8 de mayo: una victoria marcada por el dolor
El 8 de mayo de 1945, capituló el ejército de Alemania por lo que se le conoce como el Día de la Victoria. Para muchas personas, no obstante, la guerra no terminó ese mismo día. Fue el caso de los presos del gueto de Terezín en el que, después del 8 de mayo, murieron más de 1500 personas más. Sobre los últimos meses del mayor campo de concentración nazi en las tierras checas hablamos con el historiador del Memorial de Terezín Vojtěch Blodig.
El sistema conocido como la “solución final a la cuestión judía”, dicho por la terminología nazi, en otras palabras, el holocausto o la Shoá, funcionaba en la ciudad de Terezín, a 60 kilómetros al norte de Praga, desde finales de 1941 y siguió cobrándose vidas incluso después de la liberación en mayo de 1945.
La cárcel policial de la Gestapo en la Pequeña fortaleza existió hasta mediados de mayo de 1945. Y el 2 de mayo de ese mismo año fue testigo de una terrible ejecución durante la cual fueron asesinadas 52 personas, cuando ya estaba claro que la guerra se iba a terminar, el día de la conquista de Berlín.
Terezín, no obstante, no era solo la Pequeña fortaleza (una conocida cárcel, desde el siglo XIX, por la que pasó también, por ejemplo, el asesino de Francisco Fernando de Austria, Gavrilo Princip), sino que era, sobre todo, una ciudad convertida en un gueto, tal como explicó el historiador y director adjunto del Memorial de Terezín, Vojtěch Blodig.
“En los últimos días de la guerra y en los primeros días y primeras semanas posteriores a la liberación, las personas morían y vivían momentos terribles que se vinculaban, sobre todo, a la llegada de los llamados transportes de evacuación”.
“En el gueto es donde murió la mayoría de las víctimas del régimen nazi. Al final de la guerra, la situación era excepcionalmente dramática y todavía en los últimos días de la guerra y en los primeros días y primeras semanas posteriores a la liberación, las personas morían y vivían momentos terribles que se vinculaban, sobre todo, a la llegada de los llamados transportes de evacuación y presos que habían sufrido las marchas de la muerte, organizadas para ir vaciando los campos de concentración cercanos al frente”.
Cuando a finales de 1944 el Ejército Rojo tomó el campo de concentración de Majdanek, se encontraron muchas pruebas de los crímenes que ahí habían sucedido. El jefe de las SS Heinrich Himmler dio la orden de no permitir que se repitiera y, por lo tanto, de ir vaciando los campos. Esto influyó gravemente en el final de la guerra en Terezín.
“Me gustaría mencionar algunas cifras. Desde la creación del gueto de Terezín a finales de 1941 hasta el 20 de abril de 1945 fueron deportados allí 140.000 presos. No obstante, desde ese mes de abril empiezan a llegar los transportes de evacuación y grupos de las marchas de la muerte y traen a unas 15.500 personas que llegan en un estado calamitoso”.
Otros, sin embargo, llegaban en los transportes ya muertos o a punto de fallecer. Los que sí sobrevivieron, se vieron seriamente amenazados por varias enfermedades como distintas formas del tifus, disentería y tuberculosis, entre otras. Esto, naturalmente, también suponía un gran peligro para los presos de Terezín.
“Los prisioneros de Terezín, unas 17.000 personas en ese momento, eran la única esperanza para los recién llegados. Fueron ellos los que en abril y mayo de 1945 se encargaron de dar atención médica a estas personas. Los médicos judíos y los enfermeros fueron los que se sacrificaron en gran medida, a tal punto que 43 de ellos murieron luchando contra la epidemia de enfermedades”.
A partir del 4 de mayo de 1945 empieza a llegar la ayuda organizada a nivel estatal por el Consejo Nacional Checo que contaba con la participación de expertos en la lucha contra las epidemias y las enfermedades contagiosas. Entre el 11 y el 13 de mayo empieza a participar también el servicio sanitario del Ejército Rojo, trayendo a Terezín equipamiento de hospital de campaña y estaciones de desinfección.
“La situación era tan grave que cada día hasta unas 120 personas se contagiaban de tifus. Hubo que anunciar una cuarentena general que duró 15 días, entre el 14 y el 28 de mayo. Fue muy difícil para quienes estaban ansiosos por volver a casa, esperando poder encontrarse con sus familiares y amigos sobrevivientes. Pero no había otra opción.”
“Los médicos judíos y los enfermeros fueron los que se sacrificaron en gran medida, a tal punto que 43 de ellos murieron luchando contra la epidemia de enfermedades”.
La lucha contra la gran epidemia duró hasta el verano de 1945. Por eso, también llevó tanto tiempo el proceso de repatriación que, además, se vio dificultado por numerosas circunstancias. Los presos judíos de Alemania y Austria, por ejemplo, no querían volver a sus países, al igual que muchos presos polacos. Numerosas personas sabían que igual nadie las iba a esperar en lo que había sido su casa antes de la guerra o tenían muy malos recuerdos del comportamiento de sus compatriotas. Por eso, se los fue trasladando a los “campos de personas desplazadas”, desde los cuales se dirigían después, por ejemplo, a América, EE.UU. o a Palestina.
