Kraig Casebier, el hombre manos de tijera

Un barbero de Kentucky en Praga
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A punto de cumplir medio siglo de vida y desbordado por problemas personales de todo tipo, en 2011 Kraig Casebier sintió que era hora de hacer un cambio profundo en su vida. Entonces decidió mudarse con lo puesto a una ciudad centroeuropea que había visitado por primera vez en la década del noventa y, paso a paso, afrontando miedos y obstáculos, se fue convirtiendo en el barbero kentuckiano de Praga, toda una personalidad de la capital checa que hoy se codea con artistas y políticos y hasta acaba de sacar un libro contando su historia.

La barbería | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Con cuarenta años de experiencia en el rubro, de los cuales los últimos doce los pasó en la capital checa, si de algo estuvo seguro toda su vida Kraig Casebier, el barbero sureño de Praga, fue de seguir la tradición de su familia que se remonta nada menos que al año 1914, aun cuando, como tantos otros niños y no tan niños, odiaba ir a cualquier tipo de escuela.

“Crecer en una barbería te hace muy sociable y es algo que venía de mi abuelo y luego de mi padre, así que es algo que, desde que era muy chico, quería hacer y, como digo en mi libro, me gusta aprender pero nunca me gustó ir a la escuela, aunque necesariamente tuve que hacerlo para convertirme en barbero”.

“Algo que me encanta de Praga es que incluso las personas con perfil alto son muy humildes y accesibles”.

Una de las frases de cabecera de Kraig es que, si es cierto que uno aprende de sus errores, puede decirse que él es un hombre muy bien educado. Aunque desde muy chico colaboró en las barberías de su familia y, luego no pudo evitar completar su formación en una escuela de peluquería, asegura que nadie de su entorno trató de influirlo y, por lo tanto, convertirse en barbero fue, desde siempre, una elección personal.

Agarrados de los pelos

Aunque reconoce que, al menos en Estados Unidos, existe una histórica animosidad entre barberos y peluqueros que consiste en desvalorizarse en forma mutua su trabajo, dice Kraig que, últimamente, esas diferencias empiezan a quedar atrás. Y si bien él no solo lleva adelante su barbería en Praga sino que también se encarga de formar a sus futuros colegas, asegura que muchas veces enseña barbería a los peluqueros porque, de a poco, y también en ese sentido, los tiempos empiezan a cambiar.

Un rincón de la cultura estadounidense en Praga | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Sin embargo, hay algunas diferencias: lo que llamaríamos el corte a máquina sobre peine o tijera sobre peine, algo que los peluqueros no hacen tanto a menos que estén aprendiendo cortes de barbero y nosotros trabajamos mucho más con cuchillas de afeitar, afeitado, afeitado de cuello y todo ese tipo de cosas. Algunos peluqueros empiezan a hacerlo ahora un poco, pero yo hago muchísimos cortes con navaja de afeitar también”.

Personalidad muy asidua en los medios de comunicación checos a tal punto que cuenta con un documental sobre su vida en Praga, Kraig dio clases y conferencias en países como Alemania, Eslovaquia y Suecia. Y aunque se instaló definitivamente en la capital checa hace poco más de una década, vino por primera vez en 1992 atraído, como tantas otras personas, por lo que escuchaba acerca de la Revolución de Terciopelo. Aunque ese momento bisagra había tenido lugar apenas tres años atrás, dice que incluso en ese entonces existía la certeza de que se trataba de un evento que, sin lugar a dudas, marcaría para siempre la historia. Lejos de tratarse de un simple viaje de turismo, cuenta Kraig que su intención era averiguar qué pasaba del otro lado del mundo y, de hecho, cuenta que, en lugar de ir a un hotel, alquiló una habitación familiar.

La música es parte fundamental del local | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Llegué por mi cuenta, solo, y le alquilé una habitación familiar a una gente súper amable que no hablaba mucho inglés. Sin embargo, una de sus vecinas había trabajado en la oficina de viajes del gobierno y ella decidió que debía hacerse cargo de mí porque yo estaba solo. Al principio me iba a quedar tres o cuatro noches y me terminé quedando dos semanas y cada día me iba llevando a distintas casas y, en lugar de ir a clubes o pubs, me sentaba con ella y su familia por la noche y, cuando no entendía algo, ella me traducía. Así fue que tuve una muy positiva aproximación a lo que es tanto el pueblo checo, como la  ciudad y el país que hasta el día de hoy permanece conmigo”.

