Analizar aguas residuales para prevenir una nueva pandemia de COVID-19

Věra Očenášková, foto: Michaela Danelová, ČRo

Científicos checos están trabajando en identificar huellas del coronavirus en aguas residuales. El método podría ayudar a detectar una futura oleada de COVID-19 en sus inicios.

Věra Očenášková, foto: Michaela Danelová, ČRo

Equipos científicos de Austria, Países Bajos y EE.UU. han logrado encontrar restos del coronavirus en aguas residuales. El estudio checo se inició hace apenas 14 días pero muestra resultados prometedores. En caso de ser exitoso, el método podría ayudar a prevenir la propagación de una nueva pandemia de COVID-19.

Foto: archivo de Radio Praga
En Chequia, el estudio es realizado por el Instituto Hidrotécnico de Investigación. El monitoreo, que fue iniciado hace dos semanas, debería continuar otro mes más. El Instituto colabora con 17 plantas depuradoras en todo el territorio de la República Checa que en total purifican agua para aproximadamente 700 000 habitantes. Como explicó Věra Očenášková del equipo del Instituto Hidrotécnico de Investigación, su contribución es voluntaria.

“Naturalmente, es necesaria la colaboración con purificadoras de agua que nos proporcionan las muestras. Lo hacen de manera voluntaria, está en su competencia de decidir si quieren participar o no”.

El estudio consiste en tomar muestras del agua que llega a las depuradoras y analizar si contienen huellas del coronavirus. Según contó Očenášková, el análisis epidemiológico de aguas residuales es una tendencia relativamente nueva que solo se aplica desde principios del milenio. Anteriormente los análisis se aprovechaban sobre todo para detectar la presencia de drogas, pero el desarrollo de técnicas de análisis ha permitido estudiar más y más elementos. Y, visto que todo lo que expulsa el organismo humano termina en aguas residuales, los científicos suponen que también hallarán la presencia del coronavirus.

A diferencia del SARS, que puede sobrevivir en aguas residuales hasta más de dos semanas dependiendo de la temperatura, el nuevo coronavirus es bastante inestable. Según sostiene Očenášková, no parece que sea capaz de perdurar por mucho tiempo. Los datos son escasos, pero la científica considera que no hace falta preocuparse, ya que una persona común y corriente no entra en contacto con agua residual. En cuanto a una posible contaminación del agua potable, explicó que no se puede descartar, pero hasta el momento no se ha registrado ningún caso.

Věra Očenášková, foto: Michaela Danelová, ČRo
La investigación checa está en sus inicios y los resultados han sido negativos hasta el momento. De acuerdo a Očenášková, la noticia no es mala y no significa que el método sea incorrecto. El hecho de que su equipo no haya obtenido ningún resultado positivo se debe, en su opinión, al bajo número de contagiados en Chequia en comparación con otros países.

Si el equipo logra detectar el coronavirus, en teoría, su presencia en aguas residuales podría ayudar a identificar focos de posible contagio y ganar un tiempo precioso, explicó Očenášková.

“En un estado neutral, las aguas no contienen el virus. Una vez que lo detectemos podremos suponer que se acerca otra oleada del COVID-19, ya que la expulsión del virus en las heces se inicia antes de que se empiecen a manifestar los síntomas de la enfermedad”.

En este caso el cuerpo humano expulsaría el coronavirus al tercer día del contagio de la persona, es decir mucho antes de que el contagiado sea consciente de constituir una amenaza para las personas a su alrededor.

El mayor problema, según comentó Očenášková, es que los científicos no han determinado el número de contagiados necesario para dar un resultado positivo. Los estudios en el extranjero han registrado resultados positivos, pero siempre se trata de un simple sí o un no. Lo que falta, en su opinión, es relacionar los resultados con el número de personas contagiadas, para que indiquen asimismo si dentro del área determinada se trata de una persona o mil.