Gigante peludo, duende socarrón y rueda ígnea del dios celtaTaranis

El cerro de Třemšín, situado en la sierra de Brdy que se extiende al sudoeste de Praga, mide apenas 827 metros sobre el nivel del mar. Pero lo que le falta en altura, le sobra a Třemšín en atractivos mágicos. Es un lugar de enigmáticas y escalofriantes leyendas de raíces milenarias. Si aceptan nuestra invitación podrán sumergirse en un mundo fantástico donde proyectiles de avellanas son capaces de derribar un castillo, un malvado gigante es un amante desolado, un duende socarrón les toma el pelo a los campesinos y una mujer valiente vence a un dragón.

En la cima del cerro de Třemšín se alzaba en el pasado un castillo medieval, edificado a finales del siglo XII o a principios del XIII. En el siglo XV dejó de ser utilizado, lo que provocó su rápido deterioro.En la actualidad se han conservado en el cerro sólo modestas huellas del castillo.

Una leyenda relata, no obstante, que el deterioro del castillo de Třemšín se debió a los husitas.

En el siglo XV, durante el asedio del castillo, los husitas bombardearon Třemšín con cañones rudimentarios. Sin embargo, a los sitiadores se le acabaron pronto las balas de piedra. Un cañón estaba cargado con pólvora y para no desperdiciarla, uno de los husitas, a falta de bala, llenó el cañón con nueces de avellano. El cañón disparó y para sorpresa de todos se derrumbó la torre principal. Los husitas se lanzaron al asalto y tomaron el castillo. Desde entonces crecía en Třemšín un avellano que daba frutos en forma del yelmo husita.

Desde tiempos remotos vive en los tupidos bosques del cerro de Třemšín un malvado gigante. Una leyenda dice que es pelirrojo y muy peludo. Anda desnudo, pero se encasqueta un sombrero verde de cazador. En medio de la frente tiene un solo ojo.

Es un ser muy malo y un encuentro con él podría costarnos la vida. Pero la leyenda no es tajante en su condena porque nos explica que es un ser desdichado.!Escuchemos su historia!

Cierto caballero iba con frecuencia al castillo de Třemšín a visitar a su novia. Un día no llegó y la preocupada joven se dirigió a una vieja y sabia herbolaria que poseía dotes de vidente y otras facultades sobrenaturales. La muchacha le preguntó porqué y dónde se había retrasado su novio. La vieja le mostró en un espejo mágico que el caballero le era infiel.

La despechada muchacha se puso a tramar la venganza. Encargó a la anciana herbolaria que le preparara un filtro mágico, capaz de transformar al caballero infiel en lo que la muchacha desease.

Cuando el caballero infiel llegó finalmente al castillo de Třemšín, la muchacha le dio de beber el filtro mágico y él se transformó en un gigante como la joven había deseado.

Desde entonces el gigante vaga por los bosques de Třemšín donde tiene un abrigo en las rocas. Afligido y desesperado maltrata a todas las personas con las que se topa.

Según otra versión de la leyenda, el dueño del castillo de Třemšín fue encantado y transformado en gigante tras beber un filtro mágico preparado por una desalmada bruja. Desde aquel momento nadie lo reconocía y por eso tenía que vivir en el bosque. Cuando falleció, su cuerpo se cubrió de musgo y maleza. Hoy en día ya no se sabe donde reposa y la gente de los alrededores anda de puntillas por el bosque para no despertarlo, cuenta la leyenda.

Los estudiosos de las tradiciones populares han recogido varios relatos sobre el “hombrecito de Třemšín”. Muchos de los narradores populares juraron que lo habían visto con sus propios ojos.

El duende solía estar sentado en el puente sobre el foso del castillo de Třemšín. Su cara estaba surcada por arrugas como la corteza de un árbol, la barba le llegaba a las rodillas. En la cabeza lucía un gorrito verde.

Cuando alguien intentaba acercársele, el duende saltaba ágilmente al foso y desaparecía. Pero jamás hizo daño a nadie. A veces ayudaba a los leñadores porque era muy fuerte y diestro en el trabajo. También echaba una mano a las mujeres cuando plantaban pies de árboles o segaban la hierba.

El hombrecito de Třemšín eran un poquitín malicioso y de vez en cuando hacía bromas a las personas.

Un caluroso día de verano dos hermanas secaban heno en un prado cercano al castillo de Třemšín. Antes del mediodía la más joven se fue a la aldea para traer para ambas el almuerzo. La hermana mayor se tumbó sobre el heno y rendida por el cansancio se durmió.

