“La República Checa tiene que aprender a integrar a los ucranianos”

La República Checa está enfrentando la mayor oleada de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Esto está poniendo de relieve retos y deficiencias en las políticas de integración.

En solo seis semanas, más de once millones de ucranianos han huido de sus hogares a causa de la invasión rusa. De estos, más de cuatro millones han abandonado Ucrania, mientras el resto se encuentra en otras ciudades del mismo país. Según ACNUR, esta es la crisis de refugiados de más rápido crecimiento desde la Segunda Guerra Mundial.

Tereza Freidingerová | Foto: GeoMigrace

La Radio Checa ha hablado con la experta en migración y geógrafa social Tereza Freidingerová sobre la integración de los ucranianos en la República Checa y de los retos que habrá que superar en los próximos años.

Sobre la llegada de refugiados, la experta explica que la situación es muy nueva para el país. Si bien en los años 40 y 50 hubo distintas olas por la Segunda Guerra Mundial, el flujo de personas era mucho más general en Europa. Desde entonces, el mundo ha vivido dos crisis de refugiados, los indochinos en los 70 y 80, y los sirios en 2015, pero en ambas situaciones la República Checa no estuvo realmente afectada por los movimientos de población.

Freidingerová también apunta a la llegada de exyugoslavos y ciudadanos de Rumanía en los años 90, o los chechenos de los 2000, pero “nunca en cantidades tan grandes”, apunta en sus propias palabras.

“La principal diferencia es que la crisis de los refugiados ucranianos se desencadenó muy repentinamente. Sí, teníamos algunos indicios de que algo así podría pasar, pero fue muy repentino. Si tuviera que compararla con la crisis de 2015, esa fue una consecuencia de los acontecimientos que tuvieron lugar durante muchos años. Fue por la Primavera Árabe y el conflicto en Siria. Esas personas se acumularon en Turquía y otros países cercanos. Esa crisis era predecible, pero la llegada de ucranianos es algo que no esperábamos que sucediera”.

Y es que en pocas semanas la República Checa ha acogido a más de 300 000 refugiados. O lo que es lo mismo, la población ha aumentado un 3% en solo un mes. Esto puede ser problemático de acuerdo con la experta por, por ejemplo, problemas con la vivienda. Este es un reto estructural que el país lleva años arrastrando y que no se puede resolver de un día para otro, explica.

Los refugiados de Ucrania | Foto: René Volfík,  Český rozhlas

Por otro lado, Freidingerová destaca que el hecho de que la mayoría de refugiados sean niños es una buena noticia porque estos se integran muy fácilmente. Si forman parte del sistema educativo, podrán aprender la lengua y ser ciudadanos ordinarios en el futuro. Por ello, es importante que las escuelas dejen de hacer clases separadas en ucraniano, apunta la geógrafa.

“A través de los niños podemos integrar a los padres. Pero no debemos olvidar que no son migrantes económicos, sino refugiados. Esto no es una migración económica, es migración humanitaria. Y necesitan apoyo porque primero tienen que recuperarse. Hay una gran presión para que sean económicamente independientes, pero eso puede causar mucho daño. Por ejemplo, lo que llaman 'desperdicio de cerebros'. Si hay una persona con estudios universitarios que empieza a trabajar en un supermercado, es muy difícil que pueda mantener su nivel económico y social".

Según Freidingerová, el programa estatal de integración para refugiados tiene limitaciones y no está preparado para la oleada de personas que han llegado desde el inicio de la guerra en Ucrania. Antes del 24 de febrero, solamente centenares o miles de personas al año solicitaban asilo, por lo que era más fácil hacer un seguimiento individual. Ahora, esto es imposible, dice la experta.

Los esfuerzos se dirigían a los extranjeros que residen legalmente en la República Checa, con cursos de idiomas o asesoramiento legal y social. Pero esto está diseñado para los migrantes económicos que vienen al país con sus propios proyectos y planes de futuro. El caso actual es diferente, ya que los refugiados de guerra no saben si se quedarán o volverán, y abordar esto es más complicado.

De la misma forma, hay pocos recursos en los centros de integración en las regiones, algo que según la experta hay que cambiar, y convertir a los municipios en socios activos del proceso de adaptación.

“Hay que dejar que fluya, porque si no, hay espacio para las teorías conspirativas”

Sobre el flujo de refugiados, Freidingerová dice que es complicado hacer una previsión, ya que es posible que lleguen más o menos al medio millón. Por ello es necesario informar y estar informados, relata, para que nacionales y extranjeros puedan entender la situación de unos y otros. Pocos municipios tienen experiencia en promover este tipo de comunicaciones en sus sitios web o periódicos comunitarios, pero esto debe convertirse en un nuevo estándar.

“Los refugiados ucranianos tienen que estar informados sobre las actividades en el pueblo o ciudad para sentirse parte de la comunidad. De lo contrario, comenzarán a concentrarse o encapsularse en una burbuja con otros ciudadanos ucranianos. Eso es normal, porque si no te sientes aceptado, buscas algo que te haga sentir cómodo. También son muy religiosos y es posible que busquen iglesias desde el primer momento. Y si perdemos este momento inicial para mantenerlos involucrados en la sociedad, puede ser un problema”.

Al ser preguntada por la reacción de la población checa a la acogida de ucranianos, Freidingerová dice que está siendo muy positiva por diversas razones. En primer lugar, señala al hecho de que casi todo el mundo en el país conocía ya de antes a alguien ucraniano por proximidad geográfica y social. Por ello, es más fácil empatizar. Y en segundo lugar, hay una sensación general de que Ucrania está luchando también por los checos, y esto resuelve el complejo nacional de 1968 a través de la lucha contra los rusos en esta guerra.

Con relación a la frustración que pueden experimentar los checos si esta situación se alarga mucho, la experta en migración sigue destacando la información como principal política a reforzar. “Hay que dejar que fluya, porque si no, hay espacio para las teorías conspirativas”, argumenta.

Esta nueva situación lleva la diversidad a sitios donde era complicado ver a alguien extranjero, como pueblos pequeños. Esto se convierte, pues, en otro desafío para la integración, especialmente en la labor de ONGs y sociedad civil.

Sobre la redistribución de personas a otros estados europeos, Freidingerová dice que es un tema a tratar, ya que la mayoría se han quedado en los estados fronterizos y en las grandes ciudades. No obstante, es un proceso complejo.

Foto: René Volfík,  iROZHLAS.cz

“Es un proceso administrativo lógico, pero el problema es que es ingeniería social, y las personas no son robots. No son tan racionales como a la administración le gustaría que fueran. Y si miramos otras crisis, la siria en Alemania o la indochina en los Estados Unidos... En todas las crisis, los gobiernos intentan redistribuir a los refugiados para dividir la carga física y financiera y evitar los guetos. Pero el problema es que funciona solo por unos meses, y luego la gente se concentra de nuevo porque quiere estar con sus semejantes, cerca de los lugares religiosos, de los mercados con alimentos de su país”.

Y es que cuando se tiene que huir del hogar, las personas buscan generalmente un espacio donde asentarse que les sea familiar, algo que provoca desequilibrios demográficos. Para Freidingerová, esto es algo que hay que tener en cuenta en las nuevas políticas de integración.

Autores: Cristina Gironès , Martina Kroa
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