“Para ilustrar la duración del proceso de la repatriación puedo decir que la última persona repatriada partió de Terezín el 21 de agosto de 1945. En esta fecha, la repatriación fue oficialmente concluida. El informe final sobre la liquidación de la epidemia y las consecuencias de la existencia del gueto de Terezín habla sobre 1566 víctimas adicionales a aquellos cuyas vidas se había llevado anteriormente la estadía en el campo”.
“Hubo que anunciar una cuarentena general que duró 15 días, entre el 14 y el 28 de mayo. Fue muy difícil para quienes estaban ansiosos por volver a casa.”
Entre las últimas víctimas, además de los ya mencionados médicos, figuraban cuatro personas de la ayuda “checa” y, sin lugar a dudas, numerosas personas del servicio médico soviético. Este número no se puede determinar, ya que estos datos fueron ocultados por el ejército soviético.
“Después de la Revolución de Terciopelo en noviembre de 1989 intentamos acceder a los antiguos archivos soviéticos y tener la información sobre estas personas, pero no tuvimos éxito. Esto es, por supuesto, muy triste porque se merecerían un homenaje por todo lo que han hecho en Terezín”.
“No había ningún recuerdo”
“Cuando llegué por primera vez a Terezín, fui en busca de las huellas judías, pero no encontré ninguna señal de que esto había sido un gueto”.
En 1947, el gobierno checoslovaco fundó el Memorial del sufrimiento nacional en la Pequeña fortaleza que debía recordar a las víctimas políticas al igual que judías de la persecución nazi. En febrero de 1948, no obstante, los comunistas tomaron el poder en el país y el recuerdo de las víctimas judías se fue ocultando. El historiador Blodig está convencido de que esto formaba parte de la política estatal.
“Se habla mucho de que en la época de las luchas por el Estado de Israel Checoslovaquia brindaba armas a este país. Pero ya no se dice tanto que esto no habría sido posible sin el permiso de Moscú porque, desde febrero de 1948, ningún paso en la política exterior podía efectuarse sin su permiso”.
Por lo tanto, cuando Israel rechazó ser un territorio sometido a la influencia de la URSS y, al contrario, se mostró prooccidental, la consecuencia para Checoslovaquia fue comenzar a negar todo lo vinculado a lo judío; no solamente el sionismo, sino también la historia judía, incluida la historia de la “solución final”.
“Cuando llegué por primera vez a Terezín, fui en busca de las huellas judías, pero no encontré ninguna señal de que esto había sido un gueto, de que ahí vivieron personas discriminadas por su origen. Entonces, creo que aquí se ve muy bien y claro que se trató de una cuestión política”.
Así, por ejemplo, Checoslovaquia fue uno de los últimos países en establecer vínculos con el principal memorial en recuerdo a la tragedia del holocausto, situado en Jerusalén, Yad Vashem, también una referencia importante en cuanto a la investigación histórica. Un contacto checo-israelí en este sentido no fue posible antes de la transición a la democracia en 1989.
Todo esto llevó a una situación paradójica en la que Terezín, en los años 90 del siglo pasado, contaba con más visitantes extranjeros que checos, quienes habían sido educados sobre los sucesos ahí acontecidos.
“Cuando empecé a trabajar en Terezín, era un memorial para los extranjeros. El nivel de las visitas de los interesados checos era muy muy bajo. Como no había ningún conocimiento del gueto, todos asociaban Terezín a la Pequeña fortaleza y, por lo tanto, a acontecimientos históricos no vinculados a los judíos. Requería una política muy paciente el hecho de ir explicándolo todo al público. Y muy importante en este sentido fue la postura de los profesores, pero también de los medios de comunicación. Sin ellos, el Memorial no habría conseguido mejorar el balance de los visitantes checos”.
En los últimos 35 años, el Memorial Terezín fue capaz de desarrollar un museo del gueto que se extiende por varios edificios históricos de la ciudad. También organiza, en colaboración con el Museo Judío de Praga y el Museo de la Cultura Gitana, el seminario Cómo enseñar sobre el Holocausto, que ya cuenta con unos 2500 profesores checos como asistentes.
“Esto supone una gran fuerza. Sabemos que los profesores vuelven con sus estudiantes y estoy convencido de que el creciente número de visitantes jóvenes se debe a esta actividad. Y, por supuesto, el Memorial de Terezín no es el único a nivel checo que hace este tipo de actividades educativas, afortunadamente”.
Concluye el historiador que, 80 años después, las posibilidades de investigar la historia del Holocausto no se agotan. “Es sorprendente todo lo que aún se encuentra, sobre todo en las herencias personales, y siempre hay que conocer los materiales de otras instituciones, materiales de archivo”, dice. De una gran ayuda en el conocimiento de esta historia fue, por ejemplo, el proyecto en línea de EHRI (Infraestructura Europea para la Investigación del Holocausto) que ofrece todos estos documentos de la época en formato digital.
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