Alimentos verdes, azotes y otras creencias de la Pascua checa

Los últimos días de la vida de Jesucristo se vinculan en la República Checa con una serie de creencias y supersticiones más o menos peculiares que fusionan las prácticas cristianas y las paganas.

Pase lo que pase, el día del “Miércoles Agrio” hay que evitar poner mala cara en la República Checa. De lo contrario, podría quedarse así el rostro durante el resto del año. Esta antigua superstición se refiere a la mirada agria que Judas dirigió a Jesucristo después de haberlo traicionado.

Jidášky - los “judasitos” | Foto: Stanislava Brádlová,  Český rozhlas

El Jueves Santo es conocido en Chequia como el Jueves Verde. Su denominación surgió de forma casual -deformando el nombre alemán Greinendonnerstag, es decir, Jueves Lamentoso, a Grünner Donnerstag, el Jueves Verde. Conforme a una creencia, ese día se deberían consumir especialmente alimentos de color verde para gozar de buena salud a lo largo del año. La tradición se ha vuelto popular también entre numerosas cerveceras checas que preparan un lote de cerveza de color verde exclusivamente para ese día. Otra creencia sostiene que comer un trozo de pan untado con miel antes del amanecer previene del riesgo de una picadura de serpiente, avispa u otro bicho peligroso. Por su parte, tirar un pedacito de pan con miel al pozo debe garantizar la abundancia de agua. Ese día, las amas de casa suelen preparar los llamados jidášky, o los “judasitos”, unos bollos de masa dulce cuya forma trenzada se asemeja a la soga con la que Judas murió ahorcado. Se sostiene que el que coma un judasito, permanecerá sano durante el resto del año.

Recordando la última cena de Jesús, las campanas vuelan ese día a Roma y las iglesias permanecen en silencio hasta el Sábado de Aleluya o el Sábado Blanco. Para suplir el sonido de las campanas, los muchachos salen a las calles con matracas y cascabeles. Conforme a una creencia, el sonido de las matracas expulsa las fuerzas negativas de las casas.

El Viernes Santo aparecen los tesoros

Pascua florida en el Museo de Přerov nad Labem | Foto: Martina Schneibergová,  Radio Prague International

El Viernes Santo siempre se ha vinculado en el ámbito checo con una fuerza mágica. Conforme a una superstición, no se debe labrar la tierra ese día para no incomodar a Jesucristo que descansa en su interior. Violar esta regla podría provocar una cosecha pésima.

Sin embargo, ese día la tierra adquiere un poder especial – en algunas localidades se abre para revelar los tesoros escondidos en su interior, según explicó a Radio Praga la etnógrafa del Museo Nacional, Jiřina Langhammerová.

“En el territorio checo existen muchas leyendas. Las tradiciones y supersticiones paganas en las Tierras Checas se entrelazaban con las costumbres del cristianismo y la gente las adaptaba a sus necesidades y sueños. De igual manera surgió la leyenda sobre la apertura de la tierra el Viernes Santo que permitía a la gente necesitada conseguir tesoros”.

Foto: Wellcome Collection gallery,  Wikimedia Commons,  CC BY 4.0

La ubicación de los tesoros es señalada por una luz mágica o un helechal iluminado. En algunas regiones checas, los muchachos se sumergían al agua para capturar con la boca una piedra y arrojarla con la mano izquierda hacia atrás. Con este ritual evitaban el dolor de muelas. El Viernes Santo tampoco se debía lavar la ropa, ya que según una creencia se lavaría en la sangre de Jesucristo. Asimismo, se creía que el agua de los manantiales de montaña se convertía en vino. El Viernes Santo era también un día importante para pronósticos meteorológicos para el resto del año. Si el clima era lluvioso, el resto del año sería seco. En algunas localidades, las amas de casa solían cocer huevos y con el agua de la olla lavaban el umbral de sus casas. Este ritual debía proteger a la familia ante el mal de ojo y las brujas no se atrevían a sobrepasar el umbral.

