El violinista checo Josef Slavík igualó a Paganini en la maestría técnica y en la profundidad de la expresión

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"Él tocaba como otro Paganini, pero un Paganini rejuvenecido que con el tiempo superará al primero. Yo no lo creería si no le hubiera escuchado.Él priva al público del habla y lo conmueve hasta las lágrimas. Es más: él arranca las lágrimas a los mismos tigres". En estos elogiosos términos se refería el compositor y pianista polaco, Federico Chopin, al virtuoso del violín checo Josef Slavík, en una carta dirigida a sus padres. Chopin conoció al violinista checo en 1830 en Viena cuando Slavík ya era un consagrado intérprete. Ambos músicos se hicieron amigos.

Josef Slavík nació el 26 de marzo de 1806 en el pueblo checo de Jince con la música en la sangre. Sus ancestros fueron maestros de escuela primaria y excelentes músicos.

Slavík, que empezó a tocar el violín a los cuatro años de edad, recibió la primera formación musical de su padre, maestro rural. Desde muy corta edad manifestó extraordinarias dotes musicales.

La familia del futuro virtuoso del violín se mudó en 1815 a la cercana ciudad de Horovice. El mismo año se celebró en el palacio de Horovice una fiesta en la que actuó un cuarteto de músicos locales. El primer violín era Josef Slavík, de nueve años de edad. La actuación del muchacho deslumbró al conde Vrbna que prometió llevarlo a Praga y sufragarle los estudios en el Conservatorio.

Slavík llegó a Praga como un niño prodigio, siendo admitido en el Conservatorio a la edad de diez años.

Y cuando terminó sus estudios a los 17 años de edad, ya era un artista hecho, un genial violinista y buen compositor. Sin embargo, ya no podía contar con la ayuda financiera del conde Vrbna.

Slavík ingresó entonces como violinista en la orquesta del Teatro de los Estamentos en Praga, y al mismo tiempo empezó a dar conciertos. En enero de 1825 actuó de manera brillante en Praga, donde ejecutó con enorme éxito su Concierto en fa sostenido menor.

A finales de febrero de 1825 Josef Slavík se marchó a Viena. Poco después de llegar, se presentó como solista ante el público y los críticos vieneses. Tuvo éxito, lo cual le posibilitó incorporarse a la orquesta de la corte de Viena, al principio sin derecho a remuneración.

En el verano de 1825 Slavík daba conciertos en el balneario checo de Teplice, donde apreció su arte el monarca prusiano Federico Guillermo III.

En 1826, después de un concierto en Viena, algunos críticos compararon al joven virtuoso de 20 años con Paganini. Alentado por las críticas favorables, Slavík empezó a preparar una gira por Europa. Sin embargo, cuando se enteró de que en Viena iba actuar el mago del violín Niccolo Paganini, aplazó su gira.

Paganini a quien algunos atribuían la alianza con las fuerzas infernales por su prodigiosa habilidad de ejecución, inició en 1828 una gira que deslumbraría a Europa. Su primera escala fue Viena, donde ofreció su primer concierto el 29 de marzo, hechizando al público de la capital austríaca.

Josef Slavík asistió a este triunfal concierto. El joven músico no vaciló y visitó al virtuoso italiano en su hotel.Paganini lo recibió con afabilidad.

Slavík tocó para él sus propias obras, y también el célebre concierto de Paganini "La Campanella". Esta composición no estaba escrita. Slavík la había grabado en su memoria, nota tras nota, la noche anterior, en el concierto del virtuoso italiano. Según los testigos que presenciaron la escena, Paganini dijo admirado a Slavík:"Ud. es el mismo diablo. El mundo tiembla cuando Ud.toca".

Paganini, que permaneció en Viena cuatro meses, le tomó afecto a Slavík, haciendo ejercicios de violín en su presencia y revelándole muchos secretos de su ejecución.

Antes de partir de Viena, en una dedicatoria inscrita en el diario de Josef Slavík, Paganini llamaba al virtuoso checo "El Ruiseñor de los ruiseñores", haciendo alusión al arte musical de Slavík y a su apellido. Slavík significa "ruiseñor".

Durante su estancia en Viena, Josef Slavík entabló una estrecha amistad con el compositor austríaco Franz Schubert, maestro del lieder. Ambos músicos frecuentaban el café "La Perdiz", en la Calle de los Orfebres. Y cuando Schubert terminó en 1826 su Cuarteto de cuerdas en sol mayor, encargó su ejecución a un conjunto en el que Slavík era el primer violín.

Slavík conoció a Schubert a través del pianista Carl Maria von Bocklet, oriundo de Praga. La amistad de Bocklet, Slavík y Schubert, es decir, de un pianista, un violinista y un compositor, inspiró a Schubert la creación de dos composiciones para violín y piano: Fantasía en do mayor, terminada en 1827 y el Rondo brillante en si menor...

Los contactos entre Franz Schubert y Josef Slavík prosiguieron hasta noviembre de 1828 cuando el virtuoso checo viajó a París. Una semana después de su partida, el 19 de noviembre, Franz Schubert fallecía a la edad de 31 años. Su amigo checo no le sobreviviría por mucho tiempo.

El 28 de abril de 1833 Josef Slavík se despidió de sus admiradores vieneses en un concierto cuyo éxito fue espectacular. Los críticos fueron unánimes al destacar que Slavík igualó a Paganini en la maestría técnica de la ejecución y en la profundidad de la expresión. Nadie sospechó aquel día que sería el último concierto del virtuoso checo.

Slavík se sentía enfermo, pero a pesar de las disuasiones de sus amigos subió a la diligencia que debía trasladarlo a Budapest donde estaba programado un concierto suyo. El violinista llegó en muy mal estado a la metrópoli húngara donde el médico le diagnosticó el tifo.

Josef Slavík falleció tras cinco días de agotadoras fiebres. En vez de disfrutar de su concierto, los melómanos de Budapest tuvieron que asistir al funeral del virtuoso checo cuya triunfal carrera artística se vio truncada por la muerte a los 27 años de edad.

El violinista fue sepultado en Budapest lejos de su patria. Sus restos mortales fueron trasladados cien años después, en 1933, a Praga y sepultados en el panteón nacional de Slavín, en la colina de Vysehrad. Allí reposa Josef Slavík junto a los grandes virtuosos del violín checos Ferdinand Laub y Jan Kubelík.