La mitad de los veinteañeros checos sigue viviendo con sus padres

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Los jóvenes checos abandonan cada vez más tarde el nido materno, según datos del Instituto Checo de Estadísticas. Crece además el número de bodas con gran diferencia de edad entre los cónyuges y la cantidad de matrimonios en los que el hombre tiene un nivel educativo menor que la mujer.

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Las relaciones familiares de los checos han evolucionado marcadamente desde el fin del comunismo en 1989 hasta el día de hoy, según datos hechos públicos por el Instituto Checo de Estadísticas. Uno de los rasgos más llamativos es la prolongación del tiempo en el que los jóvenes adultos viven en casa de sus padres antes de independizarse. Mientras que hace veinte años seguían en el nido familiar un 15% de las mujeres y un 30% de los hombres entre 25 y 29 años, en 2012 se trataba del 31% de las mujeres y el 48% de los hombres de esa franja de edad.

Entre los motivos de esta tendencia, la socióloga Jiřina Šiklová señala un cambio de mentalidad en las nuevas generaciones, que prefieren alargar su adolescencia unos años más, pero también en la de los padres.

“No olviden que en este país hay un alto índice de divorcios, y que en soledad quedan sobre todo mujeres mayores, que ya no se casan por segunda vez. Los hombres sí que vuelven a contraer matrimonio. Y este es quizás el motivo por el que las madres no expulsan a sus hijos de casa y no se esfuerzan en lanzarlos antes a la vida”.

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Desde el Instituto Checo de Estadísticas se apuntan sin embargo otros factores: las consideraciones económicas, al resultar más caro ahora comprar una vivienda propia, la mayor proporción de jóvenes que estudian en la universidad, con lo que se retrasa su entrada al mercado laboral, y el menor abismo generacional de la actualidad, que permite a padres e hijos convivir sin grandes conflictos. En cuanto a la mayor proporción de hombres que prefieren quedarse con sus padres unos años más en comparación con las mujeres, Šiklová aporta esta explicación.

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“A los hombres no les apetece asumir responsabilidades. Y por otro lado la mujer desea normalmente fundar un hogar porque inconscientemente siente que también ella quiere ser madre. El tiempo se le va acabando. Además, a muchas mujeres cuando acaban la jornada laboral les espera otro trabajo, ya que se ocupan de las tareas domésticas. Así que si no tienen un hogar propio es como si les faltara algo”, sostuvo.

La tendencia sitúa a la República Checa entre los países del Este y Sur de Europa, donde los hijos se emancipan tarde, y en contraste con las naciones del Norte y Oeste del continente, en las que las jóvenes generaciones se van de casa en cuanto comienzan a estudiar o trabajar.

También ha cambiado en las dos últimas décadas el perfil de los matrimonios. En cuanto a nivel educativo, más de la mitad de las bodas son entre dos personas con el mismo grado de estudios, aunque avanza sin embargo el número de uniones en las que el marido tiene un nivel educativo inferior al de su mujer (casi una cuarta parte). Se trata de un desarrollo en cierta manera lógico dado que tres quintas partes de los licenciados universitarios de la República Checa son mujeres.

Jiřina Šiklová, foto: Jan Sklenář, Archivo de ČRo
Por otro lado, cada vez hay más matrimonios con una diferencia de edad de 10 años o más entre marido y mujer, que actualmente forman el 8%. De hecho el desfase de edad promedio es de 5,5 a favor del varón, cuando en 1989 era de 4,7. Al mismo tiempo en uno de cada doce matrimonios el hombre es más joven que su esposa, un fenómeno nuevo en el que entran en juego varios factores, según Šiklová.

“Es un fenómeno nuevo. No digo que este tipo de relaciones no existiera antes, pero la mayoría era por una cuestión económica, en ciertas familias. Ahora sigue estando el tema económico, pero también el hecho de que en estos casos los dos cónyuges suelen estar divorciados. De esta forma la mujer más mayor tiene más tolerancia que si fuera joven y estuviera tan solo jugando con el hombre”, opinó.

Los matrimonios con gran diferencia de edad son por cierto menos estables y tienen mayor propensión a romperse. El número de divorcios, por cierto, creció abultadamente desde el fin del comunismo hasta estabilizarse hace unos seis años. En 2013 el 47,8% de las uniones matrimoniales había acabado en divorcio.

Autor: Carlos Ferrer
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