“Los adolescentes checos son mucho más maduros que los españoles”

Javier Badiola

Javier Badiola comenzó hace unos meses su segunda etapa en Praga. La enseñanza del español, a la que se dedica desde hace una década, le ha tenido en varios países a los dos lados del Atlántico. A pesar de tratarse del mismo trabajo básicamente, cambia mucho de enseñar a un grupo de brasileños a uno de checos, dice.

Javier Badiola
Javier Badiola, llegó a Praga por primera vez en 2003. Aunque es español, de La Robla, un pueblo de la provincia de León, de dónde venía en aquella ocasión era del Caribe, de la seguramente paradisíaca isla de Barbados. Lo más probable es que no tuviera muchas referencias por aquel entonces del país al que llegaba, tan distinto al que había dejado. Pero dos años dan para conocer bastante.

Sobre todo cuando eres profesor de un centro de enseñanza secundaria, en el que el contacto con los alumnos es tan directo y constante. Sus estudiantes del Instituto bilingüe de Budějovická, en Praga, le impresionaron por muchos motivos, positivamente hay que decir, ya que según Javier los adolescentes checos, a diferencia, por ejemplo, de los españoles, “vienen ya educados de casa“, y a las clases se va para aprender y estudiar, dice.

El Instituto bilingüe de Budějovická, en Praga. Foto: Packa, Creative Commons 3.0
“En ese nivel de secundaria en España, por ejemplo, hay muchos problemas con la disciplina, y aquí, al menos en el instituto donde yo trabajaba, eso no existía. Realmente te dedicabas a hacer tu trabajo, a pasar los contenidos, valores, etc. Comparados con un adolescente de su edad en España tienen la cabeza mucho más asentada, tienen opiniones formadas sobre muchos temas. Conocen y se interesan por temas que un español de su edad no se interesaría. Algunos ya eran independientes, o incluso vivían con su pareja. Te encuentras con estudiantes de 16 a 18 años que viven con sus parejas en pisos de estudiantes o residencias. O viajan al extranjero con sus amigos. Esto en estudiantes de edad españoles no es tan común. Y eso se nota en la clase, en lo que les interesa a los estudiantes, lo que aportan, porque es mucho más rico que en España”.

En definitiva, adolescentes, pero más maduros. En muchos casos con vida y mentalidad de personas más adultas, para lo que son los estándares españoles a los que está acostumbrado Javier, como sigue explicando.

“En general son más maduros. A veces parece que tienen hasta una vida más dura, en el sentido de que tienen que espabilarse mucho antes. En España hay una sobreprotección de tu hijo. Lo tienes en una burbujita hasta que se tiene que ir de la casa para estudiar en la universidad o para trabajar. Aquí yo me he encontrado con estudiantes muy jóvenes que tienen responsabilidades, trabajar, pagar facturas,… ser responsables por lo que quieren hacer, por su educación, elegir colegio, elegir qué hacer en verano, en el sentido de cómo aprovecharlo, no simplemente irse a la playa. Ir a estudiar a algún sitio o a trabajar”.

Desde Praga, Javier se fue a Liubliana en 2005, donde no enseñaba español, pero seguía dedicado a la lengua y a la cultura española y latinoamericana, como responsable del Aula Cervantes de la capital eslovena. A la enseñanza del español volvió cuando consiguió la plaza de profesor también en el Instituto Cervantes. Su primer destino le volvió a llevar lejos de Europa, y de nuevo a las playas, al sol y el calor de América Latina. La ciudad de Recife, en Brasil, cerca del Trópico, es donde ha pasado los últimos años, hasta que de nuevo el azar le devolvió a Praga.

Recife (Foto: Pessoal)
Una ciudad conocida, al igual que el trabajo, pero al que sin embargo ha tenido que volver a acostumbrarse, dice Javier. La naturaleza del grupo, su personalidad como colectivo, en el transcurso de las clases hacen que enseñar en Praga o en Brasil sea como dos trabajos distintos, cuenta.

“Cómo funcionan aquí las clases es bastante diferente y cuesta un poco habituarse. Porque en Brasil el ambiente mucho más relajado, festivo incluso. Lo humano, lo social, la empatía personal prima sobre lo intelectual. En una clase tener buen ambiente y buena relación con los estudiantes es muy importante y se invertía mucho tiempo en crear esa empatía. A veces allí el control de la clase suponía intentar que no hablen demasiado, que no monopolicen algunas personas la conversación, o se pierdan en contar chistes, anécdotas y batallitas, y trabajaran un poco. Aquí es un poco lo contrario”.

Javier celebrando con sus alumnos en Recife el Campeonato Mundial de Fútbol en julio de 2010
Aquí en Praga lo que hay que conseguir es que los alumnos hablen, se suelten y se comuniquen entre sí. Al menos al principio, dice Javier, malacostumbrado a un pueblo tan dicharachero como el brasileño. Pero al final, a pesar de tener un carácter más reservado, los checos también terminan haciéndose a la dinámica de sus clases.

“El estudiante checo está más acostumbrado a trabajar solo. En Brasil la gente se empezaban a quejar, les parecía muy aburrido. Aquí en cambio, la gente tiene una metodología para el trabajo individual. Están acostumbrados. Incluso cuando a veces nos acercamos a ver lo qué están escribiendo para ir corrigiendo, es como una invasión de la privacidad. Luego, aquí los estudiantes valoran más el trabajo con el profesor que con un compañero. Por tradición educativa seguramente, se piensa que el compañero no puede aportarte nada, que solo aprendes del profesor”.

Praga-Vinohrady
Después de cinco años en los que casi no pisó Praga, Javier ha notado muchos cambios en la capital que dejó entonces.

“He visto muchos cambios en la ciudad. La ciudad ha mejorado en muchos aspectos, al menos en el aspecto exterior. Yo le llamo ‘Disneylandia’ al centro histórico, que es maravilloso y a mí me encanta, pero ese centro que visitan millones de turistas, creo que cada vez se va extendiendo. No solo el interés por visitar otras zonas, sino que las mejoras que antes se circunscribían al centro histórico, se van extendiendo a los barrios. El transporte siempre fue bueno, pero las calzadas o los edificios, ahora están más limpios, más pintados, más arreglados. Hay más servicios, hay oficinas, centros comerciales. No es que yo sea fan de los centros comerciales, pero quiero decir que antes había barrios en los que no había prácticamente nada salvo viviendas. Ahora tienen una dotación de servicios que los hacen más atractivos. Para la gente de aquí y para la de fuera. Eso tiene la contraprestación negativa de que todo sube de precio, y los rincones que son más típicamente checos, o que para un extranjero pueden parecerlo, cada vez van siendo menos, porque Disneylandia va tomando la ciudad. Se va extendiendo por zonas como Vinohrady o Žižkov”.

Javier Badiola
Aparte de reflexionar sobre el desarrollo urbanístico de Praga en los últimos años, con Javier Badiola podríamos analizar igualmente otros aspectos más marchosos de la capital que este roblano conoce bien. Como son por ejemplo los lugares donde se baila salsa, a lo que se dedicó intensivamente durante su etapa anterior. Y cuidado con él, que es más guasón de lo que puede parecer a veces.

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