En el caso Tujachevski, los dirigentes democráticos tragaron el anzuelo de los servicios secretos nazis

Michail Tujachevski, foto: ČT24

Antes de desencadenar la contienda mundial con el ataque a Polonia el 1 de septiembre de 1939, la Alemania nazi libró una guerra oculta contra sus potenciales adversarios a través de las operaciones de sus servicios secretos. En la trama urdida contra el mariscal soviético Mijail Tujachevski los expertos del Sicherheitsdienst alemán propagaron desinformación y rumores tan hábilmente que engañaron a varios políticos democráticos, incluidos el presidente checoslovaco, Edvard Beneš y el ministro francés de Defensa, Édouard Daladier.

Reinhard Heydrich
Los especialistas del servicio secreto nazi Sicherheitsdienst fabricaron por orden de su jefe, Reinhard Heydrich, documentos falsos sobre una supuesta conspiración contra el líder soviético, Josif Stalin, organizada por el mariscal Tujachevski y otros altos mandos militares de la Unión Soviética.

Además, los nazis hicieron circular la desinformación de que el mariscal soviético mantenía negociaciones secretas con el Estado Mayor alemán, y una vez derrocado Stalin, Tujachevski concluiría, supuestamente, una alianza con la Alemania hitleriana.

Michail Tujachevski, foto: ČT24
Los alemanes estaban interesados en comprometer y eliminar al mariscal Tujachevski porque en caso de un conflicto bélico sería un adversario peligroso.

Los nazis sabían que una vez la patraña sobre la presunta traición de Tujachevski llegase a Stalin, el dictador soviético mandaría ejecutarlo. Stalin detestaba a Tujachevski y buscaba pretexto para eliminarlo.

Mijail Tujachevski nació en 1893 en una familia aristocrática. Durante la Primera Guerra Mundial fue hecho prisionero por los alemanes. En la quinta tentativa logró huir del campo de prisioneros a la Suiza neutral.

Regresó a Rusia donde entretanto habían tomado el poder los bolcheviques. A instancias de un compañero, en la primavera de 1918 ingresó en el Partido bolchevique y luego, como otros oficiales que habían servido al zar, se alistó en el Ejército Rojo.

En 1920, Tujachevski fue nombrado a la edad de 27 años jefe del Frente Occidental del Ejército Rojo, que los dirigentes comunistas consideraban el más importante. Su misión era conquistar la capital polaca Varsovia.

Era la primera meta de la llamada revolución permanente, que se proponía implantar el comunismo en toda Europa.

Los polacos movilizaron todas sus fuerzas y derrotaron a los bolcheviques en el río Vístula. Tujachevski atribuyó la culpa por la derrota a Stalin que en aquel entonces no era todavía un hombre todopoderoso. Al frente del Estado bolchevique se encontraba Lenin.

Josif Stalin
En 1921 Tujachevski ahogó en sangre la rebelión de 20.000 soldados y marineros de la fortaleza de Kronstadt, en San Petersburgo, que exigían que los bolcheviques dejasen el poder.

Después sofocó una rebelión antibolchevique de campesinos en la provincia de Tambov.

Tras la muerte de Lenin, Stalin copó los más altos cargos en el Estado y en el Partido bolchevique. Tujachevski se dedicó a la reforma del Ejército Rojo, preparándolo para una guerra moderna. Formó unidades de tanques, ensayó despliegues a gran escala de paracaidistas y abogó por un incremento de las fuerzas aéreas.

Stalin temía que en una futura guerra Tujachevski lo eclipsase con su genio militar y lo desbancase del poder. La trama urdida por los nazis le facilitó el pretexto de eliminar al mariscal.

Adolf Hitler dio su visto bueno a la campaña contra Tujachevski en diciembre de 1936. Los expertos nazis fabricaron documentos falsos sobre la supuesta traición del mariscal soviético utilizando su firma en un contrato de 1926 sobre cooperación técnica en aeronáutica con una firma alemana.

Adolf Hitler
Los diplomáticos alemanes empezaron a difundir el rumor sobre una presunta conspiración contra Stalin, encabezada por Tujachevski, y sobre el interés del mariscal de concluir una alianza con la Alemania nazi.

Los principales destinatarios de la desinformación eran el presidente checoslovaco, Edvard Beneš, y el ministro francés de Defensa, Édouard Daladier. Los nazis suponían que estos dos políticos no tardarían en transmitírsela a Stalin debido a sus buenas relaciones con la Unión Soviética.

