‘El topo checo en la CIA’

‘El topo checo en la CIA’
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Amplias discusiones provocó entre la opinión pública checa el libro ‘El topo checo en la CIA’ de Vladimír Ševela, publicado hace poco, que narra la historia de Karel Köcher, espía checoslovaco que durante la era de la guerra fría logró infiltrarse en la CIA, e hizo fracasar muchas de sus operaciones. De este personaje, al que unos condenan, mientras que otros consideran su historia de sumamente interesantes, hablaremos en este capítulo de Legados del pasado-Testimonios del presente en Radio Praga.

‘El topo checo en la CIA’
Un hombre inteligente y muy ambicioso. Así se podría caracterizar a Karel Köcher en pocas palabras. Tenía título universitario de matemáticas y física y de filosofía y dominaba varios idiomas, entre ellos el inglés y el francés. Pero firmó un pacto con el diablo, la Policía Secreta comunista, y esa decisión cambió su vida.

De todo esto y mucho más es posible enterarse en el libro de Vladimír Ševela titulado ‘El topo checo en la CIA’. No obstante, como afirma Radek Schovánek, del Centro para la Documentación de los Regímenes Totalitarios, semejantes publicaciones podrían provocar simpatía en algunas personas con sus protagonistas, aunque éstos no se la merecen.

”Algunas personas ayudan a regímenes totalitarios repugnantes y Karel Köcher es una de esas personas”.

Lo cierto es que la historia sobre Köcher se asemeja a las novelas de espionaje y si uno no conociera la historia de Europa del siglo XX, su división en dos partes por la Cortina de Hierro, y los desastres a los que llevó el comunismo, podría sentir admiración por Köcher. Pero la verdad es que durante años ayudó al fortalecimiento del régimen comunista y a desenmascarar a los que luchaban contra ese sistema.

De profesor universitario a espía

Al finalizar en 1961 los estudios superiores, Köcher trabajó hasta 1965 como profesor universitario. En 1958 ingresó en el Partido Comunista y cuatro años más tarde comenzó a trabajar para el Servicio de Espionaje checoslovaco, bajo el nombre de Pedro. En vista de sus conocimientos en varios terrenos y el dominio de idiomas, le fue encargado en 1965 asentarse con su esposa en Estados Unidos, en calidad de asilados políticos y tratar de penetrar de alguna manera en la CIA, como recordara Karel Köcher hace unos años en un programa de la Televisión Checa.

Karel Köcher en Radio Praga, 2008, foto: archivo de Radio Praga
”Yo tenía a un amigo en el Servicio de Espionaje, con el que elaboramos un plan de cómo infiltrarse en la CIA. Era un plan bastante exigente, pero justamente eso era lo que me atraía, esa ‘misión imposible’. Sabía que en Estados Unidos el éxito dependía de la capacidad y conocimientos de cada individuo, así que decidí estudiar en alguna de las universidades de mayor prestigio en ese país. Y luego ya todo avanzaría según mi plan”.

Köcher realmente tuvo muy buenos resultados en los estudios y mucha suerte en cuanto a las personas que conoció. Al cabo de algún tiempo logró su objetivo y en 1972 comenzó a trabajar para la CIA. En 1975 pasó incluso a su central en Nueva York y le fue encargado traducir documentos de máximo secreto enviados por agentes de la CIA en la Unión Soviética y Checoslovaquia.

Köcher hizo fracasar más de 300 operaciones de la CIA

En realidad era espía de los servicios secretos comunistas checoslovacos y la KGB soviética y su esposa, que primero trabajaba en un laboratorio químico y más tarde se dedicó al negocio de los diamantes, le ayudaba como mensajera, según sostiene Radek Schovánek, del Centro para la Documentación de los Regímenes Totalitarios.

“Se calcula que durante los años en la CIA, Köcher logró hacer fracasar más de 300 operaciones de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense, informando a Praga y Moscú de esos planes. También reveló muchos nombres de personas, que fueron de gran importancia para la KGB soviética”.

Karel Köcher en Radio Praga, 2008, foto: archivo de Radio Praga
Köcher recordaría más tarde en la Televisión Checa que aunque el peligro de ser descubierto es siempre grande, uno no piensa en esa eventualidad.

”Nunca he tomado en serio esa posibilidad ni he planificado cómo reaccionaría en tal circunstancias. Ese, al parecer, fue mi mayor error. Uno puede ser traicionado por los suyos incluso y así fue mi caso. En este negocio el peligro realmente es muy grande”.

En 1982 el FBI se enteró para quien Köcher trabajaba en realidad, gracias a informaciones esta vez de un espía checoslovaco que pasó al lado opuesto. En 1984 fue detenido junto a su esposa y condenado a cadena perpetua.

A pesar de la condena, el espía checoslovaco logra regresar a su país

La suerte acompañó al espía checoslovaco y, en vez de pasar el resto de su vida tras las rejas, Estados Unidos lo cambió por el disidente y defensor de los Derechos Humanos soviético, Natán Sharanski, quien había sido condenado en 1978 a 13 años de trabajos forzados por traición a la Patria y espionaje a favor de Estados Unidos.

El intercambio se produjo en febrero de 1986 en Berlín, en el conocido puente Glienicker Brücke. Junto a los esposos Köcher, fueron liberados otros tres agentes comunistas, y del lado opuesto, junto a Natán Sharanski atravesaron el puente berlinés en dirección a Occidente otras seis personas, entre ellas Jaroslav Javorský, hijo del tenista checoslovaco Jiří Javorský quien emigró en 1976 a Alemania. Los esposos Köcher fueron privados de la ciudadanía estadounidense y les fue prohibida para siempre la entrada a Norteamérica.

A su regreso a Checoslovaquia, Köcher trabajó en el Ministerio Federal del Interior y, después de los cambios políticos en el país y hasta su jubilación, en el Instituto de Prognosis de la Academia de Ciencias.

El autor del libro ‘El topo checo en la CIA’, Vladimír Ševela, quien se reunió varias veces con Köcher y a quien éste contó las peripecias de su vida, sostiene que el ex espía lamenta algunas cosas de su vida.

”Hasta hoy le pesa el haber mentido a sus amigos en Estados Unidos. Köcher ha sido siempre una persona alegre, que se rodeaba de muchos amigos. Quizás los tenía también un poco gracias a su esposa, Hana, que era bella y sociable. Y a mucha gente la atraía como un imán”.

Actualmente el antiguo espía checoslovaco de los tiempos de la Guerra Fría vive en una casa familiar en las afueras de Praga y goza de su jubilación.