La Privatización - III parte

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Con este espacio, "Del Totalitarismo a la Democracia", Radio Praga trata de ofrecer un vistazo sobre lo que ha representado el proceso de transición en la República Checa. Este espacio está dedicado a todas las personas interesadas en conocer detalles sobre la transformación checa desde la dictadura comunista hasta la democracia, por lo que creemos que encontraremos muchos radioescuchas en Cuba, donde importantes sectores de la población se preparan también para un proceso de cambio pacífico en la Isla.

El mayor cambio que se introdujo, una vez iniciados los preparativos de la privatización por cupones y publicadas las normas del procedimiento, fue la decisión de permitir la entrada de los fondos de privatización y de inversión en el proceso ya iniciado. Debía ser una respuesta a las voces críticas relativas a que la participación de particulares -tenedores de los cupones de inversión implicaría un gran número de accionistas dispersos, que no tendrían la suficiente capacidad para ejercer de forma eficaz sus derechos sobre la propiedad, es decir, administrar y dirigir la sociedad de la que se convertirían en accionistas.

Contemplada desde hoy, queda claro que tal situación fue ocasionada, en realidad, por el miedo a que surgiera una estructura de accionistas típica del mercado de capitales desarrollado en el mundo anglosajón, donde las reglas de la gestión y administración de las sociedades persiguen un solo objetivo, es decir, asegurar que la sociedad trabaje en favor de los pequeños accionistas y no de su dirección.

La apuesta por los fondos de privatización y de inversión, tras el inicio del proceso de la privatización de cupones, solamente aportó una solución parcial al problema de los pequeños y dispersos accionistas, y además trajo consigo dos nuevos problemas más difíciles aún de resolver. En primer lugar, la relación entre los accionistas mayoritarios del fondo de privatización y de inversión y los accionistas minoritarios, ambos resultantes de la privatización, y en segundo lugar, la actitud del fondo de privatización y de inversión, en calidad de accionista mayoritario de la sociedad privatizada, hacia sus pequeños accionistas, también surgidos a raíz de la privatización por cupones.

Los fondos de privatización y de inversión, en calidad de accionistas, se esforzaban por conseguir la posición mayoritaria dentro de las empresas privatizadas con el fin de obtener el mayor beneficio posible a corto plazo. Les tenía sin cuidado el beneficio a largo plazo, dado que para ello hubiera sido necesario mantener las acciones a largo plazo, dejando entonces de ser una inversión de carácter especulativo a corto plazo. En respuesta a esta actitud de los fondos, los legisladores prepararon una enmienda a la Ley sobre Sociedades de Inversión y Fondos de Inversión, con la cual paradójicamente pretendían limitar la posibilidad de los fondos de obtener la mayoría en las empresas privatizadas.

Se trataba de una medida contradictoria, puesto que la entrada de los fondos en la privatización de cupones fue originada por el temor al carácter disperso de los pequeños accionistas y el intento con ello de promover la creación de una estructura de accionistas con una tenencia de acciones más concentrada. Desde una óptica retrospectiva, se hace evidente que la concentración de acciones se hubiera logrado aun sin los fondos de inversión y de privatización, y sobre todo sin los problemas que estos generaron, es decir, la confrontación de los intereses de los fondos en calidad de accionistas de las empresas privatizadas y los intereses de los accionistas de los mismos fondos, sobre todo los mayoritarios.

El diablo se esconde en los detalles

La improvisada entrada de los fondos de privatización y de inversión en la privatización por cupones, organizada por el Ministerio de Finanzas, mostró con posterioridad haber sido una decisión fatal, que causó toda una serie de escándalos financieros y quebrantó la confianza de la opinión pública. Y como suele suceder, el diablo se escondía en un detalle. Los fondos de privatización y de inversión se constituyeron, en conformidad con la ley, como sociedades anónimas, lo que quiere decir que dentro del colectivo de los accionistas estaban tanto los fundadores del fondo encargados de su administración, como los participantes en la privatización por cupones, que habían confiado al fondo sus cupones de inversión.

