Los perros tienen casi tantos derechos como las personas

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Amores Perros, el aclamado filme mexicano, es un vivo reflejo de la crueldad con que, a veces, se trata al mejor amigo del hombre en los países hispanohablantes. En la República Checa el perro es casi una persona más: viaja en bus o en tranvía y hasta se va de copas.

En la película dirigida por Alejandro González Iñárritu, que lanzó al estrellato a Gael García Bernal, una mafia organizada lucraba con las peleas a muerte entre furiosos canes, actividad ilegal pero muy difundida en los países de habla hispana.

Recientemente salió a la luz pública que dichas peleas también se organizaban en la República Checa, aunque están mucho menos expandidas. Los defensores de los animales, que acá son muchos, alzaron la voz de inmediato, indignados ante tamaño atropello.

Porque de verdad que los checos adoran a sus perros, viven con ellos en estrechos apartamentos y los sacan a pasear aunque afuera caiga lluvia, nieve o granizo, van al supermercado, a la peluquería, al banco, al bar de la esquina, a todos lados con sus inseparables mascotas, y eso llama mucho la atención a alguien de mentalidad latina.

Le preguntamos a Nuria, una estudiante española de intercambio, que lleva un mes viviendo en Praga, qué opina del trato exclusivo que le dan a las mascotas en este país. Ella dice que en Madrid es imposible ver a un perro en un bar, por ejemplo.

"Me ha llamado mucho la atención que en los tranvías se deja pasar a los perros, lo que en España no está permitido. Y también me ha llamado mucho la atención que los perros están en los bares como las personas y eso en Madrid nunca lo había visto. Lo bueno es que están bien educados y no he tenido ningún problema con los perros. El perro es aquí uno más. Sí, la verdad es que le tienen mucho cariño aquí a los perros", sostiene Nuria.

Así que si viaja a Praga y ve a un perro en un tranvía o en un bar, no se asuste, eso aquí es costumbre.

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