Juscelino Kubitschek, el presidente brasileño con raíces checas, nació hace 120 años

La inauguración de Juscelino Kubitschek (1960)

La mayor obra que ha quedado del descendiente de emigrantes checos es la ciudad futurista de Brasilia, construida por orden de Kubitschek en tres años, un mes y cinco días.

El hombre conocido en Brasil bajo la abreviatura JK nació el 12 de septiembre de 1902. Creció con su madre en unas condiciones de gran pobreza, puesto que perdió a su padre a los 12 años. Sin embargo, logró estudiar e incluso terminó la carrera de medicina. Juscelino Kubitschek siempre estaba orgulloso de sus raíces checas. En 1930 visitó Praga y le sorprendió mucho encontrar a tantos otros Kubitschek (Kubíček en checo) en la guía telefónica. Sus antepasados, supuestamente, habían llegado a América Latina de la ciudad checa de Třeboň. En el archivo local llevan décadas investigando sus orígenes.

Juscelino Kubitschek  (1956) | Foto:  Governo do Brasil/Wikimedia Commons,  public domain

Tras volver de sus viajes por Europa, Kubitschek trabajó como médico y pronto entró en política. Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en Europa, se convirtió en el alcalde de la ciudad de Belo Horizonte y posteriormente fue el gobernador del Estado de Minas Gerais.

Entre los brasileños fue un personaje muy popular, sabía llevarse bien tanto con los máximos representantes políticos como con el pueblo. En 1956 fue elegido presidente y ahí fue cuando emprendió una de las aventuras más grandes de su vida: la construcción de una nueva capital. Brasilia surgió a miles de kilómetros de las grandes ciudades del país y de la costa, donde, hasta el momento, se había desarrollado toda la cultura, economía y política de Brasil.

Cuando se produjo el golpe militar en 1964 y el ejército tomó el poder, Kubitschek tuvo que exiliarse y durante muchos años vivió en Europa y EE.UU. Murió en 1976 en su patria a causa de un accidente de tráfico que nunca se consiguió aclarar. Una conclusión de la investigación decía que había sido un atentado, mientras que otra lo rechazaba. Unas 350 000 personas acudieron a despedirse de él.

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