De este modo, quedó alterado el principio canónico de que la propiedad de los administradores del fondo y la propiedad de los inversores nunca se pueden mezclar, sino que han de mantenerse separadas de la manera más estricta. Esto posibilitó que los fundadores del fondo, siendo accionistas mayoritarios, podían disponer libremente de todo el patrimonio del mismo, incluida la propiedad correspondiente a las acciones de los antiguos tenedores de los cupones de inversión. Por lo tanto, no es de sorprender que los fundadores de los fondos se sintieran como propietarios de los mismos, que inclusive los medios de comunicación los consideraran como tales y que por esa razón fuera posible vender los derechos sobre la propiedad de los fondos.

Lo que se hacía en realidad era vender la posibilidad de disponer de forma legal de la propiedad ajena en beneficio propio. En el año 1998 este problema se resolvió por la actualización de la Ley sobre las Sociedades de Inversión del año 1992, que decretó la obligación de transformar los fondos de inversión y de privatización en fondos de participación abiertos. El hecho de que la referida Ley fuese propuesta por el Gobierno Federal, y aprobada por la Asamblea Federal en 1992, fue posible tan solo gracias a los inevitables vacíos de competencia durante el triunvirato checoslovaco y a una gran presión de tiempo, los cuales, a su vez, fueron los causantes de que el Ministerio Federal de Finanzas dejara sin respuesta las importantes sugerencias estratégicas, recibidas todavía a tiempo en febrero de 1992, de parte de la Presidencia del Fondo de la Propiedad Nacional de la República Checa.

Juristas y economistas

La mayor enseñanza recibida de la privatización checoslovaca, es la indispensable colaboración de los profesionales en derecho y de los economistas. Aunque la privatización, por su carácter, es más bien una cuestión jurídica que económica, los juristas checos en los años 80 no estaban preparándose para la misma, ni tampoco existía una discusión profesional sobre el tema debido a la absoluta falta de interés por su parte. Por lo tanto, la bandera de esta batalla la recogieron después del año 1989 los economistas, quienes paradójicamente fueron posteriormente sometidos a crítica por haber subestimado la parte jurídica de la privatización.

A pesar de que en el Ministerio de la Privatización trabajaban excelentes profesionales en derecho, a cuyo esfuerzo excepcional también se debe el éxito de la privatización, los juristas como colectivo daban a entender a lo largo de la reestructuración que eran los economistas quienes debían solucionar los problemas de concepción de la privatización, y que ellos, los juristas, solamente estarían dispuestos a trabajar en casos jurídicos como abogados.

La última lección de la privatización enseña que no es una tarea posible de abordar tan solo mediante la colaboración, por más organizada que sea, de los llamados ministerios "económicos", esto es, aquellos que administraban las propiedades del Estado que se privatizarían (finanzas, industria, comercio, agricultura, cultura, salud). La opinión pública desde un principio apoyaba la idea de la privatización; no obstante, su apoyo fue mermándose a medida que en el transcurso de la misma salían a la luz los casos de robos de la propiedad del Estado. El cometido de proteger al Estado de esos delitos no podía depender de los ministerios "económicos", pues aquí ya se entra en el ámbito de la lucha contra el crimen.

Tomas Jezek (Foto: Zdenek Valis)
El éxito de la privatización se vio gravemente amenazado por la casi total ausencia de la labor de la policía, la fiscalía y los tribunales en un proceso de traspaso masivo de la propiedad en manos del Estado a manos de la propiedad privada, el cual ya de por sí entrañaba un riesgo único e extraordinario. El proceso de reestructuración transcurría en un período en el que los obsoletos mecanismos socialistas de protección de la propiedad del Estado se estaban desintegrando y dejando de funcionar en vista de su pronto fin. En lugar de que policía, fiscalía y tribunales se mantuvieran alerta durante esa "marcha por el valle de la muerte", en numerosas ocasiones lo que hicieron fue permanecer inactivos de forma ostensible, ya que la privatización creaba estructuras en cuya supresión habían sido precisamente entrenados la mayoría de los trabajadores de los citados sectores.

Tomas Jezek se licenció en la Escuela Superior de Economía de Praga. Después de 1990 fue Ministro de Hacienda y Privatizaciones y más tarde diputado del Parlamento checo. Desde 1996 ejerce como director de la Cámara Bursátil de la Bolsa de Valores y es miembro de la Comisión de Valores.