“El Convenio de Estambul no amenaza la familia tradicional, si no consideramos tradición la violencia doméstica”

El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, conocido como el Convenio de Estambul, es un documento que polariza la sociedad. La República Checa fue uno de los últimos países en firmarlo y, después de casi seis años, sigue sin ratificarlo.

En Chequia, las reacciones han oscilado entre el apoyo absoluto y el rechazo categórico, pasando por la vacilación confusa de los representantes del Estado.

Pocos documentos legales concebidos a nivel europeo han dividido tanto la sociedad como el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, conocido más comúnmente como el Convenio de Estambul. El documento busca prevenir la violencia, proteger a las víctimas y enjuiciar a los perpetradores.

En Chequia, las reacciones han oscilado entre el apoyo absoluto y el rechazo categórico, pasando por la vacilación confusa de los representantes del Estado.

La República Checa firmó el documento en mayo de 2016 como uno de los últimos estados miembros del Consejo de Europa. Cinco años y medio después aún no ha ratificado el Convenio. Y eso a pesar de que la violencia doméstica y de género es un problema serio en la sociedad checa y europea, según explica Kristina Koldinská, experta de la Facultad de Derecho de la Universidad Carolina de Praga en temas de derecho social, discriminación e igualdad de género, entre otros.

Kristina Koldinská | Foto: Universidad Carolina de Praga

“Las estadísticas disponibles en la República Checa indican que, de media, una de cada tres mujeres ha experimentado alguna forma de violencia doméstica. Y en más de la mitad de los casos la violencia sucedió ante los ojos de los niños. Y podríamos mencionar más datos, pero lo claro es que son alarmantes. Es un fenómeno muy común y hay que darle un nombre y trabajar en resolverlo de manera conjunta e intensiva. Y el Consejo de Europa simplemente ha dicho, introduzcamos un estándar internacional que fomente la protección de los derechos humanos, una tradición que la organización lleva promoviendo desde hace setenta años”.

En los ojos de Koldinská, el Convenio de Estambul no es una “herramienta del diablo”, sino el resultado del desarrollo legal logrado en el marco del Consejo de Europa que, de esta manera, busca contribuir a la solución de un problema supranacional apoyando a los países miembros en sus esfuerzos individuales.

Bartoň: “En mi opinión, el Convenio no supone una amenaza para la familia tradicional si no consideramos parte de la familia tradicional la violencia de una persona hacia otra. Pero la postura de las iglesias no me sorprende."

En pocos ámbitos el Convenio ha encontrado más adversarios que en el religioso. Con la excepción de la Iglesia Evangélica de los Hermanos Checos, los representantes de todas las iglesias importantes del país se han pronunciado en contra del documento, citando que amenaza los valores tradicionales que prevalecen en Chequia desde hace miles de años.
De acuerdo con el abogado, pedagogo y experto en la relación entre la religión y el derecho, Daniel Bartoň, la postura de las organizaciones religiosas refleja las convicciones de la sociedad.

“En mi opinión, el Convenio no supone una amenaza para la familia tradicional si no consideramos parte de la familia tradicional la violencia de una persona hacia otra. Pero la postura de las iglesias no me sorprende. Las iglesias forman parte de nuestra sociedad y en ella, la conciencia sobre la violencia suele ser bastante limitada. Tenemos la tendencia de omitirla o de disculparla de alguna manera. Y creo que las iglesias solo representan lo que se acepta de manera general entre la población”.

Daniel Bartoň | Foto: Dominik Čejka,  Český rozhlas

Al mismo tiempo, Bartoň afirma que la situación ha mejorado en los últimos años, sobre todo en el ámbito de la violencia sexual y gracias a la mediatización de algunas causas que ayudan a las víctimas a dar un paso al frente y, del otro lado, a la sociedad a entender mejor el problema y ofrecer a los afectados el apoyo necesario.

Bartoň afirma observar un cambio también entre los representantes de las iglesias que, tras encontrarse con personas que han atravesado experiencias terribles, han cambiado de opinión y se muestran mucho más sensibles a la gravedad del tema.

