El guitarrista Víctor Luque, un bohemio en Bohemia

r_2100x1400_radio_praha.png

El cantante y guitarrista español Víctor Luque se ha mudado a Praga, donde quiere escribir sus memorias. Virtuoso investigador de las músicas latinoamericanas y el jazz, viajero incansable por todo el mundo y por la noche de las decenas de ciudades en las que ha vivido, a sus 73 años, quiere hacer inventario de un sinfín de experiencias vividas a su manera.

Víctor Luque
Acaba de desembarcar en Praga y ya está tocando de forma más o menos regular en varios restaurantes, bares y clubes de la capital. Víctor Luque, nacido en Oviedo en plena Guerra Civil Española, tiene currículum, vivencias y aplomo suficientes como para convencer rápidamente acerca de su virtuosismo a la guitarra.

Se ha pasado toda la vida tocando y viviendo de la guitarra, de viaje y rodeado de los mejores. El propio Paco de Lucía auspicia varios de sus trabajos, escribiendo una especie de prólogo para quien se dispone a escuchar discos como el que grabó junto a Los Virtuosos de Moscú.

Con la sencillez de quien explica donde ha pasado el fin de semana o las vacaciones, Víctor Luque cuenta lo que le ha llevado a mudarse a la República Checa.

“Vine a Praga porque me gusta mucho la ciudad y porque soy muy amante del estilo este de edificios al estilo del Imperio Austrohúngaro, del cual Praga formaba parte como Budapest y Viena, y hay un estilo marcadamente del Imperio, jugendstil, art decó... e incluso la influencia en la música, tanto Dvořák, Smetana como Janáček. Porque como me decía un violinista judío gran amigo mío, Itzhak Perlman, todo el siglo XIX es música alemana, incluyendo lógicamente también la austriaca”.

Además, la República Checa es el primer país eslavo en el que reside, dice Luque entusiasmado. Pero Centroeuropa no es nueva para él, cuenta, mientras repasa rápidamente la infinidad de sitios en los que ha vivido.

“Hay una cuestión que siempre me ha tirado mucho que es el norte de Europa. O sea que no soy mediterráneo. Aparte de haber nacido en Asturias, y haber tenido que tragar alguna vez Mallorca, yo siempre he tirado para el norte. He vivido en Noruega cuando era joven, estuve un año y medio o dos, en Inglaterra cinco años, en Francia siete (Francia del norte porque era entre París y Normandía), en Bélgica, en Alemania (en Berlín y Francfort), y en América en varios países: en Estados Unidos, en Uruguay, Venezuela y México. Muchos viajes”.

Víctor Luque
Víctor Luque cuenta que aprendió a tocar la guitarra viajando y escuchando música básicamente, poniendo una y otra vez los discos que le dejaban amigos, en la época en la que había pocos, de vinilo. Había que escucharlos hasta poder recordarlos, para luego ser devueltos, sin la posibilidad de grabarlos.

Estudió la música latinoamericana a fondo, trabajando incluso para la televisión en programas en los que se desmenuzaban todos los estilos regionales de países como Venezuela y Uruguay.

Por curiosidad y por aventurero quiso trabajar incluso de doble agente para Estados Unidos y la URSS en Sudamérica, dice, en plena Guerra Fría. Aunque después decidió no hacerlo a pesar de tener la oportunidad. También estudió periodismo en Francia, y durante algún tiempo lo ejerció, pero sobre todo ha vivido a su aire en todo momento.

La que ahora recoge en sus memorias es una vida cargada de vivencias, y siempre haciendo las cosas a su manera, cuenta.

“Pues una vida aventurera y sobre todo bohemia y nocturna de ciudades como París o Londres. Claro, un artista vive de noche. Siempre he sido un freelance. Rara vez he tenido representante, no me gusta, voy a mi aire. Si no me gusta un sitio me voy.

Pero igual no puedo pretender ser informal y que la gente conmigo sea formal, pero es más interesante así. Además ya tengo 73 años, no voy a cambiar ya. Todavía tengo ganas de viajar y la salud me acompaña. Mientras pueda viajo. Luego están los altibajos de la vida bohemia, y es muy bonito hablar de la vida bohemia aquí en Bohemia. Yo creo que gran parte de los artistas somos individualistas. Después también nos gusta vivir el momento. Me importa bastante el pasado, mucho el presente y nada el futuro”.

Un apartamento silencioso en el distrito praguense de Vinohrady es el lugar elegido por Luque para escribir sus memorias. Ese proceso de reflexión y de búsqueda entre sus recuerdos empezó antes de venir a Praga, en una de sus residencias recientes, en Berlín. La capital checa está llena de reminiscencias para Luque del Imperio Austrohúngaro, en un ambiente en el que dice sentirse muy a gusto.

“Del poco tiempo que llevo aquí, la gente checa que conozco cultivada, como profesores, profesoras, pues sí reconocen que el Imperio Austrohúngaro fue bueno para ellos. Es más, me ha llamado la atención en la Estación Central, porque a mí me gustan mucho los trenes, que en la parte antigua, que parece una iglesia, hay una foto casi de tamaño natural del emperador Francisco José. Yo creo que desde el punto de vista cultural les vino bien”.

Mientras Luque se quede en Praga, no será raro verlo en locales de la capital. Y si se lo encuentran por casualidad tocando en algún otro lugar donde no se le esperara, pues mejor que mejor, ya que como buen bohemio, asegura que toca mejor cuando no le pagan.