Jenštejn, un pequeño castillo con una inmensa historia

Film „Der Scharlatan“ (Foto: Alžběta Jungrová, Marlene Film Production)

Ubicado en las afueras de Praga, el castillo de Jenštejn no solo atrae a los visitantes por su pasado y como escenario de bodas. También cuenta con una exposición sobre el curandero que inspiró la exitosa película Šarlatán, estrenada en Chequia hace apenas un mes.

El castillo de Jenštejn desde atrás, foto: Juan Pablo Bertazza

Entre sus múltiples encantos, Chequia cuenta con una enorme cantidad de castillos y fortificaciones de diversos estilos arquitectónicos y tamaños. Pero además de los más conocidos y visitados a nivel internacional hay algunos realmente curiosos como, por ejemplo, el de Jenštejn, un pequeño castillo de piedra que queda en las afueras de Praga, en el noreste, a solo media hora de viaje del centro y que, según el castellán Zdeněk Šimerka, entre sus muchos atractivos hay que destacar la riqueza de su historia.

Zdeněk Šimerka, encargado del castllo de Jenštejn, foto: Juan Pablo Bertazza

“El castillo de Jenštejn es interesante porque se remonta a principios del siglo XIV cuando Jenec de Janovice empezó a construir un castillo gótico rodeado de agua. Dado que el castillo se encuentra en un terreno sin colinas ni sitios elevados, decidió crear el foso para protegerlo”.

Explica Šimerka que, desde ese entonces, el foso fue alimentado por afluentes de agua locales que, luego, terminaron formando una barrera defensiva. Hoy se conserva de este castillo parte de su puerta, la totalidad de su torre cilíndrica que conduce al foso y un fragmento del muro perimetral. Pero en otros momentos contó también con un puente levadizo y un palacio.

El castillo de Jenštejn, foto: Juan Pablo Bertazza

Más allá de esos cambios, el propietario más famoso de esta propiedad y quien terminó de construirla fue el tercer arzobispo de Praga Jan de Jenštejn, que cuenta con un busto nada menos que en la catedral de San Vito. Durante ese período de poco menos de treinta años el castillo de Jenštejn, hoy propiedad del pueblo del mismo nombre, vivió su edad dorada.

Capilla en el interior del castillo de Jenštejn, foto: Juan Pablo Bertazza

“Dado que Jan de Jenštejn estaba enfrentado con Wenceslao IV, la disputa se agravó más tarde por el hecho de que el castillo le fue arrebatado y Jan de Jenštejn se vio obligado a exiliarse a Italia, donde murió en 1400”.

Si la salida del arzobispo marcó algo así como el inicio de su decadencia, el castillo debía atravesar aún su peor etapa: además de sufrir innumerables cambios de dueño, en el siglo XVII, durante la Guerra de los Treinta Años, el ejército sueco lo redujo a poco más que cenizas.

Vista panorámica del pueblo de Jenštejn desde el castillo, foto: Juan Pablo Bertazza

Desde entonces las ruinas del castillo quedaron despobladas y, ya a principios del siglo XIX, en la torre de 22 metros de altura que aun hoy permanece en pie, llegaron a convivir hasta cinco familias de origen campesino que no tenían otro lugar dónde ir. De hecho, el castellán asegura que descubrir las condiciones en que esa gente vivía suele atraer a muchos visitantes que, desde hace poco más de un mes, tienen también otro motivo para visitar Jenštejn: el estreno de Šarlatán, una de las películas checas más vistas y elogiadas del año, inspirada en un curandero tan famoso como polémico que vivió entre los años 1889 y 1973.

Exposición sobre el sanador y sus materiales, foto: Juan Pablo Bertazza

“Jan Mikolášek es una personalidad importante del pueblo de Jenštejn porque decidió abrir su consultorio en este mismo pueblo en el año 1947, al que comenzaron a llegar hasta 150 personas por día, los pacientes iban a verlo para averiguar algo de su enfermedad y él los ayudaba a tratarla. Mikolášek diagnosticaba enfermedades a partir de las muestras de orina y fue una marca muy importante del pueblo de Jenštejn que, de repente, se volvió muy conocido en toda Checoslovaquia, ya que mucha gente recurría a él como el último hombre que podía ayudarlos”.

