La batalla de la Montaña Blanca, un fracaso que marcó la historia

Foto: Archivo de Stanislav Běhal

El 8 de noviembre de1620 Praga fue testigo de una batalla decisiva en la historia checa. La derrota del ejército de los estados checos significó la pérdida de la independencia para otros 300 años.

Desde los turbios eventos de la primavera de 1618, que se conocen como la defenestración de Praga, se extendía en las tierras checas, austriacas y húngaras un ambiente de guerra, sin que una fuese declarada.

Stanislav Běhal, foto: Archivo de Stanislav Běhal

El conflicto entre los estados checos y el emperador se intensificó cuando, tras la muerte de Matías de Habsburgo, ascendió al trono Fernando II, devoto de la Iglesia católica y criado por los jesuitas.

Fernando II había llevado a cabo una dura recatolización en Estiria, de la cual expulsó a todos lo nobles y burgueses que diferían de su fe. Tras ser reconocido por los estados checos y elegido rey de Bohemia, en un error histórico, Fernando II comenzó a aplicar la misma política en las tierras checas.

A finales del siglo XVI, las religiones reformistas eran muy populares en Bohemia y las filas de sus seguidores crecían rápidamente. Además de los utraquistas, dominaban entre los nobles y burgueses principalmente el luteranismo y el calvinismo.

El descontento con Fernando II conllevó a los estados de Bohemia, con una mayoría de protestantes, a deponer en agosto de 1619 al emperador del trono checo y proponer a Federico V del Palatinado como su sucesor.

Federico aceptó y el paso desencadenó lo que estaba por venir, una ofensiva por parte de los Habsburgo que no querían renunciar al territorio checo, parte de su imperio.

Traspiés diplomáticos

Los estados checos no gozaban de un alto nivel de capacidades diplomáticas. Todo lo contrario, unos cuantos traspiés contribuyeron a que la historia transcurriera tal y como la conocemos hoy.

Al elegir a Federico V, un calvinista, enfurecieron a Juan Jorge I de Sajonia, un luterano y adversario de Federico V quien también estaba interesado en el trono checo. En consecuencia, Sajonia se unió a los Habsburgo.

La Guerra de los Treinta Años, fuente: Dcander, CC BY-SA 3.0

Además de su importante posición dentro del imperio alemán y el hecho de que había fundado la Unión Protestante, los estados checos habían elegido a Federico V como rey de Bohemia también por otra razón. Estaba casado con la hija del rey Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia, quien contaba también con una gran influencia en los Países Bajos.

Los checos pensaban que el rey Jacobo no permitiría que un país donde gobernaba el esposo de su hija fuese atacado. Tuvieron fe en las promesas de que recibirían apoyo por parte de los ingleses y holandeses. Enviaron cuatro solicitudes al rey Jacobo, pero nunca recibieron respuesta.

La correspondencia diplomática entre Londres y Madrid reveló posteriormente que Jacobo no quiso enemistarse con el rey español. Por los checos no valía la pena arriesgarse.

Babilonia 

Tras el fatal transcurso del conflicto en los dos años precedentes cuando el ejército de los estados checos dominaba las batallas y logró llegar hasta las puertas de Viena, España decidió entrar en el juego. Más específicamente Felipe III, también de la dinastía de los Habsburgo.

Batalla de la Montaña Blanca, pintura de Pieter Snayers (1592-1666), public domain

A pesar de que los españoles estaban agotados por la larga guerra contra los Países Bajos, la idea de que los Habsburgo perdieran las tierras checas constituía un serio problema.

Esto ocasionó que en las filas del ejército católico empezaran a aparecer más y más soldados españoles. España podía permitírselo - en 1620 dominaba el mundo y de las colonias le llegaban grandes cantidades de oro y plata.

Tres ejércitos se enfrentaron en Praga ese 8 de noviembre. Por un lado, la armada de los estados checos, contra ellos la unión de los regimientos imperiales y el ejército de la Liga Católica Alemana.

Batalla de la Montaña Blanca, fuente:  Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

Bajo el estandarte católico luchaban valones, españoles, holandeses, alemanes o italianos. De hecho, pocos checos participaron en esta batalla que definió el curso de la historia de la nación por tanto tiempo. También el ejército de los estados contaba con una numerosa participación de soldados extranjeros, por ejemplo, austriacos, húngaros, y también ingleses y escoceses. La Montaña Blanca vio en 1620 una pequeña Babilonia.

Mientras que tal multitud de nacionalidades puede parecer extraña, en el contexto histórico no lo fue tanto. En la época, es decir en el siglo XVI y XVII, los gobernadores no contaban todavía con armadas permanentes. Los soldados en Europa en ese entonces eran mercenarios y luchaban por quien les pagaba. Y este aspecto de la guerra resultó clave para la batalla de la Montaña Blanca. Condenó de antemano a que se convirtiera en un fracaso.

Un ejército arruinado

Los estados checos pagaban mal, o no pagaban del todo. Conseguir dinero por parte de los aristócratas o las ciudades era difícil y muchas de las casas nobles se enfrentaban a grandes deudas. A pesar de que Federico V del Palatinado no dejara una huella particularmente brillante en la historia checa, gastó cientos de miles de ducados en la batalla. De hecho, como el único.

En noviembre de 1620, antes del enfrentamiento de la Montaña Blanca, solo le fue pagada la soldada a unos cuantos regimientos. La mayoría de los soldados tenía hambre, frío y los bolsillos vacíos. Por el contrario, en las filas del emperador y de la Liga Católica Alemana, los soldados recibían lo que les correspondía.

Jaroslav Bořita de Martinice

Todas estas circunstancias y los sucesos que tuvieron lugar durante los dos años que siguieron tras la defenestración de Praga, conllevaron a la derrota de los estados checos en la Montana Blanca. Habían perdido de antemano y la propia batalla, según indican las fuentes históricas, fue corta, posiblemente de una hora o dos.

Tampoco fue feroz. Se conservó un informe de la Alcaldía mayor de Praga que indica que la ciudad enterró, a expensas propias, a unos 1600 soldados caídos. Visto que en el campo de batalla habían luchado casi 50 000 mercenarios, la cifra es muy baja.

Testimonia que el ejército contratado por los estados checos no tenía muchas ganas de lanzarse a la batalla. Sus actuaciones simplemente reflejaron el hecho de que nunca habían recibido sus recompensas.

Vilém Slavata, fuente: public domain

Así terminó el 8 de noviembre 1620 en la Montaña Blanca. Un día que muchas generaciones después recordaban como el día más negro en la historia checa.

No obstante, la batalla solo fue un desenlace natural de una larga crisis que inició en la euforia de la defenestración de Praga, cuando los gobernadores imperiales, Jaroslav Martinitz y Wilhelm Slavata, fueron arrojados por la ventana del Castillo de Praga.

La aristocracia checa entendió, pero demasiado tarde, que sola y con soldados hambrientos la victoria no era posible. Así, solo poco tiempo tras la derrota de la Montaña Blanca, los estados no perdieron tan solo toda su riqueza, sino también su tierra natal.

Autores: Petr Lukeš , Romana Marksová
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