El Nuevo Mundo está en el corazón de Praga

Iglesia de Nuestra Señora del Loreto

Al continente americano, se le solía llamar el Nuevo Mundo. Sin embargo, quien quiera visitar en la actualidad Nuevo Mundo no tiene que viajar a América. También lo puede encontrar en el corazón de Europa, en Praga.

En las cercanías de la catedral de San Vito, que domina el panorama del centro histórico de Praga, se sitúa un barrio modesto, silencioso y poco frecuentado por los turistas. Lleva un nombre imponente, Nuevo Mundo, como a veces se le llama a América, pero según desvela el historiador Jan Jungmann, del Museo de Praga, la razón para nombrar así este barrio fue más prosaica.

“El nombre Nuevo Mundo denominaba al nuevo poblamiento o nuevo barrio. Originalmente se trataba de un barrio pobre ubicado detrás de las murallas del Castillo de Praga. Hasta el año 1890 había allí una puerta por la que se pasaba al castillo y que marcaba el fin de la ciudad de Praga”, explica Jan Jungmann.

La mayoría de los edificios que se conservan en la zona, fueron construidos en la época del emperador romano-germánico y rey checo Rodolfo II, a finales del siglo XVI. Son casas simples de estilo barroco, que tienen una planta baja y un primer piso, como máximo.

El barrio es pequeño, en un lado estaba limitado por las murallas, que ya no existen, y en el opuesto por un foso que, además de ser parte del sistema de defensa de la ciudad, servía como coto de caza, según comenta Jan Jungmann.

“En principio se trata de una zona alrededor de una calle larga que de un lado está limitada por el Foso de los Ciervos. Este foso es interesante porque allí el emperador Rodolfo II criaba animales salvajes para la caza, incluyendo animales exóticos, como por ejemplo, leones”, dice el historiador.

Historiador Jan Jungmann (Foto: Martina Schneibergová)
En realidad en el sitio casi no hay edificios importantes. Sin embargo, se suele incluir en Nuevo Mundo otras cuatro calles laterales, así que a la zona pertenecen monumentos cercanos como el Convento de los Capuchinos, la Iglesia de San Juan Nepomuceno y, sobre todo, la Iglesia de Nuestra Señora del Loreto, centro de peregrinación conocido por su espectacular juego de campanas.

Hoy en día en esta Iglesia hay 30 campanas que cada hora tocan la canción mariana “Mil veces te saludamos”. Jan Jungmann conoce una leyenda que narra el origen de esta melodía.

“En Nuevo Mundo vivía una viuda que tenía tantos hijos como campanillas había en el juego del campanario de la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto. Una vez, Praga fue afectada por una epidemia de peste y los hijos de la viuda empezaron a morir uno a uno. La única riqueza que la madre tenía era un collar hecho de monedillas de oro. Por cada hijo que fallecía la mujer pagaba una monedilla para que por lo menos una campana de la Iglesia tocara por él. Pero perdió a todos sus hijos y gastó todas las monedas. Cuando ella estaba a punto de morir, lloró preguntando quién pagaría el toque de campana por ella. En aquel momento, todo el juego de campanas, por sí solo, empezó a emitir la hermosa melodía, que se puede escuchar hasta hoy. Se dice que eran las almas de los hijos ya fallecidos que hicieron tocar las campanas por la muerte de su madre”, cuenta el historiador.

Otra leyenda dice que en las postrimerías del siglo XVI algún tiempo vivió en la zona el famoso astrónomo danés Tycho de Brahe, quien fue invitado por el emperador Rodolfo II, cuya corte estaba siempre llena de astrónomos, astrólogos, alquimistas y diferentes científicos ocultistas.

A Tycho de Brahe le molestaba el ruido de las campanas en el cercano Convento de los Capuchinos, así que se quejó al emperador de que no podía dedicarse bien a sus investigaciones. Se dice que finalmente el científico renacentista consiguió que los monjes fueran expulsados.

Los nombres de los edificios en la zona suenan demasiado nobles para ser un barrio que nació entorno a la pobreza. Se podría pensar que se trata de palacios aristocráticos. Sin embargo, la mayoría se construía de madera y materiales baratos y, según indica Jan Jungmann, sus nombres expresaban más bien los deseos de sus habitantes que las condiciones de sus vidas.

“Es interesante que aunque se trataba de casas de gente muy pobre, tenían nombres muy ostentosos, como, por ejemplo, La Casa de la Pera de Oro, La Casa del Arado de Oro o La Casa de la Cigüeña de Oro. Se cuenta que la gente quería compensar su pobreza poniendo el oro en los nombres de sus casas. Hay que recordar también que en Nuevo Mundo se ubica probablemente la más antigua vivienda de madera que se ha conservado en Praga. Esta es la Casa del Cangrejo”, revela el historiador.

Quien pasea por el lugar oye solo el resonar de sus propios pasos. Sorprende que el rumor del turismo no haya afectado a este rincón de la ciudad, aunque está a una distancia muy corta del Castillo de Praga. La atmósfera allí parece esconder algún secreto.

Tal vez porque durante siglos sus habitantes sufrían diversas contrariedades del destino. Jan Jungmann opina que la mala suerte del barrio se debía, sobre todo, a su ubicación en la periferia de la ciudad.

“Debido a su localización detrás de las murallas, el barrio siempre tuvo mala suerte durante los conflictos militares. Por ejemplo, en la época de la Guerra de los Treinta Años, el barrio fue completamente destruido y reconstruirlo demoró decenas de años. Luego, durante la Guerra de Sucesión Austriaca, en el siglo XVIII, Praga fue cercada por los ejércitos de Prusia y Francia que disparaban al Castillo de Praga, pero Nuevo Mundo quedaba al alcance de los tiros y hubo muchas perdidas y daños, lo que testimonian también los proyectiles de cañón que están incrustados en algunas de las casas e, incluso, en las paredes del Convento de los Capuchinos”, cuenta Jan Jungmann.

Aunque la localización, en las cercanías del Castillo de Praga, podría atraer el interés turístico, se trata de una parte poco frecuentada de la ciudad. Casi todos los habitantes abandonaron las viviendas en las antiguas casas pobres. La vida cotidiana había desaparecido también debido a una cárcel para presos políticos, porque la Policía Política vigilaba la zona día y noche, explica Jan Jungmann.

„Desgraciadamente en la época del estalinismo el barrio entró en la historia también. Esta vez no fue positivo, porque cerca de la Iglesia de Nuestra Señora del Loreto hay una cárcel, construida en la época del Imperio Austro-Húngaro, es decir en el siglo XIX, pero que en los años 50 del siglo pasado fue utilizada contra los adversarios del régimen comunista. Una placa en la pared de la antigua cárcel recuerda los horrores del totalitarismo”, comenta el histórico.

Las calles de Nuevo Mundo de Praga esconden muchos secretos y casi constantemente llegan al lugar a realizar investigaciones arqueólogos e historiadores. Quizás algún día llegue también el turismo, porque quien visita el barrio puede descubrir allí una nueva cara de la ciudad, en fin, un nuevo mundo.

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