František Xaver Brixi puso los cimientos del clasicismo en la música checa

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František Xaver Brixi es uno de los compositores más productivos del siglo XVIII, y de hecho se puede decir que su música sonaba por todo el país. Precisamente a la vida y obra de este gran compositor dedicaremos nuestro espacio musical de hoy.

František Xaver Brixi es uno de los compositores más destacados del siglo XVIII. En su obra se mezcla la monumentalidad del barroco saliente con la levedad del clacisismo entrante y además con la simple melodía de la tradición musical checa, creando piezas musicales originales y de mucha calidad.

František Xaver Brixi nació el 2 de enero de 1732 en Praga en una familia de músicos. Su padre, Šimon Brixi, era un destacado compositor y organista barroco, pero su idea sobre el futuro de su hijo no era la música sino el Derecho. Sin embargo, Šimon Brixi murió cuando su hijo tenía sólo 3 años de edad, por lo tanto, el joven František Xaver Brixi pudo dedicarse libremente a lo que más le interesaba – la música. La atracción por la música le llevó hasta la ciudad de Kosmonosy al norte de Praga, donde se encontraba un conservatorio eclesiástico de reconocida fama. El conservatorio en Kosmonosy otorgó formación a varios músicos conocidos de aquella época, entre ellos por ejemplo Jiří Ignác Linka y Jiří Antonín Benda.

El joven Brixi fue conociendo tanto las obras de los grandes maestros como la música popular. Quizás de ahí procede su sentido para la invención melódica. Después de haber terminado los estudios, Brixi volvió a Praga. Se instaló en la calle Thunovská, en la Ciudad Pequeña (Malá Strana). Aceptó la oferta de ejercer el puesto de organista en varias iglesias praguenses. Destacaba sobre todo como organista y compositor de música sacra y gracias a su capacidad extraordinaria se iba convirtiendo paulatinamente en una persona conocida, de forma que prácticamente dominó el mundo de la música checa.

Brixi continuaba componiendo, tal y como lo hiciera su padre, la famosa `musica navalis´, piezas para instrumentos de metal, destinadas a las procesiones navales en honor a San Juan Nepomuceno que se celebraban anualmente debajo del Puente de Carlos en Praga. Se trataba de fiestas muy importantes, con conciertos y gracias a ello, la obra y la fama de František Xaver Brixi se fue divulgando entre los ciudadanos con rapidez. Sin embargo, la música eclesiástica se divulgaba entre la población con más facilidad que la profana en el siglo XVIII, algo que Brixi aprovechó al máximo. Sus piezas sonaban en las iglesias de todo el país, incluyendo las aldeas más pequeñas. Los campesinos recibían su obra con facilidad y entusiasmo, ya que Brixi solía emplear en ella elementos procedentes de la música popular.

La fama de František Xaver Brixi se difundió también al extranjero. En Polonia, Austria y Alemania era considerado uno de los autores de música de iglesia más populares. Durante varios años compuso obras musicales por encargo de los jesuitas de Múnich y 160 piezas se han conservado en el monasterio cistercience de la ciudad bávara de Ottobeuren hasta el presente. Al componer algunas de sus misas, Brixi tomaba en cuenta el espacio en el que iban a presentarse y de acuerdo con él, adaptaba los instrumentos musicales empleados. Por lo tanto, las misas destinadas a templos grandes, destacan por su complejidad, por su carácter monumental, y crean una experiencia inolvidable para el público. En cambio, otras están compuestas para ser música de cámara, más profunda y artísticamente espontánea.

La obra de Brixi incluye sobre todo obras religiosas, sin embargo, cuenta incluso con algunas profanas. Las más conocidas son dos piezas en latín destinadas a espectáculos escolares. La primera, Erat unum cantor bonus, es una parodia de las clases de música y la otra, Luridi scholares, ilustra una enseñanza inadecuada del alumnado.

František Xaver Brixi despertó el interés del mismo W. A. Mozart, quien se expresó sobre el compositor checo con interés: “Bohemia me sorprendió, ya que encuentro a personas que se merecen mucho más que mi admiración”. En 1759, tras haber ganado un concurso oficial, el joven Brixi se convirtió en el director musical de la Iglesia Metropolitana de San Vito en el Castillo de Praga. Se trataba de la mayor función musical existente en aquella época y el hecho de que la consiguiera a sus 27 años demuestra la excepcionalidad del autor. El trabajo de director musical lo llevó a cabo con orgullo hasta los últimos días de su vida.

František Xaver Brixi padecía de enfermedades del sistema respiratorio y todavía bastante joven, le fue diagnosticada tuberculosis. Los médicos le sugirieron que se trasladara al campo, así que, posteriormente vivió junto con su familia en el pueblo de Vlkava, al norte de Praga. Sin embargo, la vida de Brixi no duró mucho. Tras haber intentado combatir la insidiosa enfermedad en un hospital praguense, falleció el 14 de Octubre de 1771, a los cuarenta años.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX la obra de Brixi formaba parte imprescindible del repertorio de las iglesias checas. Sin embargo, la intervención violenta del Cecilianismo, un movimiento reformista, cuyo objetivo era limpiar y purificar la música eclesiástica de todos los elementos profanos, provocó prácticamente la desaparición de la obra de Brixi.

En total se trataba aproximadamente de 500 composiciones, entre ellas por ejemplo 105 misas, 263 ofertorios, 26 letanías, 5 misas de luto y otras. La técnica empleada en las obras de František Xaver Brixi influyó de manera considerable a sus coetáneos. Sus piezas se pueden encontrar en las colecciones musicales históricas de prácticamente todos palacios y templos de la República Checa y en muchos del extranjero.


(Repetición del 9/11/2013)

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