Pero de repente se despertó y para su gran asombro vio que un extraño hombrecito, viejo y barbudo, amontonaba monedas de oro en el centro del prado, utilizando el rastrillo de ella.

El montón de monedas lanzaba bajo el sol del mediodía deslumbrantes destellos. La muchacha no aguantó, se acercó de un salto y metió la mano en el montón para agarrar algunas monedas. En ese momento éstas empezaron a rodar en todas las direcciones y acabaron por desaparecer. Y con ellas también el enigmático hombrecito.

La muchacha cerró firmemente la mano en la que había atrapado dos monedas de oro. Cuando regresó su hermana menor, se lo relató todo y le mostró las monedas. Pero la alegría de las muchachas duró poco. Sin algún motivo visible, las dos monedas de oro cayeron de la mano de la hermana mayor y al tocar el suelo desaparecieron. Fue una de las travesuras del hombrecito de Třemšín.

Un grupo de hombres de una aldea cercana a Třemšín se fue el Viernes Santo al cerro para buscar un tesoro escondido supuestamente en el pozo del abandonado castillo en su cima. Organizaron la expedición de manera que estuvieran al pie del pozo justamente cuando el sacerdote de la iglesia de su pueblo hiciera la lectura de la Pasión de Jesucristo. Existía la creencia de que sólo en ese momento se abrían los tesoros.

Cuando los campesinos miraron al interior del pozo vieron que en su fondo resplandecían tres barras de oro. De repente resonó una potente voz que decía:

”!Vuestra aldea está ardiendo!”

Los campesinos miraron alrededor, pero no vieron a nadie. Y cuando volvieron a echar una mirada al tesoro en el interior del pozo, allí no había oro alguno. Espantados corrieron a toda prisa a su pueblo. Sin embargo, ninguna de las casas estaba en llamas. Los hombres respiraron con alivio.

Del bosque sonaron estrepitosas carcajadas. Era el duende de Třemšín que se burlaba de la codicia de los hombres.

Les contaremos ahora dos leyendas en las que están presentes, al parecer, motivos de la mitología de los celtas, antiguos pobladores de Bohemia. La tribu celta de los boios dio a Bohemia su nombre.

Según las viejas leyendas, los campesinos tenían miedo del encuentro con la serpiente de Třemšín que tenía una resplandeciente piel de oro. Huían al avistarla como se calentaba en troncos, piedras y claros del bosque. Se creía que quien fuese mordido por la serpiente de Třemšín, caería muerto en el acto.

Un valiente leñador tomó la decisión de vencer al peligroso reptil. Al internarse en los bosques de Třemšín, encontró a la serpiente de piel de oro calentándose al sol sobre un tronco. El leñador asestó al reptil un hachazo, pero en vez de la sangre, del cuerpo de la serpiente brotaron llamas.

Seguidamente, la serpiente mordió su cola, formando un aro ígneo que rodó cuesta abajo, persiguiendo al leñador. Éste se salvó en último momento en su casa cuando la rueda en llamas ya estaba a punto de atraparlo.

Los historiadores destacan la relación del cuento con la mitología celta donde la rueda en llamas era uno de los atributos del dios de Sol, Taranis, cuya ira se aplacaba con la quema de víctimas humanas.

Y por su parte, la serpiente que muerde su cola, es el uróboros, símbolo de lo eterno y de lo infinito, y por eso también de la inmortalidad del alma de los celtas.

? Y la otra de las leyendas de raíces supuestamente celtas? Es la del dragón de Třemšín. Los vecinos temían ir a los profundos bosques del cerro donde podría esperarles un fatal encuentro con el tenebroso monstruo.

Con el dragón acabó la arrojada mujer de un leñador. Un día llevaba el almuerzo al marido que trabajaba en el bosque. Tenía en la cesta también una hoz porque quería segar un poco de hierba para su cabrita blanca.

Cuando se plantó el dragón en el sendero para arremeter contra la mujer, ésta le clavó la hoz entre los ojos. El monstruo herido dio un espantoso alarido y huyó a las profundidades del bosque para jamás volver a aparecer.

Todos los arroyos que corrían del bosque al valle, y también los pozos, se llenaron de agua teñida de rojo por la sangre del dragón.

Los historiadores advierten de que la cabrita blanca no aparece en vano en el cuento porque los animales blancos eran sagrados. Y la hoz que hiere al dragón, guarda relación con la misma herramienta utilizada por los sacerdotes celtas, los druidas, para segar el muérdago sagrado.

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