Carteles españoles de la guerra civil se exhiben en Praga

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La vanguardia artística española en los años 30 del siglo XX se volcó en defensa de la República. Lemas militantes tipo “Aplastemos el fascismo” y “Tierra y libertad”, advertencias como “Los niños no deben sufrir los horrores de la guerra. En las colonias del Ministerio de Instrucción Pública tendrán salud y alegría” o exclamaciones “¡Mujer! Exige un puesto en la producción que es hoy tu frente de lucha” aparecen en los carteles de la época entre 1936 y 1939. Una colección de afiches de la guerra civil española se presenta estos días en el Instituto Cervantes de Praga.

La Fundación Pablo Iglesias recuperó los carteles de los archivos de la Agrupación Socialista de Madrid que fueron guardados durante el régimen de Franco en el Servicio Histórico Militar. Así explicó a Radio Praga el director de esa fundación, Salvador Clotas.

“Son carteles que provienen de distintas organizaciones. No son solamente carteles socialistas, ni mucho menos. La Agrupación Socialista madrileña empezó una colección que nosotros hemos completado. Nosotros no recibimos dos mil carteles, recibimos menos, pero nosotros hemos ido adquiriendo otros carteles originales que hoy tienen mucho valor en el mercado porque, claro, se destruyeron muchísimos. Hay algunas colecciones particulares en España, hay algunos en los archivos oficiales españoles, hay en Londres, en el Archivo de los Conflictos Sociales Modernos, en Ámsterdam, hay bastantes todavía, yo creo, en los archivos oficiales en Moscú”.

Entre los autores de los carteles de la guerra civil no figuran solamente artistas españoles, sino también extranjeros.

“Por ejemplo, en la exposición que se inauguró en Praga está un cartel de Amster, que fue un extranjero que vino a España y es un gran diseñador. El cartel más famoso de la guerra civil española es un cartel del pintor Joan Miró. Es un cartel que hizo para pedir ayuda para España y se llama ´Aidez l´Espagne´, que en español quiere decir ´Ayudad a España´. Nos gustaría tener este cartel, pero está en París y no viaja porque tienen miedo de que se destruya. Este es el problema de estos carteles, hay que tener mucho cuidado. Nosotros ya seguramente este es el último año que vamos a hacer exposiciones porque no queremos que se estropeen. Además de Miró está Clavé, Monleón, Huertas y sobre todo un gran cartelista que hizo muchos carteles para el Partido Comunista que se llama Renau. Este es un artista extraordinario. Hay muchísimos nombres, sería muy largo de detallarlos. Hay uno que es muy conocido que firmaba como Yes”.

Salvador Clotas agrega que muchos de los artistas, que eran en su mayoría muy jóvenes, permanecieron en el anonimato al no considerar necesario publicitar su personalidad, sino la causa por la que lucharon.

“Uno piensa, bueno, anónimos, porque luchaban por una causa política, pues, había cierto descuido estético. No, no, no había ningún descuido estético. Había un trabajo estético extraordinario, muy al día, influidos por todo el diseño que se hacía en Europa, el diseño alemán, checo, todo lo que eran las vanguardias europeas, naturalmente muy influidos también por la cartelística soviética. Había influencias de todo tipo, si Ud. rastrea verá que no hay un solo estilo, sino que estos artistas como jóvenes inquietos eran permeables a todo lo que estaba pasando en el arte europeo. Y seguramente si la República no hubiera perdido la guerra, yo creo, en España se hubiera producido un movimiento artístico de una gran fuerza. Claro, luego, muchos de ellos se daban la vida como pudieron, otros se fueron al exilio, es decir, ya esto desapareció un poquito”.

El aspecto gráfico y el contenido de algunos de los afiches pueden recordar la propaganda de la dictadura comunista en Checoslovaquia de los años 50. ¿No han suscitado alguna reacción negativa al decidir presentar esta muestra al público checo que es sensible con ese tema?, preguntamos al director de la Fundación Pablo Iglesias, Salvador Clotas.