El Sábado de Aleluya en Chequia se denomina Sábado Blanco. Este color se refiere a las túnicas que se vestían durante los bautizos en la víspera de la Resurrección de Jesucristo. Frente a las iglesias se encendían hogueras para recordar la muerte de Judas. Llevarse un tizón de una de las hogueras a casa protegía el hogar ante los incendios.

Azotes, huevos y colonia

La actividad clave del Domingo de Resurrección es la elaboración de corderos de Pascua, panes dulces hechos de masa de levadura que simboliza una buena cosecha y la buena salud. El cordero se suele adornar con una cinta roja, que representa la vida, al igual que una ramita verde que se coloca en su boca.

Jiřina Langhammerová | Foto: Jan Sklenář,  Český rozhlas

El Lunes de Pascua o el Lunes Rojo destaca en Chequia por el mayor número de tradiciones alegres de toda la Semana Santa. Jiřina Laghammerová acerca las costumbres populares, que se han conservado desde la época precristiana hasta la actualidad.

“Para los checos siempre ha sido un día alegre. Los muchachos elaboran para esta ocasión unas trenzas entrelazadas de ramitas de sauce y desde la mañana al mediodía recorren las casas de las muchachas para azotarlas simbólicamente. No es una costumbre tan violenta como pueda parecer. Nuestros antepasados creían en el poder mágico de estas varitas. Se cree que gracias al azote, la mujer rejuvenecería y gozaría de una buena salud a lo largo del año”.

La varita de sauce es conocida en checo como “pomlázka” y este término deriva del verbo “omladit”, o sea, rejuvenecer. Otro sentido implícito del azote era amoroso. En algunas localidades, las chicas obsequiaban a los muchachos con huevos adornados para declararles su amor. En ocasiones se quedaban sin respuesta por parte de su amado, y entonces llegaba el momento de preparar una pócima de amor elaborada de tréboles macerados en vino. En el noroeste de Moravia, los muchachos además vierten agua sobre las chicas para garantizar su fertilidad. Al día siguiente, las muchachas tienen la oportunidad de vengarse y mojar a los hombres. Por su parte, en algunas zonas las muchachas vierten sobre los hombres colonia.

Pomlázka en Podještědí,  foto: FS Horačky

Uno de los símbolos más característicos de la Pascua en la República Checa son los huevos adornados, que representan la fertilidad, la vida y la resurrección. Una leyenda de Bohemia Oriental explica el origen de obsequiar a los villanciqueros con este alimento. Cuando Jesucristo y San Pedro peregrinaban por el mundo, llegaron a una granja pidiendo a la ama de casa un mendrugo de pan. La campesina no tenía una sola migaja, pero les ofreció un huevo que su gallina acababa de poner.

Después de la salida de los forasteros, la mujer se puso a barrer las cáscaras de huevo que mientras tanto se habían convertido en oro. Para recordar este acontecimiento maravilloso, la campesina siempre regalaba huevos el día de Lunes de Pascua.

Foto: Štěpánka Kadlečková,  Český rozhlas

La decoración de los huevos de la Pascua sigue siendo una de las tradiciones más populares en la República Checa. Para colorearlos se utilizaban tinturas completamente naturales como cáscaras de cebolla, hojas de espinacas, de menta, jugo de remolacha, infusión de tila o corteza de roble.

Los huevos se tintaban especialmente de color rojo, amarillo, verde y azul. Los rojos simbolizaban el amor, la nueva vida, y la protección ante los demonios. Por su parte, los huevos verdes representaban la juventud, la naturaleza y la primavera, mientras que los amarillos se referían al sol y la luz. La pureza, la fe y el agua bendita quedaban simbolizados a través del color azul.

Una de las técnicas populares consiste en crear ornamentos con cera de abeja, mientras que el grabado se realiza con una pluma remojada en ácido.

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