Exposición sobre el sanador, foto: Juan Pablo Bertazza

La película es un drama biográfico dedicado a ese sanador sin estudios formales que no solo atendía a personas de bajos recursos sino que tenía entre sus pacientes a las personalidades más influyentes de la vida política y cultural, y que poco a poco empezó a ser vigilado de cerca por las autoridades comunistas.

La gran virtud del film es que, lejos de poner en tela de juicio su poder sanador, muestra matices muy interesantes al retratar las profundas contradicciones internas de su protagonista que, curiosamente, es representado en distintas etapas de su vida por dos actores que, en la vida real, son padre e hijo.

Interior de la torre, foto: Juan Pablo Bertazza

“En la película no aparece el castillo pero es cierto que tampoco eligieron exteriores o interiores del pueblo de Jenštejn. Sin embargo, como trata y menciona varias veces nuestro pueblo, la película puede funcionar como una buena tarjeta de presentación para visitar no solo el pueblo de Jenštejn sino también el castillo donde está la exposición dedicada a este importante sanador natural llamado Jan Mikolášek”.

Foto: Marlene Film Production

Además de exhibir algunos retratos e información de las hierbas medicinales con las que trabajaba, la exposición del castillo de Jenštejn ofrece un registro de cómo era un día típico de este sanador en el pueblo, escrito por el mismo Mikolášek. En ese documento, el curandero cuenta que, desesperados por conseguir cupo al día siguiente, cada noche se quedaban a dormir en Jenštejn entre ochenta y noventa personas. El castellán reconoce que, luego de haber esperado mucho tiempo para verla, su impresión de la película fue positiva.

Šarlatán, foto: ČT

“Aprecié sobre todo la actuación de Ivan Trojan que interpretó muy bien el personaje de Jan Mikolášek. Debo afirmar que la película me pareció muy profesional, adapta algunos segmentos de su vida, pero hay que tener en cuenta que no se trata de un documental sino justamente de una película con lo cual tiene algunas diferencias con respecto a lo que pasó en realidad”.

Aunque muy agradecido con el horizonte de posibilidades que abre, Šimerka asegura que, en los últimos años, antes incluso de la aparición del film, ya se había registrado un incremento en la cantidad de visitantes: adultos, niños que aprenden de historia mientras se divierten con un juego al que bautizaron “El tesoro de Jenštejn”, y hasta algunas parejas que eligen ese espacio para celebrar su boda.
Como hace ya tres años que trabaja en ese sitio, el castellán reconoce que acumula varias anécdotas pero hay una que recuerda especialmente.

Šarlatán, foto: Marlene Film Production

“Una vez se me acercó un joven a decirme que quería echar un vistazo a la torre, yo le dije que sí y le vendí una entrada pero pasó una hora y no volvía. Así que decidí subir y de repente lo veo totalmente horrorizado. Me contó que sufría de vértigo pero que, desde la entrada, la torre le había parecido mucho más baja de lo que en verdad es. Lo ayudé a bajar y antes de irse me dijo que con mi ayuda había logrado acceder por primera vez a una torre en toda su vida, y que nunca lo iba a olvidar”.

Šarlatán, foto: Marlene Film Production

Antes de invitar a nuestros oyentes al castillo de Jenštejn, en cuya torre se encuentra la capilla gótica en la que el famoso arzobispo de Praga celebraba la misa, Šimerka recuerda que, un año después, el joven que sufría vértigo volvió al castillo y le mostró que ya podía bajar de la torre solo. El castellán se sorprendió tanto que pensó que se trataba prácticamente de un milagro.

En todo caso, los futuros visitantes ya lo saben: no hay que subestimar a este castillo que, gracias al trabajo de un grupo de arqueólogos y restauradores, terminó de repararse en 1977 y, desde entonces, tiene mucho que ofrecer al público.

Šarlatán, foto: ČT