“Nosostros nos esforzamos mucho en explicar que si esta colección no tuviera un gran valor artístico, nosotros no haríamos muestras. ¿Por qué las hacemos? Porque estamos seguros de que tiene un valor estético y que ya no tiene que ver con la realidad presente. Yo comprendo lo que me dice de alguna dificultad que pudiera haber en Chequia. Pero no tiene que haberla por una razón, porque aquello es historia, lo que se defendía en aquel momento era una legalidad democrática, pero por supuesto no podemos estar de acuerdo ni con la actitud que tenía la Unión Soviética, seguramente hay muchísimas cosas del Partido Comunista o de los anarquistas de la época con las que no podemos estar de acuerdo. Además, luego hubo en España una lucha entre anarquistas y comunistas. Pero todo esto es pasado. Lo que hay que ver es, digamos, la lección que se desprende de un pueblo que lucha por su democracia y por su libertad. Las instituciones partidarias que tenían, pues, eran de la época. Hoy ya no tienen nada que ver. Entonces, yo creo que el público de Praga no tiene que confundirse tampoco. No puede haber ninguna lectura favorable a lo que fueron los tiempos malos para los checos en los tiempos de la Unión Soviética”.

Los carteles estaban en los archivos de la Fundación Pablo Iglesias desde el año 1987 a plena disposición de investigadores. La primera exposición en público se hizo en Madrid hace tres años, respondiendo al deseo de la joven sociedad española de recuperar la memoria histórica. Hasta el momento, la muestra se ha presentado en Francia, Suecia, Italia, y en Munich, Alemania.

“¿Y por qué menciono a Munich? Porque fue el único sitio donde fue un cierto problema político. Pero muy distinto a lo que me plantea Ud. En Munich algunos de las personas de las que asistieron a la exposición estaban inquietos porque, claro, los alemanes han tenido también una tragedia muy grande. Y entonces, no quieren resucitar, es decir no quieren que vuelvan a aflorar ciertas cosas y les deba miedo que esta exposición no fuera una manera también para que en el seno de la sociedad alemana pudieran surgir cuestiones de la memoria histórica que no quería suscitar en aquel momento. El único sitio en que yo he visto la posibilidad de una cierta distorsión en la lectura política de los carteles ha sido en Munich, pero no pasó nada. Al revés, fue muy agradable, hubo profesores de la universidad que hicieron una conferencia sobre los carteles desde el punto de vista estético, sabían mucho más que yo, fue muy interesante”.

Salvador Clotas explicó que hay que tener en cuenta de que hoy día el cartel ya no desempeña esa función que tenía en los años 30 del siglo pasado.

“Estamos en una sociedad en la que todavía había muchísimos analfabetos, donde la radio era una cosa minoritaria, desde luego no existía la televisión, se leían pocos periódicos, entonces, el cartel tenía la función tanto por lo lemas que tenía, como por su iconografía de comunicar mensajes. Tenían que ser mensajes muy claros. El cartel tenía una gran importancia en España, pero también lo hemos visto en la Unión Soviética donde los carteles tenían mucha influencia. Con la guerra esto se multiplica porque hay una necesidad primero de explicar a los ciudadanos que apoyen a la democracia y a la libertad, que se alisten, que ayuden a las tropas, pero también hay muchos carteles que no tienen un sentido bélico. Hay carteles sobre la higiene, sobre la educación, sobre el cine, es decir, también se preocupaban de la vida de los que estaban a la retaguardia. Entonces, se produce una explosión impresionante de todo el arte de los carteles”.

¿Los autores tuvieron plena libertad al hacer estos carteles o existían algunas reglas que tenían que respetar?

“Yo creo que tuvieron mucha libertad. Es verdad que ellos trabajaban con un sentido políticamente militante de defender al Ejército Rojo, al Ejército de la República… Pero yo creo que tuvieron mucha libertad incluso los que trabajaban para el Partido Comunista o para los anarquistas, sobre todo libertad estética. Los mensajes les venían dados por las organizaciones, que algunas eran muy poderosas, por ejemplo el propio gobierno de la República. También es verdad que hay muchos carteles que no surgían de grandes instituciones como el ministerio o como la Junta de Defensa o los partidos políticos. Hay carteles que surgían del trabajo colectivo de impresores, de jóvenes artistas. Seguramente, estos no tenían ninguna consigna, éstos se dirigían a la sociedad, simplemente”.

La muestra de 95 carteles de la guerra civil española se expondrá en el Instituto Cervantes de Praga hasta el 25 de abril.