Los checos combaten la obesidad

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Las estadísticas demuestran que aproximadamente el 48 por ciento de los checos gustan comer cantidades exageradas y no se limitan en el consumo de todo tipo de "delicias" culinarias. No sorprende entonces que el 52 por ciento de los checos sea obeso, según datos de instituciones médicas del país.

La obesidad se registra entre personas mayores de 45 años de edad, aunque afecta asimismo a cierta parte de la juventud. En el caso de los jóvenes, existen incluso dos límites totalmente opuestos, especialmente en el caso de representantes del sexo femenino. Una parte de las niñas quiere asemejarse a las modelos de la alta costura y, por mantenerse delgadas casi no comen, corriendo el peligro de padecer diversas enfermedades, y otras niñas no paran de comer. Naturalmente, no todas las jóvenes checas llegan a uno de esos extremos, hay muchísimas con peso normal y son muy guapas.

Sobre el tema de la obesidad conversamos en A Toda Marcha con Jan, de la ciudad de Benesov, al sudeste de Praga, quien es representante de la mediana generación.

Jan asegura que no comparte la opinión de los expertos de que la nación checa sea obesa.

"Las investigaciones especializadas pueden asegurar que la nación checa es obesa, y que más gordos que los checos son sólo los estadounidenses, pero yo no estoy de acuerdo. He visitado varios países de Europa, como España, Grecia y Eslovaquia y los habitantes de varios países me parecieron mucho más gordos que los checos. Pero creo que, en general, en cada país hay gente gorda y también gente normal o incluso, demasiado flaca".

Lo que sí considera Jan es que los checos tienen costumbres alimenticias que poco tienen que ver con la sana alimentación.

"A mí me gustan comidas que no son sanas, por ejemplo, carne de cerdo asada, acompañada de unas ocho o diez rodajas de "knedlíky", aderezo típico checo en forma de bolas de harina cocidas. Por otro lado, practico deporte y con mis 188 centímetros de altura puedo permitirme comer un poquito más. Lo que sí observo es que en los últimos años se han puesto de moda los centros de comida rápida con sus hamburguesas. En esos restaurantes veo a muchos jóvenes, especialmente a mujeres y la mayoría de ellas son bastante gordas. Muchas personas suelen propagar la alimentación sana y afirman que comen verduras y frutas, pero yo creo que la mayoría sigue consumiendo hamburguesas y otras cosas por el estilo".

A pesar de ello, Jan considera que las campañas a favor de la alimentación sana que en los últimos años se promueven en la República Checa sí van surtiendo efecto.

"Creo que mucha gente al menos trata de cambiar sus costumbres alimenticias. Yo, personalmente, no puedo decir que las haya cambiado del todo, pero después de consumir una comida fuerte con unas diez rodajas de "knedlíky", puedo estar comiendo dos días ensalada de frutas o verduras. Mi hijo, que es adolescente, se interesa a su vez por el contenido de grasas en los alimentos y come mucha verdura y pan negro. En fin, considero que en ese terreno entre la población checa se registran cambios positivos".

"En invierno hace mucho frío así que uno conecta el horno para calentarse y para asar la carne de cerdo también, mientras que en verano hace calor para esas cosas. Pero, fuera de bromas, lo cierto es que durante el invierno acostumbramos comer platos más fuertes desde el punto de vista energético. En verano, a su vez, preferimos fruta, verdura y mucho líquido".

Según las argumentaciones de Jan, además de algunas malas costumbres alimenticias, la obesidad de los checos se debe en cierta medida al largo invierno registrado en estas latitudes, durante el cual lo mejor que se puede hacer es comer bien para resistir el frío.

En esta A Toda Marcha conversamos con Jan, de la ciudad de Benesov, sobre la obesidad y las costumbres alimenticias.

¿Qué opinan ustedes, amigos, sobre el tema?