Último tren a Praga

La barbería por dentro | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

En el año 2011, a punto de cumplir medio siglo de vida y en un contexto bastante adverso por problemas de salud, dinero y amor, Kraig entendió que era hora de hacer un gran cambio porque, en algún punto, sentía que se estaba jugando la última chance de tomar las riendas del destino. Entonces eligió esa ciudad centroeuropea que tanto le había interesado en la década del noventa y como, por ese entonces, no solo no había barberías en Praga sino que apenas se hablaba inglés en dos peluquerías, supo que cambiaría completamente de vida pero no así de vocación. Aunque hoy logró hacer de esta ciudad nada menos que su hogar, revela que se trató de un desafío muy grande y hasta recuerda que los primeros seis meses fueron duros y tuvo mucho miedo. De todas formas, dice que él siempre intenta convencer a los demás de que nunca se es tan viejo para empezar de nuevo. Sobre todo, si aún se cuenta con un poco de espíritu aventurero.

“Muchos de mis clientes se convirtieron en mis amigos”.

“Este es un negocio muy sociable y a mí no me da vergüenza presentarme ante la gente y me he terminado haciendo amigo de tipos como Václav Klaus, con quien salimos varias veces, y no es que tengan por qué ser celebridades, pero esa es justamente una cosa que me encanta de Praga y Chequia y es que, incluso las personas con perfil altísimo, o, al menos muchas de ellas, son muy humildes e, incluso si no viven en Praga, no tienen problemas en venir hasta aquí para hacer algo y la verdad es que son muy accesibles”.

Oriundo de Kentucky, de donde viene el famoso whisky de Bourbon que, dicho sea de paso, suele ofrecer a sus clientes, agrega Kraig que también tuvo el privilegio de conocer al músico Joe Lynn Turner que cantó, entre otras bandas, en Deep Purple y con quien se llevaron bien de inmediato. En su opinión, a esas personas tan conocidas no les gusta que las ubiquen en un pedestal y agrega que una de las razones por las que le fue bien al negocio es, precisamente, que su barbería ofrece, además, algo que resulta cada vez más difícil de conseguir: una buena conversación.

Reconocimiento | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

“Lo que pienso de la barbería es que debería ofrecer algo más que un corte, debería ser una experiencia y muchos de mis clientes se convirtieron en mis amigos, he tenido más de cuarenta clientes de Atlanta que vinieron a visitarme aquí en estos doce años que llevo en Praga y a algunos de esos chicos les corté el pelo durante 25 años. Entonces, nos conocemos bastante bien e incluso a alguno de sus hijos, por ahí les hice su primer corte y luego terminan la universidad y, cuando se van de viaje, algunos de ellos vienen”.

Más allá de que, en efecto, parte de su clientela está conformada por expatriados, Kraig también tiene mucho público local. De todos modos, opina que la tendencia de los checos a cuidar más su apariencia es algo relativamente nuevo porque eso, según dice, estaba visto como algo muy banal. También recuerda que cuando se mudó a Chequia notaba cierto predominio del pelo rapado. De hecho, cuenta que, incluso en la actualidad, muchos llegan por primera vez al negocio gracias a un voucher que les regalan sus novias o esposas y luego sí vuelven solos. Por otro lado, considera Kraig que muchos checos se preocupan más por su barba que por su cabello.

Las barbas en remojo

Su primer libro  | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Un día llegó a la barbería un editor que, en medio de la charla, le preguntó si alguna vez había pensado en escribir un libro. Kraig tenía, de hecho, varios cuadernos guardados con notas sobre distintos temas y hasta venía coqueteando con la idea de sacar un manual de formación para barberos que él mismo se encargaría de financiar. Por lo pronto, al editor le interesaba que empezara contando su historia y así nació su primer libro, American Barber in Prague, que ya está disponible en las librerías checas y cuenta, precisamente, cómo fue el proceso que lo trasladó del sur de Estados Unidos al corazón de Europa.

“Así que tuve que aprender a escribir un libro sobre la marcha y lo hice. Y si bien no es necesario volver a inventar la rueda, la verdad es que no me gusta hacer las cosas como ya la hicieron los demás, entonces decidí hacerlo interactivo y me dije que si iba a contar mi historia lo mejor sería incluir la banda sonora o una playlist y un montón de fotografías e ilustraciones. Así que el libro tiene un total de 416 fotos y códigos QR por todos lados. Hacer la playlist me llevó casi tanto tiempo como escribir el libro”.

Kraig Casebier | Foto: Juan Pablo Bertazza,  Radio Prague International

Agrega Kraig que, además de ilustrar a la perfección lo que va contando en cada capítulo, esas canciones ayudan a que los lectores no solo presten atención a lo que él tiene para contarles sino que además puedan experimentar lo que les dice. Hace poco el libro llegó también a las librerías de Estados Unidos y Kraig asegura que, en ese sentido, se siente un privilegiado porque mientras algunos buenos escritores no consiguen, a veces, dónde publicar sus libros, a él directamente fueron a buscarlo para que, al menos por un rato, empezara a contar en vez de cortar.

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