exploradores polares aficionados consiste, no obstante, en organizar la primera expedición checa al Polo Norte Magnético. Antes de lanzarse a la aventura en la tierra de hielo eterno, Václav Rovenský conquistó los picos de América Latina. Más nos contará en esta edición de "A Toda Marcha".

A la montaña más alta de América, el Aconcagua, se asciende saliendo desde la ciudad argentina de Mendoza, o desde Chile, cruzando la frontera con Argentina y avanzando hacia el Puente del Inca. Václav Rovenský y su amigo optaron por la ruta chilena que es la menos difícil. Se dirigieron a finales de enero de 1999 a América del Sur, aprovechando los servicios de una agencia de viajes. "Entonces, no había todavía tanta información", explica Václav Rovenský.

Václav Rovenský (Foto: Martina Schneibergova)
"La organización no fue ideal, a pesar de que uno de los guías fue el explorador polar Miroslav Jakes, que subió al Aconcagua varias veces. Un ascenso lo realizó solo en invierno, perdiendo en esa ocasión casi todos los dedos de sus pies. Miroslav Jakes tuvo un plan que no se cumplió desgraciadamente. Mi amigo y yo nos adelantamos en llegar al campamento base de Nido de Cóndores a 5 500 metros de altura".

Como ya estuvieron acomodados a la altura, al día siguiente decidieron iniciar el ascenso.

"Subimos a unos 6 500 metros, pero mi amigo estuvo mal, pues, tuvimos que regresar. El día siguiente descansamos. Luego se empeoró el tiempo. Nos dijeron que en la cima habían muerto cuatro personas a causa del frío lo que cual, naturalmente, no levantó nuestro ánimo. Esperamos cinco días más y nos quedamos en el campamento. En primer lugar se nos agotaron las provisiones, y en segundo lugar mi amigo no superó psíquicamente la última noche cuando parecía que se nos iba a romper la tienda de campaña. En Los Andes se unen las masas de aire de ambos océanos, y a veces hace un frío terrible. Así que en la mañana decidimos hacer las maletas y nos fuimos. Al día siguiente hizo un tiempo espléndido, y la mayoría de los que viajaron con nuestra agencia subieron al Aconcagua. Tengo que confesar que lloré posteriormente en el autobús. Fue mi sueño irrealizado".

¿Opina que le servirá esta experiencia para realizar expediciones al Norte?

"Seguro. Allí sufrimos un frío extremo, por las noches la temperatura descendía a los 40 grados bajo cero. Uno se despierta en la tienda de campaña y todo está helado. Dentro de la misma puede hacer quince bajo cero y eso es más que suficiente".

¿No baraja la posibilidad de repetir la ascención al Aconcagua algún día?

"Puede ser que sí. Posiblemente hoy ya no me parece algo tan extremo pero ese destino es muy lejano. Tomaría tres semanas, como mínimo, y uno ya no tiene tanto tiempo como antes".

Václav Rovenský arregló sus cuentas con los picos latinoamericanos dos años más tarde en México. Con sus amigos escaló el volcán más alto de ese país, el Pico de Orizaba de 5 813 metros de altura, situado al lado de Popocatépetl.

"Nos acostumbramos a las condiciones climáticas en el Norte, en las cercanías de Guadalajara, ascendiendo al Nevado de Colima. Este tiene dos cerros, uno es un volcán vivo y el otro apagado, de unos 4 500 metros de altura. Luego bajamos a la Ciudad de México acercándonos al Orizaba. Se sale de un campamento base ubicado a 4 300 metros sobre el nivel del mar. El primer día logramos subir hasta los 5 200 metros. En la mañana siguiente mi compañero y yo nos levantamos a la una, y a las ocho ya estuvimos arriba".

¿Se necesita algún permiso especial para poder escalar el Orizaba?

"No hace falta un permiso, pero hay que tener un equipo alpinístico especial porque la cima es un cono helado. Hay que realizar la subida cuando los cielos están despejados. Debido a la densa nubosidad alrededor de las once es muy probable que uno se pierda, ya que no se ve ningún punto de orientación".

El alpinista Václav Rovenský ha regresado recientemente de una expedición a las Islas Spitzberg. Antes de este viaje sostuvo que las zonas nórdicas de la Tierra le atraen por su libertad. Brindan la oportunidad de "huir" de la civilización omnipresente y luchar con la naturaleza en lugares donde ésta aún goza de una ventaja notable sobre el hombre.

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