A finales de 1936 llegó a Praga el alto funcionario del Tercer Reich, el conde Maximilian Trauttsmandorff. Vino para ofrecer a Checoslovaquia un pacto de no agresión. El presidente Beneš lo rechazó porque ya había tratados de alianza que ligaban Checoslovaquia a Francia y la Unión Soviética.

Diez años después Beneš contaría en sus memorias que al conde Trauttmansdorff se le escapó que Hitler mantenía también otras negociaciones secretas. Los interlocutores del Führer eran, supuestamente, unos conspiradores antiestalinistas, liderados por el mariscal Tujachevski.

Edouard Daladier
El rumor sobre la presunta conspiración llegó al presidente Beneš también de otra fuente. El mayor Josef Bartík, en aquel entonces jefe del contraespionaje militar checoslovaco, reveló en 1966 que el presidente Beneš había recibido del industrial alemán Fritz Thyssen la siguiente información:

”El Estado Mayor alemán dispone de información de que Tujachevski se empeña en obtener un acuerdo con los generales alemanes y con ayuda alemana llevar a cabo un golpe de Estado en la Unión Soviética”.

Bombardeado desde varias fuentes por esta desinformación, el mandatario checoslovaco se creyó que el mariscal Tujachevski preparaba una conspiración contra Stalin.

La pregunta crucial es: ¿Comunicó Beneš inmediatamente a Stalin lo que había descubierto de la supuesta conspiración contra el líder soviético? B:Cuando Beneš estaba exiliado durante la Segunda Guerra Mundial en Londres contó a Winston Churchill que había sido él que había desvelado a Stalin lo que Tujachevski tramaba.

Sin embargo, en los archivos checos y rusos no se han encontrado documentos escritos que lo prueben. De un despacho cursado a Moscú por el Embajador soviético en Praga se desprende que el mandatario checoslovaco habló con él abiertamente sobre Tujachevski tan sólo tres semanas después de la ejecución del mariscal.

Parece más bien que la denuncia directa de la supuesta traición de Tujachevski y de sus compañeros partió desde Francia.

En una recepción en marzo de 1937 el entonces ministro de Defensa francés, Édouard Daladier, advirtió al Embajador soviético en París que generales soviéticos y alemanes preparaban una conspiración con el fin de derrocar a Stalin. Tras los cambios en la cúpula soviética, los nuevos dirigentes concluirían un pacto con Alemania contra Francia.

Daladier transmitió al diplomático soviético la información que le había suministrado el servicio de inteligencia francés. Éste tomó por verdaderas las patrañas que habían puesto en circulación los expertos nazis al mando de Reinhard Heydrich.

El Embajador soviético corrió al teléfono y transmitió a Stalin la desinformación fraguada por los nazis. El trágico destino del mariscal Tujachevski no tardó en consumarse.

Mijail Tujachevski y otros siete oficiales de alto rango fueron ejecutados en Moscú a mediados de junio de 1937. Según la sentencia del tribunal, habían traicionado a la Unión Soviética.

Edvard Beneš y Winston Churchill
Los expertos del servicio secreto alemán Sicherheitsdienst que habían llevado a cabo la campaña de desinformación contra Tujachevski, seguramente no se imaginaron que después de la ejecución del mariscal Stalin diezmaría a todo el colectivo de comandantes del Ejército Rojo.

Sólo la paranoia del dictador soviético puede explicar la colosal purga que afectó casi a la mitad del cuerpo de oficiales, es decir entre 20.000 y 35.000 militares.

Entre 1937 y 1938 Stalin mandó ejecutar a 3 de sus 5 mariscales, a 13 de los 15 jefes de ejércitos, a 110 de los 195 comandantes de divisiones. Fueron sustituidos por oficiales novatos.

El 22 de junio de 1941 las tropas nazis invadieron la Unión Soviética. El país las enfrentó con un Ejército descabezado, sin sus mejores comandantes, ejecutados por Stalin.

Después de la muerte del dictador, en 1953, el ex jefe del Estado Mayor soviético, Vasilevski, dijo al escitor ruso Konstantin Simonov:

“Cuando Hitler optó por la guerra, jugó un gran papel en su decisión el hecho de que una considerable parte de nuestro cuerpo de oficiales había sido liquidada”.

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