La ignorancia y las desinformaciones

Uno de los grandes obstáculos en el camino a la ratificación del Convenio de Estambul en Chequia es el desconocimiento general de su contenido. De acuerdo con Bartoň, más del 70% de la población no sabe qué trata el documento. Koldinská afirma que es el caso de muchos de sus colegas. El resultado es que el tema es trivializado y categorizado como algo que la sociedad checa no necesita.

Como muchos temas complejos, el Convenio también ha sido objeto de desinformaciones. Algunas de las que más se han propagado es que el documento busca eliminar las diferencias biológicas entre los sexos, que contribuirá a un mayor número de niños removidos de sus hogares o que el documento quiere prohibir algunas de las tradiciones checas como las de Pascua.

Al mismo tiempo, por encima del amplio desconocimiento, se alzan las voces de los más feroces detractores del documento, que logran llenar el espacio público con su intensidad. La fuerza de las voces en contra ha sido una de las razones por la que el Gobierno ha vacilado tanto en la ratificación del Convenio.

El antiguo Gobierno de Andrej Babiš incluyó el debate en el programa de una de sus sesiones, pero la cantidad de correos que recibieron los mandatarios fue tal, que prefirieron eliminar el punto del orden del día, según recuenta Bartoň.
También Koldisnká afirma que se trata de un tema políticamente sensible, sobre todo para algunos movimientos.

“La delicadez se desprende de lo que ya hemos hablado. Las grandes iglesias de han opuesto al Convenio y algunos partidos que, sobre todo anteriormente, tenían influencia en el Parlamento, que es quien ratifica el documento, han contribuido a que no hubiera un acuerdo".

El impacto práctico de la ratificación

En la práctica, la ratificación del Convenio significaría que la República Checa tendría la obligación de cumplir con las disposiciones que el documento establece. Koldinská afirma, no obstante, que ya en este momento, la mayoría de los requerimientos viene incluida en el derecho checo. Al mismo tiempo, recuerda el carácter internacional del documento.

Foto ilustrativa: Karolina Grabowska,  Pexels,  CC0

“Es un documento de derecho internacional. Esto significa que es bastante general. Es un documento para los 47 estados miembros del Consejo de Europa. Es decir que no se trata de órdenes de que ahora Chequia debe cambiar esto y aquello en el párrafo X de cierta ley. Nuestra tarea será reportar como cumplimos con el Convenio”.

No obstante, Koldinská no descarta que el documento debería tener cierto efecto, sobre todo en cuanto a la actitud de la fiscalía y las autoridades policiales y judiciales hacia las víctimas de la violencia de género, sobre todo en cuanto al respeto de sus derechos, que debería ser mayor.

Muchos de los aspectos ya vienen recogidos en la Ley sobre las víctimas de delitos. No obstante, su aplicación en la práctica es otra historia, según coinciden Koldinská y Bartoň, un ámbito en el que el Convenio de Estambul podría ofrecer cierto apoyo.

La ratificación del documento también ayudaría a esclarecer la magnitud de la violencia doméstica y de género en Chequia y Europa. De acuerdo con Bartoň, esta es una tarea en la que el Estado checo podría ser más activo.

“El Convenio de Estambul supone una recaudación de datos comparables a nivel de toda Europa. Esto nos informa sobre el estado de la violencia en cada sociedad y las medidas que funcionan o no. Esta comparación internacional podría ayudar a Chequia, en mi opinión. Las autoridades checas están fallando más bien en este ámbito. Al no ser obligadas, no participan en la colecta de datos. Por ejemplo hemos decidido no continuar en un estudio europeo sobre la violencia sexual en el que participamos en el pasado”.

Bartoň destaca que, al no sabe lo grave que es el problema en el país, es más fácil ignorarlo.

La ratificación brindaría asimismo una mayor estabilidad para algunos servicios sociales, de acuerdo con el experto, sobre todo en torno a su financiación. Explica que, en la actualidad, depende en gran parte de la representación política si diferentes líneas de emergencia u organizaciones de apoyo a víctimas de violencia doméstica o de género reciben fondos para su funcionamiento. El Convenio exigiría más transparencia y visibilidad.

Autores: Naděžda Hávová , Eva Hůlková , Romana Marksová
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