Antonín Dvořák en el Nuevo Mundo

Antonín Dvořák con su familia en EE.UU.
0:00
/
0:00

Hace 130 años, el compositor Antonín Dvořák vivió durante cierto tiempo en Estados Unidos. Allí compuso su sinfonía más famosa, la del Nuevo Mundo.

Corespondencia de Antonín Dvořák de 1891 | Foto: e-Sbírky,  Národní muzeum,  CC BY 4.0

A principios del siglo XIX, Antonín Dvořák se reunió en persona con Jeanette Thurber, fundadora del Primer Conservatorio Nacional de Nueva York. Su encuentro fue precedido por una abundante correspondencia que tuvo un único motivo: convencer al famoso compositor para que se encargara del puesto de director del conservatorio neoyorquino.

El renombre del compositor checo había llegado entonces hasta Estados Unidos, en el año 1884 incluso le ofrecieron realizar allí una gira. Los estudiantes de música en aquella época solían viajar a estudiar a Europa. La idea de los fundadores del conservatorio era, en cambio, que los maestros europeos fuera a dar clases a Estados Unidos. Entre otros, invitaron a Dvořák, cuya capacidad de componer dentro de cualquier género musical se mostró clave para esta proposición.

La lista de pasajeros,  el billete naval de Antonín Dvořák de la navegación Bremy - Nueva York,  17-9-1892 | Foto: e-Sbírky,  Národní muzeum,  CC BY 4.0

Dicen que Dvořák rechazó durante mucho tiempo la invitación y que decidió aceptarla solo tras dicha reunión con Jeanette Thurber. Seguramente le ayudó a tomar esa decisión el sueldo que le ofrecieron y que ascendía a 15 000 dólares, dinero suficiente para el resto de su vida.

Dvořák se puso a trabajar con entusiasmo y comenzó con la evaluación de un concurso musical convocado por el conservatorio. A casa luego envió una carta que decía: “Hay talentos aquí, pero tremendamente descuidados, saben poco. Sobre todo, por eso me llamaron acá para enseñarles a tomar el mejor camino, si es posible.”

 Un compositor que asombró a Nueva York

La partitura de la Sinfonía del Nuevo Mundo | Foto: public domain

Además de los deberes de director de conservatorio, Dvořák tuvo bastante tiempo para dedicarse a componer. Aproximadamente después de un año asombró a Nueva York. El 17 de diciembre de 1893, el diario New York Herald informó del máximo evento del año:

“Unas ovaciones estruendosas se escuchaban en todas partes. Todos miraban allí donde miraba el director de la orquesta. Estaba claro a quién buscaban todos los ojos. En toda la sala se escucharon voces que coreaban: ¡Dvorak, Dvorak! Y mientras que el compositor hacía reverencias a todos los lados, tuvimos la posibilidad de seguir a este poeta de tonos que sabe cautivar el corazón de un público tan numeroso”.

El estreno de la Sinfonía del Nuevo Mundo | Fuente: New York Herald,  16-12-1893

Con esas palabras informó el diario del estreno de la sinfonía de Dvořák. Los melómanos neoyorquinos se dieron cuenta de que acababan de escuchar una de las obras cumbre del romanticismo musical, lo mejor de la obra sinfónica de todos los tiempos. Dvořák entusiasmó a los estadounidenses. Su invención musical en esta sinfonía era impactante y pegadiza. Los expertos elogiaban a Dvořák y algunos de ellos llegaron a la conclusión de que Dvořák había sentado las bases de una nueva música americana.

La postal de Spillville | Foto: Sborník k oslavě stoletých narozenin Antonína Dvořáka : 1841-194/Celestin Rypl/Wikimedia Commons,  CC0 1.0

El Largo de la Sinfonía del Nuevo Mundo incluso se convirtió en el himno del Estado de Iowa. Dvořák había dejado una huella muy profunda precisamente en la aldea de Spillville, situada en ese estado. A Dvořák lo llevó allí su secretario personal, Josef Kovařík, un checo-estadounidense que provenía de esa población. El compositor se quedó allí durante tres meses. Cada mañana iba a la iglesia de San Venceslao para tocar el órgano en la misa. Durante los paseos que daba por los alrededores se le ocurrieron varias ideas musicales.

Autor: Roman Casado
palabra clave:
audio

Relacionado

  • Éxitos de música clásica

    La música clásica checa forma parte de la cultura e historia del país y pertenece literalmente al alma de la nación.